Étiquette : Acuerdo de Madrid

  • Crónica de una traición

    Por Bachir Ahmed*

    Nos hemos acostumbrado a decir que en los momentos difíciles de los años setenta del pasado siglo, España se vio abocada a abandonar su “provincia” del Sahara Español debido a la presión que ejerció Marruecos con la “Marcha Verde”.

    Si miramos la historia y analizamos algunos hechos, se puede llegar a la conclusión de que no fue así. España dejó el Sahara, después de llegar a un acuerdo con Marruecos.

    Ya en 1974, España comenzaba a ponerse nerviosa. Los encuentros armados con el Frente POLISARIO se recrudecían y la presión de los ciudadanos en la calle contra la política colonialista, más la represión por parte de los cuerpos de seguridad, daban a entender que la posición española se debilitaba. Ya casi era una realidad que España se marcharía del Sahara. Es más, sus movimientos parecían que iban en esa dirección. Anunciaron que se llevaría a cabo un referéndum donde el pueblo saharaui tendría la oportunidad de elegir su futuro y que España se encargaría de tutelar el proceso.

    El cambio de España se produce durante el año 1975. Los acontecimientos se aceleran. La potencia colonizadora intenta por todos los medios dirigir los destinos del futuro saharaui. Crea el Partido de Unión Saharaui (PUNS), cuando en la metrópoli estaban prohibidos los partidos. Intenta formar una especie de gobierno interino con miembros del PUNS. Comienza a construir viviendas, carreteras y a dar trabajo a los saharauis. Todo ellos acompañado de una represión brutal contra los ciudadanos saharauis que denuncian estas maniobras.

    La llegada de la Misión Visitadora de la ONU en mayo de 1975 pone nervioso al gobierno español. La población saharaui sale en masa a las calles y deja patente, que solo quieren la independencia y que su único y legítimo representante es el Frente POLISARIO. Además, el informe de la Misión es contundente:” La mayoría del pueblo saharaui quiere la independencia y el único representante es el Frente POLISARIO”. Marta Jiménez, representante de Cuba y miembro de la Misión añade, que la ONU debe utilizar todos los medios para que el pueblo saharaui pueda ejercer su derecho a la autodeterminación.

    Ante esta derrota diplomática del gobierno español por una parte y el reino de Marruecos y Mauritania por otra, comienza a tejerse una nueva estrategia. Aumentan los contactos entre estos tres países. Las visitas se hacen cotidianas e intentan buscar una solución a espaldas del pueblo saharaui y sin contar con la ONU.

    Hassan II y sus medios de información, ponen en marcha lo que teóricamente debe ser la excusa para que España olvide sus promesas, la Marcha Verde. Hacen público que 350.000 marroquíes entrarán de forma pacífica en el Sahara Español. Los medios de todo el mundo ponen su atención en la zona de Tarfaya, por donde entrará la avalancha en territorio saharaui.

    Lo que no supieron o no quisieron saber es que el 27 de octubre, el Alto Estado Mayor del ejército español, estudia un posible acuerdo militar con Marruecos y Mauritania en el que se fijan los plazos de retirada y entrega de los puestos y guarniciones. Por eso, al este de donde se desarrollaba la Marcha Verde, sin cámaras ni periodistas, se estaba llevando a cabo la verdadera invasión. Unidades de élite marroquíes con la connivencia del gobierno español ocupaban las bases que el ejército español les entregaba. Esto ocurría una semana antes de la Marcha Verde.

    También la tarde del 28 de octubre de 1975 en la ciudad de el Aaiun, camiones cargados de soldados, principalmente de la legión, se dirigen a los barrios de mayoría saharaui y después de tomarlos militarmente, comienzan a sembrar alambradas de espino a su alrededor. Los barrios saharauis quedan totalmente aislados de los españoles. Se hace oficial un toque de queda, para la población saharaui, que rige desde las seis y media de la tarde hasta las siete de la mañana. Todos los saharauis se convierten en sospechosos de no se sabe qué. Los soldados se mofan de los saharauis, les piden la documentación, los cachean, los ponen de cara a la pared, les prohíben que salgan de la ciudad, se les corta el suministro de combustible; los convierten en un peligro imaginario. Los saharauis, por supuesto, desean entender lo que está pasando.

    Aunque en las Naciones Unidas el embajador Jaime de Pinies defiende la postura española de llevar el proceso de descolonización hasta el final, sobre el terreno, las cosas se muestran de otra manera. Los ministros del gobierno de Arias Navarro, Carro Martínez y Solís Ruiz visitan en varias ocasiones al rey Hassan II. Negocian con el rey marroquí la forma de entregar el Sahara sin que quede malparada la imagen de España.

    El 29 de octubre, comienza oficialmente la evacuación de la población civil española. En un plazo corto de tiempo, la mayoría de los civiles abandonan el territorio. Hasta los muertos son exhumados y enviados a Canarias. Por supuesto, entre estos españoles no encontraremos saharauis. Los militares del territorio se sienten indignados. Temen que las órdenes que llegan de Madrid, se convierta en una simple entrega del territorio a Marruecos. El descontento se generaliza entre la oficialidad. Para calmar los ánimos, el día 2 de noviembre se presenta, por sorpresa, en el Aaiun el príncipe Juan Carlos de Borbón, nombrado dos días antes jefe de Estado en funciones. Las palabras del príncipe, dejan mucho que desear.” Se hará todo lo posible por mantener intacto el prestigio y el honor del ejercito español”, “España cumplirá sus compromisos”, “Deseamos proteger también los legítimos derechos de la población civil saharaui, ya que nuestra misión en el mundo y nuestra historia nos lo exigen”. Años después en una entrevista, Hassan II confiesa que la visita de Juan Carlos tenía otra función: “Le enviaron para calmar a los oficiales y convencerlos que el problema había adquirido un matiz más político que militar”. “Además, él siempre ha considerado que el Sahara era marroquí y que, si debía entregarlo a algún país, éste era Marruecos y ningún otro”.

    La mascarada para la opinión pública internacional comienza el día 6 de noviembre. Todas las televisiones del mundo muestran imágenes de la “Marcha Verde” sobre el Sahara Español. El mensaje que pretendían, se ha logrado; existe peligro de conflicto, hay que evitar por todos los medios una guerra entre Marruecos y España.

    El día 9 de noviembre, con los objetivos que pretendía logrados, Hassan II ordena frenar la Marcha Verde y el regreso de los 350.000 marroquíes participantes en ella, incluyendo a los 35.000 miembros de las Fuerzas Armadas Reales, que iban camuflados entre los civiles.

    Con todo bien atado, el 14 de noviembre de 1975 se reúnen en Madrid los jefes de gobierno de Marruecos, Mauritania y España y firman el ignominioso Acuerdo Tripartito de Madrid por el que se reparten el territorio. En ningún momento se ha tenido en cuenta la opinión de los más interesados, el pueblo saharaui.

    Con la firma del acuerdo se llega al último capitulo de la crónica que anunciaba la histórica traición del gobierno español al pueblo saharaui. Aun habiendo firmado el Acuerdo, España se atreve a enviar un comunicado a la ONU advirtiendo que “la descolonización del Sahara Occidental culminará cuando la opinión de la población se haya expresado válidamente”.

    *Barchir Ahmed es periodista saharaui, vive en Canarias. Cada viernes de 18 a 19 horas realiza el programa “Sáhara desde Canarias” en Radio Guiniguada. Pasado mañana se cumplen 37 años del Acuedo Tripartito. El artículo fue emitido a nuestro blog para su publicación. Lo publicamos hoy porque el 14 de Noviembre este blog estará en huelga.

    Fuente : somosnadie.com

    Tags : Sahara Occidental, Frente Polisario, Marruecos, España, traición, Marcha Verde, acuerdo de Madrid,

  • La cuestión del Sáhara casi 45 años después

    Fuente : Diario La Realidad Saharaui

    ARTICULO DE OPINON: La cuestión del Sáhara Occidental casi 45 años después.

    Ricardo Ruiz de la Serna, es profesor en la Universidad CEU San Pablo e investigador asociado del Instituto CEU de Estudios Históricos.

    La Gaceta, periódico de información alternativa. En su edición del jueves 27 de diciembre publica en su tribuna un artículo de opinión de Ricardo de la Serna sobre el conflicto del Sahara Occidental que cumple sus 45 años. De la Serna explica que la cuestión del Sáhara sigue gravitando sobre la vida política española como un invitado incómodo en una fiesta. Los 43 años transcurridos desde la Marcha Verde y el Acuerdo Tripartito de Madrid sólo han agravado un contencioso que sigue enquistado en el norte de África y condiciona no sólo las relaciones entre España y los saharauis, sino la vecindad entre Argelia y Marruecos. Para colmo de males, sobre todo este asunto se ha alzado un muro de silencio que sólo se rompe de vez en cuando. Apenas se oye hablar del Sáhara en los medios de comunicación españoles. El debate público suele soslayar el problema. Los políticos españoles, en general, lo evitan. Desde una perspectiva más amplia, la presencia española en África sigue siendo un tema que muchos prefieren olvidar.

    Sólo el ámbito académico resiste. La producción científica sigue dando obras interesantes en distintos campos desde la Historia Contemporánea al Derecho Constitucional. Ahí está, por ejemplo, el profesor Carlos Ruiz-Miguel, director del Centro de Estudios del Sáhara Occidental de la Universidad de Santiago de Compostela (USC). De entre las filas de los historiadores, ha salido Alberto Maestre Fuentes con “Un pueblo abandonado. Los engaños en la descolonización del Sáhara Occidental” (Chiado Editorial, 2018) un libro basado en tu tesis doctoral y que se ha publicado este año. Por cierto, Ruiz Miguel lo presentó el pasado 12 de diciembre en la Facultad de Derecho de la USC.

    El breve espacio de una columna no alcanza para resumir las casi 400 páginas de una investigación extensa y prolija. Baste señalar, sin embargo, que no decepcionará ni satisfará a ninguna de las partes en conflicto en torno al Sáhara. Ni siquiera el Frente Polisario -que a la vista del título podía jactarse de una obra que salvaba su posición- ha podido evitar quejarse de las conclusiones de Maestre Fuentes respecto a los motivos del apoyo argelino “a la lucha del pueblo saharaui” y de la consideración que el autor hace de Polisario como “movimiento de tendencia socialista”. Sin embargo, ninguno de los dos puntos de discrepancia -hay algún otro- queda sin fundamento ni prueba admitida en el campo de las ciencias históricas. De ahí que su secretario general, el Sr. Brahim Ghali, afirme, en la presentación del libro, que “el hecho de no compartir algunos datos o ideas del libro no impide, de ninguna manera, que con orgullo firmemos la presentación de este trabajo, cuyo autor ha realizado un excepcional esfuerzo acudiendo a un elevado número de fuentes, siguiendo rigurosamente los métodos más científicos”.

    El libro tiene datos jugosísimos, por ejemplo, sobre el apoyo libio al Frente Polisario, que fue incluso anterior al argelino. Descarta, por no probada, la tesis de que Argelia y España se pusieron de acuerdo potenciar la creación de un «“Estado fantoche” controlado por ambos países en detrimento de Marruecos”». Es muy interesante, no obstante, recordar lo mucho que la inteligencia militar española sabía sobre lo que estaba sucediendo entre los saharauis y del apoyo popular que tenía el Polisario, así como de su proyecto político más allá de la distribución de “las riquezas del territorio entre sus habitantes de forma justa”.

    La mirada más crítica se la reserva el autor, sin embargo, a las autoridades españolas que a lo largo de más de cuarenta años han eludido, traicionado y utilizado la causa de los saharauis: “España, finalmente, sólo consideró primordial que sus relaciones con el Reino de Marruecos no se vieran afectadas, bajo ningún concepto, a causa del Sáhara Occidental”. A este interés se sumó a una desestabilización del reino alauita y la implantación en Marruecos “de un régimen revolucionario”. El autor considera que España jugó la baza del engaño no sólo a los saharauis sino a toda la comunidad internacional “ya que se había comprometido con la autodeterminación del territorio y no lo iba a cumplir puesto que se lo cedería a Marruecos y a Mauritania y no en base siquiera a un tratado, sino a una mera declaración de principios entre los tres países”.

    Así, en el fondo de esta investigación histórica, palpita un asunto de la máxima importancia para España: cuál ha de ser la relación con Marruecos y cuáles han de ser sus fundamentos. En efecto, junto a la monarquía y el islam, la reivindicación de las Provincias del Sur es el tercer eje de construcción nacional del Marruecos posterior a 1956. Ignace Dalle recordaba en “Los tres reyes” (Galaxia Gutenberg, 2006), que “fiel a otra enseñanza de De Gaulle según la cual «sólo las grandes causas pueden unir a los pueblos», Hassan II […] lanzó durante el verano de 1974 una vasta campaña en favor del «retorno a la madre patria» del Sáhara”. Ante esta acción y las que siguieron, España dio siempre prioridad al compromiso y el mantenimiento de una buena relación con Marruecos.

    Concluye el profesor e investigador « Pues bien, Alberto Maestre Fuentes se atreve a proponer otro camino: “denunciar los llamados «Acuerdos de Madrid», reconocer diplomáticamente a la República árabe Saharaui Democrática, establecer con ella relaciones al máximo nivel, que incluyan acuerdos de cooperación militar. […] Sería un acto de justicia con el cual España podría enmendar sus errores del pasado y asumir sus compromisos con una población que ha sufrido, y sigue sufriendo, debido a una mala política descolonizadora y a la cual se consideró española hasta 1975”.

    Tags : Sahara Occidental, Frente Polisario, Marruecos, España, ONU, Acuerdo de Madrid, Marcha Verde,

  • Sahara Occidental : Los acuerdos nulos de Madrid

    JULIO D. GONZÁLEZ CAMPOS*
    Fuente : El País, 18/09/1977

    Como tantos otros episodios de la política exterior de la dictadura, el asunto del Sahara Occidental aún conserva muchos de sus aspectos en la sombra. Entre ellos, el singular desenlace que le diera El Gobierno presidido por el señor Arias Navarro, el 14 de noviembre de 1975, fecha en que éste firma en Madrid con los representantes de los Gobiernos de Marruecos y Mauritania una «declaración de principios» sobre el territorio bajo administración española. Este acuerdo internacional, al igual que las posteriores medidas encaminadas a su ejecución, creo que nunca ha sido aceptado por una gran parte de la opinión pública española, que aún sigue preguntándose cómo pudo llegarse a tal solución. De otra parte, las consecuencias de aquel acuerdo todavía siguen pesando dolorosamente no sólo sobre el destino del pueblo saharaui, sino sobre nuestras propias relaciones exteriores en la actualidad. Parece obligado, por tanto, tratar de esclarecer el alcance de aquel acto, no tanto para juzgar un pasado político ya muerto, sino porque este pasado, en el caso del Sahara Occidental, aún sigue afectando el futuro de nuestras relaciones internacionales.

    Por el acuerdo de Madrid, el Gobierno aceptó dar por terminada la presencia española en el territorio antes del 28 de febrero de 1976, creándose una «administración temporal» del Sahara Occidental, en la que se incluían, junto a las autoridades españolas encargadas de liquidar la anterior administración colonial, dos Gobiernos adjuntos nombrados por Marruecos y Mauritania. Con ello, se abrió el camino para la inmediata ocupación militar del territorio por parte de los dos Estados -no sin encontrar una fuerte resistencia armada de su población- y para su posterior reparto entre ambos, realizado en el acuerdo de 14 de abril de 1976. Este resultado es tanto más sorprendente ya que el Gobierno español había defendido reiteradamente -ante, los órganos políticos de las Naciones Unidas (NU) y, con abundantes pruebas documentales, ante el Tribunal Internacional de Justicia-, que ninguno de los dos Estados a los que ahora se entregaba el territorio poseía título jurídico alguno sobre el mismo. Extremo que fue reconocido por el principal órgano judicial de las NU en su dictamen consultivo del 16 de octubre de 1975.

    Correlativamente, el Gobierno español admitió en dicho acuerdo que la voluntad del pueblo saharaui, que debía expresarse libremente en un referéndum celebrado bajo los auspicios y la garantía de las NU, podía ser reemplazada por la apariencia de una consulta a la «Yemaa», que se realizó sin contar con un gran número de sus miembros y ante la presencia de las fuerzas de ocupación marroquíes. Resultado no menos sorprendente, porque se halla en abierta contradicción con anteriores declaraciones españolas, entre ellas, la hecha por el entonces jefe del Estado, el 21 de septiembre de 1973, que afirmaba que el pueblo saharaui era «el único dueño de su destino» y que el Estado defendería «la libertad y la voluntad de libre decisión» de los habitantes del territorio. Y contradecía también la comunicación hecha por el Gobierno español a las NU en el verano de 1974 aceptando la celebración de un referendum en el territorio para 1975, como le había solicitado reiteradamente la Asamblea General de la Organización.

    Los hechos, en la sombra

    Es esta comunicación la que abre la crisis final en el asunto del Sahara, por obra de la iniciativa diplomática de Marruecos. Pero el hecho es que en octubre de 1975, como se afirma en el informe de la Misión de Visita de las NU. la población saharaui residente en el territorio, deseaba, en su inmensa mayoría, acceder a la independencia. Y el Tribunal Internacional de Justicia, en el citado dictamen consultivo de 16 de octubre de 1975, afirmaría, dada la inexistencia de anteriores vínculos de soberanía entre el Sahara Occidental y Marruecos o el conjunto mauritano en el pasado que, nada se oponía «a la aplicación del principio de la libre determinación, a través de la expresión libre y auténtica de la voluntad de las poblaciones del territorio».Cabe preguntarse, legítimamente, qué hechos determinaron -entre el 14 de octubre y el 14 de noviembre de 1975- este doble resultado final. Pero los hechos, como dije antes, aún permanecen en su mayor parte en la sombra. Quedan, ciertamente, las imágenes de aquel período -en el que las noticias sobre el Sahara Occidental compartían con los partes médicos un lugar destacado en los medios de comunicación-, como indicios que tratan de explicar un acto del Gobierno español por el que se condenó al pueblo saharaui a una nueva dominación colonial. Entre ellas, sin duda, un lugar de primer orden corresponde a la «marcha verde»; pero los documentos de las NU han revelado un hecho entonces ocultado a la opinión pública española: que la marcha se inició y realizó en el entendimiento del Gobierno español de que si la marcha se realizaba en un área limitada y por tiempo también limitado, no se produciría una respuesta armada por parte de las fuerzas españolas ante la penetración en el territorio. Quedan también las imágenes de las reuniones del Consejo de Seguridad, convocado a instancias del Gobierno español, la enérgica actitud de los representantes españoles y la condena por este órgano de la «marcha verde»; sin que Marruecos -tal vez por gozar de un decidido apoyo diplomático de Estados más poderosos- se dignase a aceptar sus resoluciones. Y también conservamos, en la confusión de aquel momento, las imágenes de los viajes y de las negociaciones sucesivas, entre el Gobierno español y los de Marruecos y Mauritania, entre el 21 de octubre y el 3 de noviembre. Si hemos de creer la declaración hecha por SM el Rey de Marruecos al representante especial del secretario general de las NU, señor Lewin, el 4 de noviembre de 1975, en esta fecha ya se habían convenido las principales disposiciones de la que sería la Declaración de Madrid y en ella se estipulaba, según el soberano alauita. «la transferencia de soberanía por parte de la potencia administradora a Marruecos y Mauritania».

    El gran «show» marroquí

    De este modo, el inicio de la «marcha verde», el siguiente día 5 de noviembre, adquiere un sentido más real. Fue, ciertamente, un gran «show» marroquí, al que no faltaron- las imágenes de TVE para mayor impacto en la confusa opinión pública; pero también era, de otra parte, el gesto simbólico que preludiaba la posterior anexión del territorio. En esta perspectiva, hoy resuenan como huecas las censuras dingidas por el ininistro señor Carro Martínez a la conducta de las Naciones Unidas, en el pleno de las Cortes del 18 de noviembre de 1975, así como-tantas apelaciones improcedentes al honor del Ejército español, que nunca estuvo en juego en aquella crisis.Pero los hechos de aquel período -aún siendo insuficientemente conocidos en todos sus aspectos- permiten, no obstante, establecer ciertas conclusiones muy precisas, conforme al derecho internacional en vigor. En primer término, que si un territorio no autónomo, como el Sahara Occidental, «tiene en virtud de la Carta una condición jurídica distinta y separada de la del territono del Estado que lo administra» y esta condición subsiste hasta que el pueblo de dicho territorio «haya ejercido libremente su derecho de libre determinación de conformidad con la Carta», el acuerdo de Madrid, de 14 de noviembre de 1975, es nulo, pues el Gobierno español no podía hacer entrega del territorio, como se pactó, a los Gobiernos de Marruecos y Mauritania. Su retirada del Sahara Occidental hubiera requérido el establecimiento de una administración del territorio, a cargo de las Naciones Unidas, pero nunca la concertada con estos dos Estados y seguida de la ocupación militar por parte de los mismos.

    En segundo lugar, dado que el derecho de libre determinación de los pueblos es hoy una norma imperativa de Derecho internacíonal, que no admite pacto alguno en contrario, la «Declaración de Principios» hecha en Madrid, el 14 de noviembre de 1975, es nula, por ser contraria a estas normas de jus cogens. En efecto, el objeto y fin de dicho acuerdo fue privar al pueblo saharaui, mediante una ocupación militar de su territorio, del derecho a expresar libremente su voluntad, mediante un referéndum. La consulta a la «Yemaa» que figura en el citado acuerdo, al constituir una simple farsa, no fue otra cosa que una flagrante burla del Derecho de las Naciones Unidas y que éstas se negaron a admitir, rechazando el envío de un representante del secretario general.

    «Crimen, internacional»

    Finalmente, la violación grave de una obligación internacional de importancia esencial para la salvaguardia del derecho a la libre determinación de los pueblos «como la que prohibe el establecimiento o el mantenimiento por la fuerza de una dominación colonial», constituye un hecho internacionalmente ilícito, que da lugar a la responsabilidad internacional del Estado ante la comunidad internacional y que a juicio de la Comisión de Derecho Internacional de las Naciones Unidas, debe ser calificada como un «crimen internacional». Los actos realizados por los Gobiernos de Marruecos y Mauritania con posterioridad al 14 de noviembre de 1975, al ocupar militarmente el territorio del Sahara Occidental y proceder a su reparto, puede estimarse que quedan comprendidos en el supuesto del precepto anteriormente citado, pues, de hecho, equivalen a establecer una nueva -y más cruel- dominación colonial del territorio.A mi juicio, corresponde a las Cortes surgidas de las elecciones del 15 de junio, solicitar, mediante la creación de una comisión especial, una completa y detallada información sobre los hechos que condujeron a la firma del acuerdo de Madrid. Y una vez determinados éstos, si las anteriores conclusiones son correctas, adoptar un acuerdo por el que se declare que, a juicio del Estado español, la Declaración de Principios hecha en Madrid, el 14 de noviembre de 1975, es un acuerdo nulo, conforme al Derecho Internacional en vigor, y, consiguientemente, que el Gobierno debe orientar su política internacional, en relación con la cuestión del Sahara Occidental, en toda ocasión y circunstancia, de conformidad con este acuerdo. La posición actual del Gobierno español, por su inherente ambigüedad, resulta difícilmente admisible, pues equivale a admitir el acuerdo de Madrid, pese a su nulidad y negarse a reconocer los efectos del mismo.

    *Catedrático de Derecho Internacional – Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de septiembre de 1977

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    DEBATE EN LA COMISIÓN DE EXTERIORES DEL CONGRESO

    Carro: acalorada defensa de la política descolonización del Sahara

    PABLO SEBASTIAN – ISMAEL FUENTE LAFUENTE
    El País, 16/03/1978

    El ex ministro de la Presidencia Antonio Carro, hombre sobre el que recayó una de las mayores responsabilidades en la última fase de la descolonización del Sahara, defendió acaloradamente la política que se siguió con respecto al territorio ex español, y dijo no sólo que ésta había sido la más favorable a España, sino la única viable en aquellos momentos, «en contra de lo que se ha podido decir estos días en esta Comisión ».Los dieciséis fólios de discurso, preparados concienzudamente por Carro y que tuvieron como consecuencia inmediata un enfrentamiento verbal con el embajador en la ONU, Piniés, en el descanso siguiente a su parlamento), en presencia de diputados y periodistas, respondieron al alto clima de expectación que reinaba estos días en la Comisión de Relaciones Exteriores ante la comparecencia del hombre al que, junto con Arias Navarro, se le considera uno de los artífices de la política seguida con la antigua colonia española.

    Para Antonio Carro la descolonización del Sahara no fue una operación maximalista. La sombra de la guerra estuvo presente a diario, y se corrió el riesgo de que la zona se vietnamizase. Hasta las dos grandes potencias -Estados Unidos y Unión Soviética- presionaron sobre la zona, con riesgo claro de un estallido bélico de efectos mundiales. «No ocurrió lo peor. Tampoco diré que lo mejor. Pero sí lo menos malo de lo que la gran tensión en la zona pudo generar. »

    «La desconolización del Sahara se produjo dentro de una cierta normalidad.» Esto dijo Antonio Carro antes de hacer una larga cita histórica de todos los procesos de descolonización del último siglo de las principales potencias europeas. «Mi intuición de hombre de Estado, antes que de hombre de partido, me induce a presentaros la descolonización como un hecho favorable a España, y que históricamente no permitió solución distinta a la adoptada. Y estoy seguro de que la mayor parte de los que hoy se sientan en esta comisión hubieran hecho exactamente lo mismo que lo que nosotros tuvimos que hacer en aquellos momentos.» «Quiero decir también que en ningún momento se eligió a Marruecos en vez de a Argelia. Simplemente elegimos a España.» Carro hizo entonces una historia de las posiciones de los países interesados en la zona, toda ella bajo el prisma del intento de aplicación del estatuto de autonomía para el Sahara de 1974 y de la paralela enfermedad de Franco (verano de 1974), cuando, según sus palabras, se iniciaron los movimientos reivindicativos de Marruecos y la solidaridad de los países árabes en favor de éste, incluido Argelia.

    Entonces España comunicó su decisión de celebrar el referéndum sobre autodeterminación del Sahara en los seis primeros meses de 1975, pero «la avisada imaginación del rey Hassan II provocó un incidente dilatorio de singular efecto». Se refería Carro a la petición de Hassan II de que fuese el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya quien dictaminase sobre el dominio histórico de la región.

    España aceptó la resolución, aun a sabiendas de que sería muy difícil llegar al referéndum, pero al menos se lograba distender la atención en la zona y se lograba romper la solidaridad de las naciones árabes con Marruecos, ya que Argelia apoyaba la tesis española de autodeterminación. Carro había hallado de un riesgo grave de conflicto militar en la zona entre España y Marruecos en el verano de 1974.

    Tres opciones

    El ex ministro de la Presidencia planteó que, como consecuencia de los hechos citados en la primavera de 1975, a España solamente le quedaban tres opciones: una, entregar la independencia de forma unilateral al Sahara, aunque España no podía hacerlo porque era sólo potencia administradora y no podía transferir una soberanía que no tenía. Dos, pactar con Marruecos, pero eso era imposible, porque el monarca alauita no admitía otra negociación que no fuese la de la transferencia de la soberanía. Y tres, transferir las responsabilidades del territorio a la ON U.

    Con esta última idea se pidió a las Naciones Unidas -prosiguió Carro- el envío de cascos azules y se invitó a una misión de la ONU a visitar el territorio. Tras este viaje, a la vista de la hostilidad del pueblo saharaui contra España, se preparó minuciosamente en el verano de 1975 (esto es, antes de la marcha verde) la Operación Golondrina y se anunció la decisión española de precipitar la transmisión de poderes.

    Tras una serie de consideraciones sobre la actitud del Ejército en el Sahara (del que Carro destacó su disciplina, su gallardía y su aguerrimiento), dijo que en la Península se hubiera reprobado cualquier sacrificio estéril de los soldados españoles en el Sahara.

    España intentó apoyarse en la ONU -continuó-, y lo único que obtuvo fueron resoluciones contradictorias. «No quedaba otra alternativa que la de poner a salvo nuestros intereses. Por eso se intentó obtener un acuerdo con las partes interesadas.»

    La « marcha verde » fue una sorpresa

    Para España, la marcha verde fue una sorpresa y una gran amenaza El día 2 de noviembre, con la marcha verde a punto de entrar en el Sahara, la respuesta de las Naciones Unidas a España fue la de «caución y moderación». «Es increíble la respuesta de la ONU cuando las metralletas marroquíes estaban sonando cerca de nuestro territorio».

    «Fue preciso en todo momento evitar cualquier riesgo de guerra», prosiguió. «El 7 de noviembre de 1975, el embajador marroquí en Madrid visitó al presidente Arias, en un momento crítico en que la marcha verde se encontraba dentro del Sahara, y de ahí salió la utilidad de mi viaje a Agadir al día siguiente.» Carro desveló que entonces no fue muy difícil la negociación con el monarca alauita, aunque éste le pidió que firmara un pacto favorable a los intereses marroquíes. Al fin se materializó un acuerdo en una carta de Carro dirigida a Hassan, en la que se pedía que para seguir negociando fuese preciso la retirada de la marcha marroquí sobre el Sahara, al tiempo que Hassan 11 dirigía una carta al entonces jefe de Estado en funciones, el hoy rey Juan Carlos, en la que se pedía la entrega por parte del Estado español a Marruecos y Mauritania de todas las responsabilidades en el Sahara.

    Posteriormente llegaron las negociaciones. De ellas, el ex ministro de la Presidencia dijo que en todo momento los acuerdos de Madrid, o mejor, la declaración de Madrid, entre los jefes de Gobierno de España, Marruecos y Mauritania, se habían escrito con pluma española; es decir, que los Gobiernos marroquí y mauritano no habían escrito prácticamente ninguna palabra en el texto. Y que, en cualquier caso, una lectura pausada de la declaración de Madrid dejaba bien claro que no era otra cosa que una declaración unilateral de retirada por parte de España, sin que ello entrañase una cesión a Marruecos y Mauritania.

    «Porque lo único que se hizo fue abandonar el Sahara sin entregar el mismo a los ejércitos marroquí y mauritano, sino que éstos se limitaron a ocupar las posiciones que los españoles iban dejando libres.»

    La larga intervención de Antonio Carro dejó bien claro que el proceso descolonizador del Sahara estaba sin terminar y que en todo momento, tal como se sucedieron los hechos, no se pudo actuar de otra firma. «Para España -repitió en varias ocasiones- no hubo otra alternativa y se optó por el mal menor. El peligro, el riesgo, una vez superado, se olvida fácilmente, pero en aquellos momentos los intereses de España y de sus aguerridas Fuerzas Armadas hubo que situarlos por encima de todos los demás intereses en juego. Y gracias a ello nuestra fue la iniciativa, nuestro el dominio de la situación y el final de la operación fue satisfactorio para los intereses de España.»

    Incidente Carro-Piniés

    El incidente entre los señores Carro y Piniés, en un tono casi violento y en medio de los pasillos de la Comisión, se produjo cuando este último negó ante los periodistas dos afirmaciones del ex ministro: que España había solicitado la presencia de la ONU y de sus cascos azules en el territorio, y que nuestro Gobierno no supo, hasta su convocatoria, de la marcha verde. Piniés negó contundentemente las dos afirmaciones. Ambos se acusaron públicamente de no estar diciendo la verdad.

    * Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 16 de marzo de 1978

    Tags : Sahara Occidental, Frente Polisario, Marruecos, España, acuerdo de Madrid, 14 de noviembre 1975, Marcha Verde,