Étiquette : colonización

  • Antonio Cubillo, un independentista canario.

    Tal al día como hoy 22 de octubre de 1964, se funda el Movimiento por la Autodeterminación e Independencia del Archipiélago Canario (MPAIAC).

    El MPAIAC fue creado en Argelia por el abogado penalista canario Antonio Cubillo, expatriado voluntariamente en 1962 por motivos poco claros, pues se relacionó su marcha con delincuentes comunes de amplio historial, más que por causas políticas.

    Optó por una línea africanista, exaltando a los antiguos aborígenes de Canarias – guanches – llegando a conseguir en 1968 el apoyo de la extinta OUA, que declaró el archipiélago canario “territorio africano”, por la proximidad geográfica con este continente.

    En 1975 los servicios de inteligencia argelinos, cedieron el uso de Radio Argel a Cubillo y al MPAIAC, que inició emisiones de “La Voz de Canarias Libre”, pero tras la muerte de Franco, una delegación dirigida por Rafael Calvo Serer y Santiago Carrillo, visitó Argel solicitando de las autoridades argelinas el cierre de la emisora, aunque el gobierno de aquel país no lo hizo hasta dos años después.

    En noviembre de 1976, el MPAIAC inició su actividad terrorista en el archipiélago, al estallar un explosivo en Galerías Preciados de Las Palmas y, en marzo de 1977, otro en la terminal del aeropuerto de Gran Canaria, hiriendo a siete personas y anunciando una nueva bomba que obligó a desviar los vuelos al aeropuerto de Tenerife.

    La congestión aérea y la climatología, causó el mayor accidente aéreo de la historia, con 583 muertos, aunque Cubillo – asustado por el impacto mundial – negó la colocación de la bomba y achacó las muertes a los controladores y a la neblina reinante, pero el Tribunal Supremo en sentencia de enero del 2014, ratificó que la catástrofe aérea ocurrida en el Aeropuerto de Los Rodeos, fue consecuencia de la bomba colocada en Gando por el MPAIAC y calificó a Cubillo de “terrorista”.

    No obstante, la única muerte directa del MPAIAC fue la un artificiero de la policía, al desactivar una bomba en La Laguna -Tenerife – destinada a asesinar a un abogado local.

    En abril de 1978 Cubillo fue apuñalado en Argel y quedó inválido, siendo dictaminado por la justicia española que personas “sin determinar pero pertenecientes a servicios policiales españoles”, encargaron su asesinato, consiguiendo 150.253 euros al amparo de la Ley de Víctimas del Terrorismo.

    El movimiento canario, renunció a la lucha armada y en 1979 expulsó a Antonio Cubillo, por no coincidir sus planteamientos con la dirección.

    Cubillo continuó ejerciendo como abogado y en 2007, publicó un anteproyecto de “Constitución de la República Federal Canaria” en la que propugnaba el bereber como idioma oficial, el servicio militar obligatorio desde los 17 años para hombres y mujeres, la creación de las Fuerzas Armadas Guanches y una moneda que se llamaría el « áfrico ».

    Cubillo, falleció de muerte natural en diciembre de 2012, a los 82 años, en Santa Cruz de Tenerife y con él lo hizo también su movimiento.

     
     
    Tags : Canarias, Antonio Cubillo, MPAIAC, colonización, colonialismo, 
  • Cuando los europeos se repartieron África

    El continente africano fue ocupado y repartido entre las potencias europeas en el siglo XIX. A principios de dicho siglo los europeos solamente poseían factorías costeras o pequeñas colonias. Pero en la segunda mitad del siglo, exploradores y misioneros recorrieron África, aprovechando el curso de los grandes ríos: Níger, Nilo, Congo, Zambeze y se aventuraron por el Sahara.

    A partir de la década de los años setenta del siglo XIX, las expediciones se multiplicaron y las potencias europeas se lanzaron a una verdadera carrera de conquista y colonización de territorios. Los británicos deseaban establecer un imperio de norte a sur, vertebrado por el ferrocarril El Cairo-El Cabo, dominando, a su vez, la fachada oriental del continente con vistas a controlar el Océano Índico. Gran Bretaña obtuvo territorios muy ricos en minerales (oro y diamantes), así como de gran valor estratégico, como el Canal de Suez, por el que controlaban el paso entre el Mediterráneo y el Mar Rojo hacia el Océano Índico.

    Por su parte, los franceses pretendían levantar un imperio de este a oeste del continente africano. Comenzaron por dominar Argelia y desde allí fueron dominando gran parte del norte de África (Marruecos y Túnez), la costa occidental del continente y se extendieron hacia Sudán, punto de fricción con los británicos, ya que era la zona de choque con la línea norte-sur británica.

    El rey de los belgas -Leopoldo II- encargó la exploración de la zona del Congo para levantar un imperio propio. Los alemanes se establecieron en África central. Así pues, muy pronto comenzaron a entrar en colisión los intereses de las grandes potencias. Ante esta situación, en el año 1885, Bismarck convocó una Conferencia Internacional en Berlín.

    En la Conferencia se tomaron una serie de decisiones sobre la colonización de África: garantía de libre navegación por los ríos Níger y Congo, establecimiento de unos principios para ocupar los territorios por parte de las metrópolis, basados en el dominio efectivo con notificación diplomática al resto de las potencias del establecimiento de la nueva colonia. Pero la Conferencia no terminó con los enfrentamientos entre las potencias coloniales.

    Posteriormente, los alemanes se establecieron en Togo, Camerún, África suroccidental y Tanganica, mientras que los portugueses se hacían con Angola, Mozambique y Guinea-Bissau. Italia estableció su imperio en Libia y Somalia. Por fin, España se estableció en lo que luego fue Guinea Ecuatorial, y el Sahara Occidental (Río de Oro).

    En el sur de África dos pequeñas repúblicas vecinas –Transvaal y Orange- estaban en manos de los holandeses nacidos en el continente africano y conocidos como bóers, después de haberse marchado de la zona de El Cabo (habían llegado en el siglo XVII), huyendo de la expansión británica en la zona. Pero la noticia del descubrimiento de importantes minas en Transvaal motivó a los ingleses a invadir los territorios de los bóers, provocando el estallido de una guerra, que duró tres años, con un alto coste en vidas humanas. Al final, esos territorios fueron anexionados al Imperio británico.

    Fuente: La Mar de Onuba

    Tags : Africa, colonización, expolio, recursos naturales, Congo, Níger, oro, diamantes, Tratado de Berlín,

  • Cuando los europeos se repartieron África

    El continente africano fue ocupado y repartido entre las potencias europeas en el siglo XIX. A principios de dicho siglo los europeos solamente poseían factorías costeras o pequeñas colonias. Pero en la segunda mitad del siglo, exploradores y misioneros recorrieron África, aprovechando el curso de los grandes ríos: Níger, Nilo, Congo, Zambeze y se aventuraron por el Sahara.

    A partir de la década de los años setenta del siglo XIX, las expediciones se multiplicaron y las potencias europeas se lanzaron a una verdadera carrera de conquista y colonización de territorios. Los británicos deseaban establecer un imperio de norte a sur, vertebrado por el ferrocarril El Cairo-El Cabo, dominando, a su vez, la fachada oriental del continente con vistas a controlar el Océano Índico. Gran Bretaña obtuvo territorios muy ricos en minerales (oro y diamantes), así como de gran valor estratégico, como el Canal de Suez, por el que controlaban el paso entre el Mediterráneo y el Mar Rojo hacia el Océano Índico.

    Por su parte, los franceses pretendían levantar un imperio de este a oeste del continente africano. Comenzaron por dominar Argelia y desde allí fueron dominando gran parte del norte de África (Marruecos y Túnez), la costa occidental del continente y se extendieron hacia Sudán, punto de fricción con los británicos, ya que era la zona de choque con la línea norte-sur británica.

    El rey de los belgas -Leopoldo II- encargó la exploración de la zona del Congo para levantar un imperio propio. Los alemanes se establecieron en África central. Así pues, muy pronto comenzaron a entrar en colisión los intereses de las grandes potencias. Ante esta situación, en el año 1885, Bismarck convocó una Conferencia Internacional en Berlín.

    En la Conferencia se tomaron una serie de decisiones sobre la colonización de África: garantía de libre navegación por los ríos Níger y Congo, establecimiento de unos principios para ocupar los territorios por parte de las metrópolis, basados en el dominio efectivo con notificación diplomática al resto de las potencias del establecimiento de la nueva colonia. Pero la Conferencia no terminó con los enfrentamientos entre las potencias coloniales.

    Posteriormente, los alemanes se establecieron en Togo, Camerún, África suroccidental y Tanganica, mientras que los portugueses se hacían con Angola, Mozambique y Guinea-Bissau. Italia estableció su imperio en Libia y Somalia. Por fin, España se estableció en lo que luego fue Guinea Ecuatorial, y el Sahara Occidental (Río de Oro).

    En el sur de África dos pequeñas repúblicas vecinas –Transvaal y Orange- estaban en manos de los holandeses nacidos en el continente africano y conocidos como bóers, después de haberse marchado de la zona de El Cabo (habían llegado en el siglo XVII), huyendo de la expansión británica en la zona. Pero la noticia del descubrimiento de importantes minas en Transvaal motivó a los ingleses a invadir los territorios de los bóers, provocando el estallido de una guerra, que duró tres años, con un alto coste en vidas humanas. Al final, esos territorios fueron anexionados al Imperio británico.

    EduardoMontagut, historiador

    Fuente : La Mar de Onuba, 03/02/2019

    Tags : Tratado de Berlín, colonialismo, colonización, Africa,

  • El Sahara occidental era independiente de Marruecos

    Joaquín Portillo

    El País, 12/11/1978

    A los tres años de la firma, el 14 de noviembre de 1975, de los llamados «acuerdos de Madrid» entre el último Gobierno franquista, el anterior régimen mauritano y el presente marroquí, documentos encontrados en los archivos de la Corona belga permiten establecer que, por lo menos, dos Gobiernos europeos (Bélgica y Gran Bretaña) disponían de valiosos argumentos que hubieran modificado, si no se hubiesen hurtado al conocimiento del Tribunal de La Haya, el ambiguo fallo que este tribunal internacional dio a la consulta sobre la soberanía de la ex colonia española, Joaquín Portillo, ex corresponsal en Bruselas de varias publicaciones españolas, revela en esta serie que comenzamos hoy la parte belga de los documentos citados, que en síntesis contradicen la interpretación marroquí al fallo de la Corte de La Haya y refuerzan la posición de aquellos que mantienen que el Sahara, al menos al final del siglo pasado, nada tenía que ver con el sultanato de Marruecos.

    En 1974, las Naciones Unidas, en cuyo comité de descolonización (o de los veinticuatro) estaba en proceso de negociación la descolonización del Sahara español, solicitaron al Tribunal Internacional de la Haya una clarificación jurídica sobre el tema de la soberanía anterior del territorio. Diez meses más tarde, los jueces de La Haya anunciaban su dictamen consultivo de una manera tan ambigua que no daba la razón a nadie, a ninguna de las partes en litigio, de manera clara y neta pero, en contrapartida, dejaban la puerta abierta a todo tipo de combinaciones. Tanto es así que el propio rey marroquí pudo presentar inmediatamente a la opinión pública de su país la interpretación que le vino a bien para imprimir un sello de legalidad a aquella «marcha verde».El Tribunal de La Haya tuvo que emitir su dictamen con urgencia y en condiciones que fueron duramente criticadas por algunos de sus magistrados. Estas críticas, que están unidas al dictamen, insistían en que los jueces no habían podido ocupar se del tema con la suficiente profundidad,

    Ello, seguramente, podría, explicar bien la limitación de los esfuerzos hispánicos en los preparativos para La Haya. España, es cierto, aportó abundante documentación al alto tribunal. Mucha, pero no toda y, seguramente, tampoco la más decisiva. ¿Cómo explicar, si no, la ausencia de documentos tan relevantes como los de Lahure, Whettnall, Tacquin? ¿Cómo explicar que Madrid no presentase a los jueces estos y otros testimonios de primera mano, diseminados en los archivos de las ex metrópolis occidentales?

    Los documentos secretos de Bruselas

    Una mayor investigación hubiese permitido obtener los informes secretos, y enteramente inéditos, que Lahure y Whettnall enviaron, a finales del siglo pasado, al soberano de los belgas, Leopoldo II. Son documentos elaborados por testigos directos de lo que ocurría entonces al sur de Marruecos, es decir desde el río Draa hasta la frontera de la «colonia española de Río de Oro», que partía de Cabo Bojador.

    El barón Whettnall, cónsul general de Bélgica en Tánger, había recibido del rey LeopoIdo II la consigna de informarse sobre la posibilidad de adquirir «para el Estado independiente del Congo», propiedad del soberano de los belgas, una colonia situada al sur de Marruecos, a medio camino entre el puerto belga de Amberes y el puerto congoleño de Matadi. Esto ocurría aproximadamente durante la Conferencia de Berlín (1884-1885), donde las potencias occidentales establecían el «reparto de Africa».

    Desde Tánger, el Barón Whettnall se apresura a cumplir las instrucciones recibidas de su soberano sin revelar, evidentemente, quién es el interesado. Por medio de varios israelitas a su servicio, contrata a un comerciante marroquí para que éste, aprovechando sus desplazamientos hacia el sur, se informe de cuál es la situación allá y vea las posibilidades que existen de comprar terrenos u obtener concesiones. El comerciante, Hadge Hamed, realiza dos viajes. En su primera incursión, en 1886, confirma que la zona a examinar hay que delimitarla más bien al sur del río Draa, considerado como la frontera meridional de Marruecos. El segundo viaje, que lo emprende el 19 de marzo de 1887 desde Mogador, lo realiza con la intención de obtener respuesta para las once preguntas que contiene el cuestionarlo que han elaborado los belgas. La cuarta cuestión de ese cuestionarlo está redactada en los términos siguientes: «¿Cuáles son las disposiciones de los habitantes y a qué raza pertenecen? ¿Reconocen la autoridad del sultán?»

    A su regreso, el explorador marroquí responde así: «Estos territorios son conocidos bajo el nombre de Ergueiba y divididos en trece secciones, una de las cuales, la de Beni Musa, tiene por jefes a los descendientes directos de Sidi Hamed El Ergueibi, santo patrón del territorio. Este marabut era, incluso ya en los tiempos antiguos, jefe independiente de estos territorios con jurisdicción espiritual y temporal sobre el país, que en la época del reinado del sultán El Kahil (el Sultán Negro) había sido delimitado desde el río Draa hasta la Seguía a el Hamra y desde (ininteligible en el original) hasta la playa a una distancia de siete olas con marea alta. La extensión en longitud de esta playa es de cinco jornadas de marcha y el territorio es más grande que todo Marruecos. Esta posesión ha sido comprada a los Bani Hasian mediante mil camellas, mil negras, mil corderos, mil cabras y diez cargas de camello de oro de primera calidad. El mismo marabut, Sidi Hamed El Ergueibi, compró al sultán El Kahil las cabilas de Ait Usa, Izarguien, (ininteligible en el original) y Ait Aimos, que se encuentran al norte del río Draa. Estas poblaciones pagan todavía hoy su tributo anual a los descendientes del marabut y no al sultán de Marruecos. No existe más que un solo título de propiedad de estos territorios, el de la compra hecha de los Bani Hasian. Fuera de estos derechos de soberanía, los territorios son la propiedad común de todos los habitantes; nadie vende propiedades, ni posee títulos de propiedades, y el que quiera un terreno puede tomarlo sin pagar. Yo he propuesto a un jefe venderme un trozo de tierra para instalarme allí y me ha dicho que tomase todo lo que quisiera y que Dios me ayude a cultivarlo. A la petición mía de si me daría un título de cesión para el caso de que Yo quisiera construir, me ha dicho que podía hacerlo sin título y que él garantizaba mis derechos…»

    Hasta aquí el documento, rigurosamente inédito hasta hoy, encontrado en los legajos belgas y del que tampoco dispusieron los jueces de La Haya. Se puede subrayar que está elaborado por un informador marroquí para un israelita, también marroquí, y que el informante, verosimilmente, ni siquiera sabía que detrás de todo el asunto estaba un belga (y mucho menos el rey Leopoldo II). Se desprende también que, según este testimonio, los territorios saharauis se extendían (en el momento de la colonización española) incluso al norte del río Draa.

    El sultán confirmó a Londres la soberanía marroquí acababa en el río Draa

    En la segunda entrega de la serie, su autor, Joaquín Portillo, revela un segundo informe secreto de los archivos belgas, que nunca fue publicado y al que tampoco -como en el caso anterior del «informe Whettnall»- tuvieron acceso los jueces del Tribunal Internacional de La Haya cuando tuvieron que emitir su dictamen sobre la soberanía del Sahara. «El sultán de Marruecos, dice el coronel del Estado Mayor del Ejército belga a su rey, Leopoldo II, el 1 de diciembre de 1888, ha respondido al Foreign Office que sus Estados no se extienden tan lejos como Tarfaya y se terminan en el río Draa.» Esta carta está depositada en los archivos del Foreign Office.

    La conclusión de este capítulo se resume en esta pregunta: «Si antes de la colonización española (1884) el Imperio Marroquí tenía su frontera sur en el río Draa, ¿cómo es posible que al abandonar España aquel territorio Rabat haya conseguido avanzar su frontera meridional hasta el trópico de Cáncer?»

    Aunque es difícil establecer con precisión en qué momento Leopoldo II de Bélgica decide informar de sus propósitos a Lahure, sí está claro que el 25 de julio de 1888 Leopoldo II ordena a su ministro de la Guerra, el general Pontus, poner a disposición del soberano al barón Lahure, coronel de Caballería y de Estado Mayor, durante dos meses.

    El 9 de agosto, Lahure embarca en el puerto francés de Marsella rumbo a la colonia inglesa de Gibraltar. En el peñón, el prestigioso militar belga se entrevista con Donald Mackenzie, un ingeniero británico que conocía bien el noroeste de Africa. Mackenzie, en efecto, mantenía relaciones con los saharauis desde hacía ya dieciséis años: en 1874 había constituido en Londres la North West African Company y, como delegado de esta sociedad inglesa, firmado un contrado con la máxima autoridad sahariana de Tarfaya, el Cheij Mohamed Ben Beiruc, contrato que tenía fecha de 26 de julio de 1879.

    En virtud de este documento, la sociedad inglesa, que disponía ya de sucursales en Las Palmas de Gran Canaria y en Lanzarote, edificó en Tarfaya sus instalaciones, con la ayuda, por supuesto, de trabajadores canarios y saharauis. Todavía hoy pueden verse los restos de aquella edificación que, en castellano, se denominó «casa mar».

    Mackenzie obtuvo notables éxitos comerciales porque, entre otras cosas, consiguió desviar hacia Tarfaya gran parte del comercio que llegaba a través del Sahara. «Las operaciones comerciales -escribe en su informe secreto el coronel Lahure- tomaron impulso -y las caravanas enviadas por las tribus del interior llevaron al establecimiento de la North West African Company grandes cantidades de lana, pieles, plumas de avestruz y goma.»

    De Gibraltar, Lahure y Mackenzie se trasladan a Tánger, donde, en ausencia del barón Whettnall, se entrevistan con uno de los hombres de confianza del cónsul, Abraham S.icsu, antes de hacerse de nuevo a la mar para navegar hasta Tarfaya, vía Canarias. Sahara, la goleta de Mackenzie, les conduce finalmente desde Arrecife de Lanzarote hasta Cabo Juby (Tarfaya), donde están las instalaciones del inglés y donde los navegantes arriban el 4 de septiembre de 1888.

    Al margen de los pormenores de la instalación inglesa en Tarfaya y de las serias preocupaciones que aquel asunto causó a los Gobiernos de Madrid y de París, es interesante, por el contrario, reproducir algunos párrafos del informe que, a su regreso, Lahure transmitirá a su soberano, puesto que la compra de las instalaciones de Mackenzie en Cabo Juby era, en este momento, el proyecto que acariciaba Leopol do 11 como alternativa para establecer una colonia belga en el Sahara « La North West African Company decidió la edificación de un castillo en la roca que queda separada de la costa con la marea alta y de una factoría de piedra en tierra firme.

    Al mismo tiempo, el señor Mackenzie ha pedido al Gobierno inglés reconocer y proteger su establecimiento; incluso ha solicitado el otorgamiento de una Carta Magna. Además se ha entendido con el jefe soberano de la comarca (el Tekna) para obtener la concesión de una porción de costa en Tarfaya, entre Cabo Juby y Stafford Point. Se entendió al mismo tiempo con estejefe, el Chej Mohamed Ben Beiruc, para que éste protegiese las instalaciones y el comercio de la North WestAfrican.

    «El Gobierno inglés -revela Lahure- no ha concedido a la North West African Company la Carta Magna, pero se ha dirigido al sultán de Marruecos para hacerle saber que le hacía responsable de toda agresión de que pudieran ser objeto los establecimientos ingleses de Tarfaya. El sultán ha respondido al Foreign Office que sus estados no se ex tienden tan lejos como Tarfaya y se terminan en el río Draa; y que, en consecuencia, no tenía por qué ocuparse del establecimiento inglés de Tarfaya.» Esta carta está depositada en los archivos del Foreign Office,.. «En 1882 -Informa a su rey el coronel belga-, las autoridades marroquíes, que continúan persiguiendo el mismo fin, han enviado una misión a Cabo Juby para preguntar al señor Mackenzie si reconocía la soberanía feudal (soberanité) del sultán. El señor Mackenzie ha respondido a los enviados marroquíes que no tenían más que dirigirse al Gobierno inglés; y esto fue lo que hizo el sultán; es entonces cuando en Londres han respondido al soberano marroquí, poniéndole ante su carta anterior donde reconocía el río Draa como límite meridional de sus estados. »

    Tanto el informe Lahure como el de Whettnall, al que nos referimos ayer, contienen elementos que habrían pesado (¿por qué no de manera decisiva?) ante el Tribunal Internacional de La Haya hace tres anos en favor de la independencia del Sahara occidental. La zona de Tarfaya, por supuesto, no es más que una parte del antiguo Sahara español, aunque, eso sí, una parte esencial en el pretendido conflicto jurídico con Marruecos.

    Españoles y franceses, sin embargo, habían cometido ya suficientes errores en el tratado de 1912 sobre delimitación de fronteras y reparto del protectorado «marroquí». Y el Gobierno español de aquellos años, en última instancia, había aceptado que el Sahara occidental tenía su frontera norte -y Marruecos su frontera sur- en el paralelo 27º40′ de latitud norte; es decir, no ya al sur del río Draa -donde siempre comenzó, como hemos visto, el territorio saharaui-, sino ¡al sur incluso del mismo Cabo Juby!

    De todo lo expuesto hasta ahora sólo cabe una deducción: si antes de la colonización española (1884) el imperio marroquí tenía su frontera sur en el río Draa, ¿cómo es posible que, al abandonar España aquel territorio, Rabat haya conseguido avanzar su frontera meridional hasta el Trópico de Cáncer y, lo que aún es más grave, las democráticas potencias occidentales, y en primer lugar el Gobierno español, pretendan legalizar tamaño abuso con menosprecio de los derechos más elementales reconocidos, como son el derecho a la vida y el derecho de los pueblos a decidir su propio futuro?

    Tags : Sahara Occidental, Marruecos, España, colonización,

  • ¿Cuáles son los países que mantienen más colonias por el mundo?

    Francia, Reino Unido y Estados Unidos tienen la mayor parte de colonias existentes en la actualidad

    Marco Herrera
    Fuente: 65ymas, 17 DE ABRIL DE 2019

    Los países europeos coleccionaron colonias por casi todas las partes del planeta durante siglos, a medida que iban explorando y conquistando territorios. Aunque en el siglo XX los enclaves pertenecientes a países hegemónicos hayan menguado de manera considerable, a día de hoy todavía existen colonias de algunos de ellos, a los que en cierto modo y de manera muy selectiva se les ha unido Estados Unidos.

    A pesar de que el término colonia se refiere a un territorio no gobernado por sí mismo, la interpretación que las Naciones Unidas hacen de él resulta polémica para algunos países, ya que no contempla algunas regiones en disputa entre dos países o el caso contrario, territorios en disputa entre dos naciones, una de las cuales no lo considera como lugar colonizado.

    Países colonizadores en 2019

    Según The World Factbook, en la actualidad existen 61 colonias en el mundo, de las cuales, la mayoría son pequeñas islas. El primer lugar, como estado que mantiene más colonias lo ocupa Francia, con 16 territorios de ultramar, mayormente repartidos por los oceanos Pacífico e Índico. Martinica, la Polinesia Francesa, Guyana Francesa, Nueva Caledonia o Reunión son algunas de esas islas colonizadas y, a día de hoy, gobernadas por el Presidente de la República Francesa.

    Le sigue muy de cerca, con 15 colonias por todo el globo, Reino Unido. Entre sus colonias destacan las Islas Malvinas, cuya soberanía reclama Argentina; las Bermudas, las Islas Caimán o un enclave de sobra conocido por todos los españoles: Gibraltar. Con poco más de 6 kilómetros cuadrados y menos de 30.000 habitantes, el territorio ubicado en la provincia de Cádiz es un tema recurrente cada cierto tiempo en nuestra política nacional e internacional, recordando la reclamación de la soberanía que de este territorio hace el estado español.

    Estados unidos ocupa el tercer puesto en esta clasificación con 14 colonias. La mayor potencia económica del mundo es el único país no europeo en contar con territorios de ultramar, algunos de ellos buscados con miras de estrategia militar. Entre estos lugares se encuentran la isla de Guam, las Islas Vírgenes o Puerto Rico.

    Más distanciados quedan ya los siguientes países que mantienen colonias en 2019. Australia con seis sería cuarto, seguido de Nueva Zelanda y Noruega con tres cada uno y Países Bajos (Aruba y Antillas holandesas) y Dinamarca (Islas Feroe y Groenlandia) con dos. The World Factbook también hace mención a los territorios en disputa reconocidos por la ONU, entre los que sitúa a la Antártida, el Sahara Occidental, la Franja de Gaza o Cisjordania, estos últimos ocupados ilegalmente, según varias resoluciones de Naciones Unidas, por el estado de Israel.

    Tags : Sahara Occidental, Marruecos, Frente Polisario, colonización, autodeterminación, referendo,