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  • Malada. El Sahara y nada más

    Texto y foto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista que escribe desde los campamentos de refugiados saharauis en el sur de Argelia.

    Malada nunca se paró frente a una administración pública para tramitar papel alguno. No los necesitaba, porque le bastaba con ser una saharaui, motivo que esgrimía para residir en un palmo de tierra liberada.

    Cuando se recrudecieron los enfrentamientos entre los saharauis y los marroquíes allá por los años ochenta a sus padres casi les alcanzaban los obuses en el interior de la jaima. Por tal motivo, se vieron obligados a refugiarse en las cercanías de la ciudad argelina de Tinduf. Sin embargo, Malada se encargó del cuidado de los rebaños de cabras en la parte oriental del Sahara, a pesar del peligro que suponía su permanencia a solas en el desierto. Por tanto, la destreza de esta mujer no se limitaba únicamente a la manera con qué regía el pastoreo de los animales que llevaban la marca de fuego del longevo padre, Ali Salem Hmad, que le había encargado responsabilizarse de ellos, antes de partir hacia otras tierras lejanas. En la zona de Zemur, hoy en día, Malada es conocida como una mujer estoica, valiente y entregada.

    La vivienda saharaui en la que residía desde hace ya más de tres decenios miraba, como es tradicional, hacia el sur y los rayos del sol incidían en el interior de una jaima que albergaría no más de cuatro personas. Un hogar reducido, ligero y de pocos utensilios, los necesarios. Pero todo se ajustaba a un orden milimétrico, bajo el caballete de madera del que se colgaba un odre rellenado con agua fresca. Un cuadro que dejaba al visitante inmerso en la obstinada calma del desierto. La señora salía y entraba, faenando incansable, y el cayado dorado en la mano hasta que el sol se perdiese en las tinieblas de los mares. El asno, el perro y las cabras representaban para ella la mejor compañía, tanto en tiempo de fertilidad como de sequía. El olor del arsa, estiércol, de la majada era bien notable en las cercanías.

    La jornada no llegaba a su fin hasta que regresaban los rebaños, a toda prisa, de los parajes donde apacentaban. Malada, una beduina de carne y hueso escueta en el habla, al tomar la palabra hacía énfasis en todo aquello que le gustaba al son de un indetenible ademán de manos. No renunciaba a la serenidad del desierto con facilidad, una elección de vida o muerte. Esa era la promesa hasta que todo tocase fondo definitivo. Hablaba, sin tapujos ni miramientos. Y de niña a mujer había aprendido con el ensueño de un hada solitaria los difíciles entresijos de un mundo implacable. Es cierto que Malada no poseía alas para volar. Sin embargo, tenía puestos los ojos en el cielo, persiguiendo en qué horizonte caerían las últimas gotas de las nubes. La tierra, el cielo y los animales se reunían con esmero bajo la senda nómada de Malada.

    Mujer ya de edad avanzada, no mostraría atisbo alguno de desilusión en el rostro a pesar de la difícil tarea que se le había encomendado. En cambio, las huellas de los años eran más que evidentes en el enjuto cuerpo tostado por el sol y las soledades. El tiempo le había enseñado que los infortunios de la vida en el desierto solo se podrían superar con la constante movilidad de un lugar a otro, excepto en días cálidos, cuando la sombra y el agua se convirtiesen en un vergel desconocido. Malada beatifica el alma con tranquilidad para poder superar las inclemencias que imponía, a veces, la naturaleza del desierto. Una mujer descomunal. Se llamaba Malada.

    Fuente

    Tags : Sahara Occidental, Marruecos, literatura, cultura, tradición,

  • ‘La luz de cuatro velas en el Sahara’ – reciente obra del escritor saharaui Ali Salem Iselmu Abderrahaman

    LIBROS Y LECTORES

    La editora Ediciones Wanafica en su pagiana web, destaca comentarios de lectores que hayan disfrutado de libros de autores saharauis.

    –– Comentario de Cristina Orwell � (IG: @cristinaorwell)

    « Lo que a nuestro ojos parece igual y estéril, guarda muchas diferencias. Dicho de otra manera, en la sabiduría popular saharaui, « un viejo sentado muchas veces ve lo que no puede ver un joven de pie ». Antes de hablar hay que observar y aprender a escuchar el silencio, de allí nace buena parte de nuestra sabiduría ».

    Marta es una niña saharaui con muchas dudas respecto a su origen, el por qué de su nombre tan diferente al de sus amigas y de por qué siempre ha sido criada también en español. Aprovechando el amor de la niña por viajar y conocer la variedad étnica de nuestro planeta, su abuelo Sidati toma este precedente para hacer viajar a Marta por sus orígenes.

    El anciano traslada a la niña y al lector a tres extremos de la tierra para así explicarle su origen y las distintas culturas y costumbres que coexisten en el mundo, todas ellas con pilares fundamentales en común.

    Dentro de cada una de las estas « velas », que no son más que divisiones, se nos cuentan numerosos relatos breves que nos acercan a las distintas culturas tales como es el caso de la joven Alia en el desierto del Sahara, los paseos de Taleb por los malecones de La Habana o el hogar de Antonio en una región española.

    Entre los relatos hay historias realmente conmovedoras que más allá de nuestro lugar de procedencia, sea España, el Sahara, Cuba, Jordania o Japón, todos somos iguales y compartimos muchísimas semejanzas, la constante mezcla de culturas, religiones, creencias y costumbres son los que nos dotan de gran riqueza. Considero este mensaje de una relevancia vital, más aún en la realidad en la que vivimos donde parece que hemos olvidado los tesoros que aporta la diversidad y que en algún momento todos hemos tenido un antepasado común.

    Generación de la amistad, 18 ago 2019

    Tags: Sahara Occidental, cultura, literatura, tradición, patrimonio cultural,

  • Tiris y los versos profundos

    Por: Ali Salem Iselmu

    Los galaba[1] de Tiris[2] son una expresión genuina de una tierra que nos da la bienvenida desde los galb[3] de Agzumal[4] y Tagzumalet[5]. La lluvia esta vez solo ha bañado la parte sur de ese inmenso desierto, cuyo askaf[6] y el agua de sus pozos sirven de sostén a los animales.

    La arena blanca y fina es transparente, y las montañas de color negro y macizo son sus puntos de referencia, mientras las caravanas de camellos cruzan de forma desesperada hacia Agüienit[7], Dugech[8], Faleklak[9[ y Kerachiat[10]. Esta vez la lluvia ha caído en la parte sur de Tiris y hacia allí los nómadas se han dirigido como lo han hecho sus antepasados; buscan las yerbas y las plantas que devolverán a su ganado la energía perdida durante los duros meses de verano en el que la vida depende exclusivamente del agua.

    Recorrer la tierra de Tiris es imaginar al gran poeta y erudito Chej Mohamed El Mami cantarle su famoso verso en el que nos dice:

    Tiris no acepta las mezclas

    y si acampo en otro lugar diferente,

    allí están los Galaba de Mades[11] y Tangat[12]

    y la poesía sobre sus cumbres.

    Los lagartos conocidos en lengua hasania[13] como dab[14] proliferan con la lluvia al igual que las cabras y los camellos, los beduinos te ofrecen la leche recién ordeñada en preciosos cuencos de madera, y la luz de las estrellas te devuelve al pasado que inspiró a muchos hombres que regaron con su canto la historia de una tierra al que acudían los nómadas de diferentes zonas del Sáhara, buscando la lluvia y el pasto para sus animales.
    Leyuad[15] conocida como la cueva del diablo, se encuentra situada a unos 16 kilómetros del muro de la vergüenza que divide el Sáhara Occidental y en su entrada las plantas de acacias y de atil[16] están verdes, mientras la planicie que la rodea se encuentra seca.

    Existe una historia que cuenta que Leyuad es la capital de Tiris, es el punto al que se dirigen los hombres que buscan refugio y descanso en su cueva y se sienten a contemplar las dunas que se forman a su alrededor, mientras el viento que sopla desde el norte crea un precioso eco en la montaña que se mezcla con la voz de los hombres y animales que buscan su magia.

    Así transcurre la vida de los nómadas que siguen buscando el inexplicable milagro del agua en el cielo, siguen pidiendo baraka[17] a las nubes que han dado vida a sus rebaños y plantas.


    1. Montañas formadas de rocas, características del relieve del Sáhara.

    2. Región que se encuentra en la parte sur este del Sáhara Occidental.
    3. Es singular de montaña de roca en hasania, la lengua que hablan los saharauis.

    4. Es el nombre de una montaña que quiere decir león en lengua bereber.

    5. Es el nombre de una montaña que quiere decir leona en lengua bereber.

    6. Arbusto que crece en la planicie y lo consume mucho los dromedarios.

    7. Parte sur-este del Tiris, cerca de la frontera con Mauritania, que cuenta con varios construcciones entorno a un pozo de agua donde bebe el ganado.

    8. Conjunto de montañas que se encuentran situadas en la zona sur de Tiris.

    9. Zona plana con pocas acacias y muchos arbustos que se encuentra en la zona sur de Tiris.

    10. Zona de Tiris que se encuentra con la frontera de Mauritania.

    11. Montaña que se encuentra en el límite de Tiris con Adrar Sutuf, zona sur-oeste del Sáhara Occidental.

    12. Montaña que se encuentra en el límite de Tiris con Adrar Sutuf, zona sur-oeste del Sáhara Occidental.

    13. La lengua-dialecto que se habla en el Sáhara Occidental y Mauritania.

    14. Es un lagarto típico del Sáhara Occidental.

    15. Conjunto de montañas que se encuentra en la zona centro de Tiris.

    16. Planta característica del Sáhara cuyos palos usan los nómadas para limpiarse los dientes.

    17. Es un término de la lengua árabe relacionado con la suerte y la gracia.

    Fuente : Generación de la amistad, 15 ago 2019

    Tags : Sahara Occidental, literatura, cultura, Tiris,

  • La cultura saharaui. Una cultura milenaria en un contexto conflictivo

    El Sáhara Occidental se corresponde con la antigua colonia española del mismo nombre y está situado en el reborde atlántico del gran desierto del Sáhara. Se extiende entre el río Uad Draa, al norte, en relación a Marruecos; la península de Ras Nouadhibou (antiguo cabo Blanco), al sur, en relación a Mauritania; y el desierto del Sáhara, por el este, en los límites fronterizos de Argelia, en su mitad norte, y Mauritania, en la sur.

    El desierto del Sáhara es un vasto territorio que cruza de este a oeste casi toda la franja septentrional del continente africano, con una extensión de unos diez millones de km2, lo que le convierte en el mayor del mundo. Dado su carácter cálido, es un medio inhóspito para la vida en general. Su escasa vegetación tiene como excepción la que se concentra en los limitados oasis existentes. Este hábitat tan adverso ha condicionado que los grupos humanos que llevan viviendo durante al menos tres milenios hayan adquirido unas formas de vida predominantemente nómadas y una organización social tribal, con una fuerte presencia de los lazos consanguíneos.

    La situación política surgida desde la década de los 70

    El Sáhara Occidental es un territorio incluido dentro del Comité de Descolonización de la ONU, sin que hasta la fecha se haya solucionado el contencioso internacional surgido en noviembre de 1975, tras la firma de unos acuerdos secretos entre los gobiernos de España, Marruecos y Mauritania; y la ocupación militar de Marruecos y Mauritania desde 1976, mantenida sólo por Marruecos desde 1979.

    Marruecos denomina al territorio ocupado con el nombre de provincias meridionales, aunque en la práctica sólo tiene controladas las dos terceras partes del mismo, delimitadas mediante un muro o berma de unos dos mil kilómetros de longitud, cuya franja oriental se encuentra controlada por la República Árabe Saharaui Democrática, fundada en 1976. A lo largo de estos años ha organizado una explotación de los recursos naturales, administradas por empresas en su mayoría francesas y españolas, que operan preferentemente en la minería (fosfatos) y la pesca. A la vez el gobierno ha fomentado el asentamiento de población procedente del propio Marruecos. Resulta difícil ofrecer una cuantificación del conjunto de la población existente y su reparto según la procedencia, pero se estima que está en torno a unas 270.000 personas, la mayoría saharaui.

    En 1976 se fundó la RASD, actualmente reconocida por alrededor de 70 países. Aunque su Constitución contempla como territorios propios los ocupados por Marruecos, su asentamiento real se encuentra en el territorio cedido temporalmente por Argelia en la zona de la Hamada de Draa o Tindouf, donde habita parte de la población que se refugió en 1976 al inicio de la guerra contra Marruecos y Mauritania. En la actualidad esta población exiliada está cuantificada en unas 200.000 personas.

    Toda esta situación ha hecho que resulte complejo hacer una delimitación política y poblacional clara del territorio.

    Los orígenes del pueblo saharaui

    Parece extendida la idea que el pueblo sanhaja es el antecesor de los distintos grupos bereberes que acabaron asentados en la mitad oeste del norte de África hace unos 3.000 años. Distintos avatares históricos en los siglos siguientes fueron dando cierta personalidad a uno de los grupos que acabaron conformándose en la parte occidental del desierto del Sáhara. Entre dichos avatares se encuentra la relación con otros pueblos, como el soninke (situado más hacia el sur y de piel negra) e incluso un grupo beduino árabe procedente del Yemen, éste en el siglo XIII; o la islamización religiosa y cultural, iniciada entre los siglos VII y VIII, paralela a la de los pueblos de la parte más septentrional del continente, y consolidada con la expansión almorávide, en el siglo XI, y la presencia del grupo árabe yemení, en el siglo XV. Los grupos tribales sahararuis occidentales en su mayoría tenían un carácter nómada, influidos en distinto grado por las poblaciones sedentarias asentadas en sus extremos más septentrional y meridional.

    La población resultante de las fusiones de las distintas etnias, con predominio del elemento árabe-bereber, era fundamentalmente nómada, dedicándose al pastoreo; en menor medida, al comercio a través del desierto, en ruras que iban en las direcciones este-oeste y norte-sur; y a la pesca, en las zonas próximas a la costa atlántica.

    El contacto con el mundo europeo occidental data del siglo XV, en el momento en que varios estados de esta parte del continente iniciaron una expansión territorial hacia el sur de África, en busca de rutas, recursos y mano de obra esclava. Pero fue el colonialismo del siglo XIX, concretado con la ocupación progresiva por parte de España desde finales de siglo, lo que alteró en parte la situación de las tribus del desierto, no tanto por lo que supuso de ruptura con las formas tradicionales de subsistencia como por la pérdida de la soberanía que los distintos grupos tribales ejercían libremente y sin injerencias externas. Fue una situación que no estuvo exenta de conflictos hasta los años 30 del siglo XX, bien en forma de enfrentamientos, más o menos abiertos, como de resistencias.

    El proceso descolonizador de las antiguas colonias en todo el mundo, auspiciado finalmente por la ONU, tuvo como culminación la demanda por este organismo a España en 1965 del inicio del proceso correspondiente. Pese a ello, las demandas territoriales por parte de Marruecos y Mauritania acabaron con la firma en noviembre entre los gobiernos de los tres estados de los llamados acuerdos tripartitos, mediante los cuales de facto los dos primeros estados acabaron repartiéndose el Sáhara Occidental y España se desentendió de su responsabilidad como antigua potencia colonial. Pese al dictamen del Tribunal Internacional de Justicia de La Haya en 1975, y las reiteradas resoluciones de la ONU, la OUA y la UA, Marruecos las ha incumplido, aprovechándose del apoyo que tiene de potencias como Francia y EEUU, y la política ambigua mantenida por los gobiernos españoles, que, sin negar el derecho a la autodeterminación que le asiste y le reconoce la ONU, se niega a aplicar una política de apoyo efectivo hacia el pueblo saharaui, prefiriendo una situación de statu quo con su vecino del sur y sus aliados occidentales.

    Una cultura milenaria

    La cultura saharaui occidental, milenaria en sus orígenes y desarrollo, se inscribe en un ámbito territorial muy limitado para el desenvolvimiento de los grupos humanos, a la vez que corresponde a una población muy reducida en número. A esto hay que unir las interferencias políticas que está sufriendo especialmente desde 1975, momento en que se inició la ocupación militar por Marruecos. Todo ello no impide que se pueda hablar de una cultura específica, con lazos de diversas índole con nuestro país, derivados de la presencia colonial durante aproximadamente un siglo y también de las relaciones que numerosas personas, organizadas en grupos de apoyo a su causa, mantienen.

    Se trata de una cultura viva que mantiene elementos tradicionales, muy ricos en sus formas y contenidos, y que ha aportado nuevos elementos, en unos casos producto de una reinterpretación de los tradicionales en un contexto nuevo y en otros casos surgidos en la misma realidad actual.

    Los componentes principales de la cultura saharaui

    La cultura saharaui se ha ido conformando a lo largo de un proceso histórico, que le ha permitido dotarse de una personalidad propia, creada entre por la confluencia de sus propias tradiciones y las que sucesivamente han ido aportando otras cultura. En este sentido se han destacado cuatro grandes componentes de la cultura saharaui actual, originados en épocas históricas más antiguas, a los que habría que unir un quinto componente más reciente en el tiempo: la tradición ideológica que representa el Islam; las prácticas económicas en el marco de división de tareas entre varones y mujeres; la organización familiar tradicional; el equilibrio poblacional entre varones y mujeres; y la situación socio-política creada desde 1975 (Niño y Marvena).

    En todos estos componentes se ha destacado como un elemento clave, que ayuda a integrarlos y darles una coherencia de conjunto, el papel que juegan las mujeres, algo que resulta relevante en sí mismo y en relación a las culturas más cercanas y de una manera especial la cultura marroquí, que desde las últimas décadas ha entrado en conflicto con la saharaui.

    La tradición islámica

    Se trata de un componente que resulta común a todos los pueblos situados en el norte de África, desde la costa mediterránea hasta las zonas situadas al sur del desierto, y que incluye además a Marruecos. Pese a ello, el pueblo saharaui ha ido creando desde siglos atrás una serie de rasgos propios, desde el mantenimiento de algunos hasta el mestizaje con otros, que le han ido confiriendo su propia personalidad. Uno de ellos es el papel que ha jugado la mujer, siempre desde una mayor libertad de acción, que con frecuencia se ha interpretado como prácticas contrarias al Islam. Así se explica la costumbre de la cara destapada, los juegos eróticos entre jóvenes en algunas tribus, etc.

    Partiendo de la consideración del Islam no sólo como una religión, sino como una forma de vida, la interrelación del pueblo saharaui con el medio donde viven ha hecho que se haya hecho una adaptación de los rituales propios de la religión al propio entorno. Así, por ejemplo, la purificación con agua antes del rezo en las mezquitas se hace en el desierto con arenas y piedras.

    La misma literatura se circunscribió en otras épocas dentro de la tradición islámica, con predominio de las formas orales de transmisión, pero sin olvidar también las escritas. Entre las primeras se encuentra la lejtá, en la que se improvisaban poemas como una forma de sublimación de las rivalidades tribales. Y entre las segundas, la lejna. Hoy se mantiene viva una gran creatividad literaria, donde la poesía cobra un valor importante.

    Las prácticas económicas

    Partiendo del carácter predominantemente nómada de la cultura saharaui, el papel que juegan las mujeres resulta más relevante, con una menor presencia de los elementos patriarcales. Esto se ha traducido en una importante presencia de las mujeres en la vida económica, algo que ha contrastado con la que han tenido en las culturas vecinas del norte. Si la vida nómada ha exigido una permanente movilización de todo el grupo familiar, la división de tareas en relación al sexo-género ha conllevado que las mujeres hayan tenido una posición importante en las que le correspondían, independientemente de las responsabilidades asignadas en el marco de la organización del núcleo familiar.

    En la actualidad el nomadismo sigue existiendo y, aunque no es un elemento residual, sí va adquiriendo menor importancia en relación a las distintas actividades económicas realizadas tanto en los territorios ocupados como en la Hamada del Draa. Su mantenimiento refleja no sólo formas económicas y sociales que en el pasado fueron preponderantes, sino también otras formas que reproducen simbólicamente elementos propios de su identidad colectiva.

    Organización socio-familiar

    La sociedades nómadas tienen en los lazos de consanguinidad uno de sus rasgos sociales más característicos. La relación entre la familia y la tribu se convierte en la forma como se imbrican las personas en el conjunto social. Los jefes de familia suelen conformar estructuras de control y gestión mediante asambleas de tribales, que en la cultura saharaui se ha denominado yemáa. Fue utilizada desde 1934 por España como institución intermediaria entre la población saharaui y la metrópoli colonial, y llegó a ser utilizada por Marruecos entre 1975 y 1976, el momento en que se estaba dilucidando el futuro del Sáhara. La organización política de la RASD, sin embargo, ha eliminado esa institución por su naturaleza elitista, al dotar a una minoría de la toma de decisiones, sustituyéndola por un parlamento, órgano del poder legislativo, al que denominan Consejo Nacional saharaui.

    Resulta propio de las sociedades menos evolucionadas el mayor componente matriarcal en la organización familiar y, como consecuencia, en la social, en la medida que ésta tiene un importante componente de lazos consanguíneos. Es el caso de las sociedades nómadas, uno de los rasgos del pueblo saharaui. A lo largo de los últimos siglos, en parte por influencias de los pueblo vecinos, se fue dando una progresiva erosión de las viejas formas matriarcales hacia otras patriarcales, con el consiguiente predomino del varón en general y del patriarca en particular. Pese a ello se han ido manteniendo elementos de la tradición matriarcal, como son la práctica del noviazgo sin obligación de casarse, la autonomía para elegir al marido, el mantenimiento de su apellido familiar, el derecho al divorcio, la obligación por el marido/padre de contribuir económicamente al manteniendo de los hijos e hijas, etc.

    En este modelo de relaciones son frecuentes las fiestas que por distintos motivos se realizan, incluidas las relacionadas con los divorcios de las mujeres, una muestra de que no son percibidas como un trauma. Las noches son los momentos donde se manifiesta la libertad de acción de las propias mujeres, dentro de unas formas donde a la costumbre antigua del uso de la henna para pintarse las manos y los pies, se une la representación de dibujos geométricos y simbólicos, algunos presentes en restos de cerámica de hace cuatro mil años.

    El equilibrio poblacional entre varones y mujeres

    El equilibrio poblacional entre el número de varones y mujeres en la mayor parte de las sociedades y de las épocas ha sido precario, debido a causas diversas, pero donde el factor biológico (mayor resistencia del organismo de las mujeres) y diversas prácticas socio-culturales, como la guerra, han resultado favorables a las mujeres. En el caso de las sociedades del desierto ha ocurrido lo mismo, lo que ha permitido explicar la práctica de la poligamia. Entre las tribus saharauis, sin embargo, el número de varones ha tendido a ser superior. En la actualidad este reparto resulta diferente según el espacio al que nos refiramos. Así, en los campamentos de refugio en la Hamada hay un mayor número de mujeres, mientras que en las zonas ocupadas hay más varones. Esto en parte se explica por el hecho de que en la población que huyó desde 1975 había más mujeres, o que las secuelas de la guerra y la resistencia contra Marruecos haya afectado de una forma más directa a los varones, con muertes o encarcelamientos en prisiones.

    La situación socio-política creada desde 1975

    Este componente es el más reciente, producto de la confrontación con Marruecos, en mayor medida, y Mauritania, hasta 1980. De esta manera la lucha política que este pueblo viene desarrollando en lo territorios ocupados y en la zona de la Hamada desde la década de los 70 se ha complementado con el desarrollo de distintas prácticas, bien tradicionales o bien nuevas, que no han hecho más que consolidar su identidad, pese a la aparición de nuevos elementos, que han sido producto del contacto con determinados países y la dimensión más intensa que tienen las relaciones entre países y culturas en el contexto de una sociedad globalizada y altamente tecnificada.

    Es así como se entiende la relevancia que las mujeres han ido manteniendo y en algunos aspectos también aumentado, donde han ido confluyendo elementos tradicionales, las necesidades de la nueva situación y una mayor conciencia del papel que deben jugar en la época actual. Las mujeres saharauis muestran una imagen de personas con un gran grado de autonomía, una gran responsabilidad social, al margen de la tradicional familiar, y una importante presencia en algunos ámbitos de la vida pública, a veces abrumadora. Esto no quita para que se pueda hablar de una equidad entre los géneros y especialmente en los principales ámbitos de decisión.

    Esta realidad explica en parte que en los campamentos de refugio de la Hamada del Draa en las mujeres recaiga la mayoría de las tareas (Niño y Mervena), como la administración de recursos, la producción de manufacturas, la educación, la sanidad…; o que ocupen de una forma abrumadora los cargos municipales (95%), y de los comités de barrio (100%) y locales (80%). Lo que contrasta, no obstante, con que esta responsabilidad sea menor en los comités regionales (45%), el parlamento (11%) o el gobierno (sólo hay una ministra, que representa el 4%). Quizás también explique el papel que muchas mujeres de las zonas ocupadas están jugando en la resistencia contra Marruecos, como es el caso de Aminatu Haidar, de una larga trayectoria en su lucha, y otras tantas mujeres que salieron en parte a la luz cuando protagonizó su huelga de hambre a finales de 2009.

    Las relaciones con algunos países, entre los que destacan Argelia, Libia, España y Cuba, están permitiendo ampliar los horizontes incluso hacia otros continentes. Si con Argelia y Libia existe una mayor proximidad cultural, con España y Cuba se da el contacto con realidades muy distintas, a la vez que variadas. A esos países acuden jóvenes de los dos sexos a formarse en estudios secundarios y universitarios. En el caso de España existe la práctica muy extendida del acogimiento temporal en familias de niños y niñas, o las continuas visitas que se hacen a los campamentos del desierto, lo que pone a la luz la enorme solidaridad existente entre amplios sectores de la población española con el pueblo saharaui. Se ha destacado que en esos países “no pierden los elementos constitutivos de su cultura, mantienen su religión, la ceremonia del té, lo cual hace menos traumático su regreso a la realidad del exilio en la Hamada”, una vez que han finalizado sus estudios (Niño y Mervena).

    El mundo de la educación es un ámbito donde las relaciones con otras culturas están presentes. Así, el sistema escolar tiene establecido a partir del cuarto curso la enseñanza de la lengua castellana, de manera que con la árabe, en su dialecto hassaní, es una de las dos lenguas oficiales y de relación con el mundo.

    Para acabar

    Hay un proverbio saharaui que dice: « los momentos difíciles se superan con calma ». Quizás esa paciencia es la que está permitiendo a este pueblo que, al menos, pueda seguir sobreviviendo en un contexto tan conflictivo.

    En Barbate, a 14 de abril de 2009

    Documentación de referencia

    Bibliografía sobre la cultura saharaui

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    Vídeos

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    Fuente : Entre el mar y la meseta, 6 marzo 2011

    Tags : Sahara Occidental, Marruecos, Frente Polisario, España, descolonización, cultura, tradición,

  • Cuenta una leyenda saharaui

    Saleh Abdalahe

    Cuenta una leyenda saharaui, que en aquellos tiempos de las caravanas que iban cruzando el desierto en busca de pastos, agua y mercancias ya lejanas en nuestras memorias, una madre se acercó a su hijo, al que acababan de cortale la cresta de pelo que llevaba como niño, porque cumplía trece años y de hecho ya se consideraba un hombre preparado para las más largas y duras travesías del desierto. Cuando preparaba su montura aquel hombrecito, su madre que sabe por propia experiencia la conducta del desierto, le toma la mano y le dice:

    – Hijo, me alegro que ya eres un hombre como tu hermano, pero hijo antes de ir en esta caravana debes tener en cuenta lo que te voy a decir:

    -Ya que estas decidido a ir con los hombres, te diré, si sientes cansancio no lo digas, si sientes sed o hambre no lo digas, pero hijo si una piedrecita del camino se cuela en tus zapatos puedes decirles que te esperen para quitártela.

    Fuente: Generación de la Amistad Saharaui, 5 ago 2006

    Tags: Sahara Occidental, cultura, literatura, leyendas,

  • Muerte del cantante sudafricano Johnny Clegg, el « blanco zulú » que luchó contra el apartheid

    El músico tuvo un éxito particular con « Asimbonanga », una canción dedicada a Nelson Mandela, en 1988. Sucumbió a un cáncer con el que había estado luchando durante varios años.

    El músico sudafricano Johnny Clegg, apodado « Zulú blanco », murió el martes 16 de julio de cáncer, dijo su gerente a la cadena de televisión pública SABC. « Johnny murió en paz hoy, rodeado de su familia en Johannesburgo (…), después de una batalla de cuatro años y medio contra el cáncer », dijo Rodd Quinn. Tenía 66 años. « Jugó un papel importante en Sudáfrica al introducir a las personas a diferentes culturas y reunirlas », agregó el gerente en un comunicado. Nos mostró lo que significaba abarcar otras culturas sin perder la identidad de uno. « 

    Johnny Clegg se inspiró en la cultura zulú para crear una música revolucionaria donde los ritmos salvajes africanos conviven con la guitarra, el teclado eléctrico y el acordeón. Cantante comprometido contra el apartheid, Johnny Clegg había tenido éxito con su banda Savuka. En 1988, su canción Asimbonanga (« No hemos visto ») fue dedicada a Nelson Mandela, quien en ese momento era un prisionero y cuyas fotos fueron prohibidas.

    Prohibido durante el apartheid

    Durante las peores horas del régimen racista, sus canciones fueron prohibidas. Para sortear la censura, se vio obligado a actuar con su grupo Juluka, formado con el músico zulú Sipho Mchunu, en universidades, iglesias, hogares de inmigrantes y hogares. « Tuvimos que hacer mil y un trucos para sortear las innumerables leyes que impedían cualquier acercamiento interracial », declaró a la Agencia France-Presse en 2017.

    Sin embargo, la intratable policía del apartheid prohibió algunos de sus conciertos y el cantante fue arrestado repetidamente, acusado de violar las leyes sobre la segregación racial. El gobierno racista blanco tampoco pudo tolerar que una de sus personas se inspirara en la historia y cultura zulúes.

    En el extranjero, sin embargo, especialmente en Francia, Johnny Clegg encontró rápidamente una audiencia. « La gente estaba muy intrigada por nuestra música », explicó el cantante y bailarín, adepto a los conciertos muy físicos. En 1982, el lanzamiento de su álbum « Scatterlings of Africa » ​​lo impulsó a encabezar las listas en Gran Bretaña y Francia.

    Cinco años después, se afirma como un artista « político » con el título Asimbonanga (« No hemos visto » en Zulu), un éxito mundial dedicado a Nelson Mandela, el héroe de la lucha contra el apartheid. luego encarcelado en la isla Robben (Sudáfrica). La única mención del jefe del Congreso Nacional Africano (ANC) está entonces estrictamente prohibida. El régimen de Pretoria prohibió el título.

    Pocos años después del fin del apartheid, el autor y el héroe de esta canción, ahora gratuita, se encontraron en el escenario de Frankfurt (Alemania) para un concierto tan mágico como inesperado. Mientras Johnny Clegg cantaba « Asimbonanga », el público se había levantado como un solo hombre.

    « Vi a alguien detrás de mí que subía al escenario bailando (…). ¡Era Mandela! Fue un shock. Ni siquiera sabía que estaba allí « , dijo Johnny Clegg al semanario francés Le Nouvel Observateur. Al final de la canción, Mandela había lanzado en su voz, al micrófono: « Es la música y la danza que me ponen en paz con el mundo ».

    Nacido dos veces

    Nacido en 1953 en el Reino Unido de padre británico y madre zimbabuense, cantante de jazz de cabaret, Johnny Clegg llega a la edad de siete años en una Sudáfrica donde reina la minoría blanca sobre una mayoría negra. Iniciado en las culturas locales por su periodista suegro, Johnny Clegg afirma que su rechazo al apartheid no es político.

    « No estaba motivado políticamente sino culturalmente. Me gusta la música y el baile « , explicó simplemente. Con los ojos abiertos en un país tuerto, se desliza a 15 años en las casas de los trabajadores negros, desafiando las prohibiciones. Allí descubre los bailes y melodías zulúes y se invita a bailar en secreto con las tropas tradicionales.

    Cuando el apartheid finalmente cae en 1994, « es como si todos hubiéramos nacido por segunda vez », dice. Pocos años después, el entusiasmo dará paso a las dudas. « La pelea fue más simple una vez. Vivimos aquí en un túnel, separado del resto del mundo, nos definimos « contra », liderando una batalla que enmascaró a todos los demás. « 

    « Hoy (…) nos enfrentamos a toda una serie de problemas y conflictos relacionados con la pobreza, la construcción de la nación, el SIDA y la globalización. « 

    Después de otra remisión de cáncer de páncreas diagnosticada en 2015, lanzó dos años más tarde en una gira mundial de despedida que logrará honrar todas las fechas, la última en 2018.

    « Tuve una carrera gratificante de muchas maneras (…) al reunir a las personas a través de canciones, especialmente en un momento en que parecía completamente imposible », dijo el músico que vendió más de 5 millones de álbumes.

    Tags : Sudáfrica, Johnny Clegg, música, cultura, zulú, Nelson Mandela, racismo, appartheid,

  • La poesía saharaui de Salka Embarek presente en las “Lecturas poéticas para sembrar la paz en Extremadura”

    *Redacción: Poemario por un Sahara Libre sobre información y fotos de Paz Extremadura Colombia. 8 de julio de 2019

    Durante cuatro jornadas se han celebrado en Extremadura una serie de Lecturas poéticas para sembrar la paz «Prestadme la ternura, prestadme la palabra», en pro de la construcción de paz y los Derechos Humanos, con poetas de distintas partes del mundo: Colombia, México, Sahara Occidental, “en donde la violencia, generada por los gobiernos, reyes y mafias paramilitares, es soportada por la población civil, que lucha para lograr su libertad, su derecho a la tierra y su identidad”.

    Con la idea de hacer de la poesía “una herramienta transformadora”, el festival ha acogido a la causa saharaui, que ha estado presente con fuerza en el ciclo de poesía por la paz de la mano de la poeta Salka Embarek, miembro del grupo de poetas saharauis Generación de la Amistad. La poeta y activista explicó en la rueda de prensa celebrada en Psicopompo Librería-Café de Cáceres que intenta a través de la poesía ejemplificar la lucha de la población saharaui en territorios ocupados, e invitar “a la resistencia activa y luchadora”. La poeta pretende que su palabra “sirva de estímulo a todos los que están cada día jugándose la vida” en los territorios ocupados del Sahara Occidental.

    Organizado por la Plataforma Extremeña de Solidaridad con Colombia, Paz Extremadura Colombia, Asociación Ayujara y Asociación Extremeña de Comunicación Social (Aecos), el festival ha supuesto “un periplo por distintas regiones de Extremadura en las que se ha hablado de resistencia pacífica, del derecho de los pueblos a habitar sus tierras, del reconocimiento de la lucha, y en donde ha confluido la palabra digna con la expresión poética al servicio de la libertad”.

    Además de los poetas internacionales Salka Embarek (Sahara Occidental), Cristina Boyacá (Colombia) e Iván Vergara (México), han participado en este festival literario los poetas María Ángeles Maeso (Soria), Rosa Lencero (Extremadura), Ángel Calle Collado (Valle del Jerte) y la actriz colombiana Erika Montoya, residente en La Vera, además del violonchelo de Mariola del Pozo.

    La primera de las veladas poéticas tuvo lugar en San Vicente de Alcántara el pasado miércoles 3 de julio, donde los poetas “encendieron una luz que simboliza el fuego protector, es decir, la palabra, como alumbrador de un camino” que concluiría el sábado día 6. La siguiente lectura poética tuvo lugar en el Teatro Municipal de Zafra, el jueves 4 de julio. El tercer y penúltimo encuentro tuvo lugar el viernes 5 de julio bajo la luz de la luna y en los jardines de la piscina municipal de Casar de Cáceres; fue una velada muy emotiva y especial, en la que estuvieron presentes algunos niños y niñas saharauis acogidos por familias extremeñas dentro del programa ‘Vacaciones en Paz’ (Federación Sáhara Extremadura). El sábado, 6 de julio, se celebró el cuarto y último encuentro poético en los jardines del Museo Pérez Comendador-Leroux de Hervás.

    Fuente: Generación de la Amistad, 8 jul 2019

    Tags : Sahara Occidental, cultura, poesía, Salka Embarek,

  • Sahara Occidental : el rap al servicio de la causa

    Rap saharaui : Zuar Assahra gaymin

    Zowar Alsahara es una canción guerrillera saharaui de los inicios de la guerra contra el reino Alauita de Marruecos para liberar al Sahara Occidental. 44 años después de la invasión marroquí est@s jóvenes raper@s de los Territorios Liberados Saharauis versionan esta canción popular en formato rap para denunciar la injusta situación que sigue sufriendo el pueblo saharaui.

    PROYECTO COORDINADO POR

    Horma Aziz Haidar y Cherra Narbona

    CANTANTES

    Aichetu Ali Ibrahim Balid

    Fatimetu

    Iza Mohamed Lamin

    Lammat Mohamed Lamin

    Brahim Matah Sidibulla

    Rabab

    Brahim Yahdih Gaid Saleh

    Alaza Abdi Yahdih

    GRABACIÓN Y MASTERIZACIÓN

    Cherra Narbona

    MONTAJE VIDEOCLIP

    Jesús González

    CÁMARA

    Fiko Guzmán y Luis Vázquez

    TRADUCCIÓN

    Zarga Abdalaje Abdi

    AGRADECIMIENTOS

    Al colegio de Tifariti y tod@s l@s participantes del festival ARTifariti 2018

    [youtube https://www.youtube.com/watch?v=2ko6IRh4pH8&w=560&h=315]

    Tags : Sahara Occidental, Frente Polisario, Marruecos, rap, saharaui, música, cultura, lucha,

  • Los ojos apagados: relato de un saharaui

    Soy un guía. Siempre he sido un guía. Hoy, para complacerme, los guerrilleros dicen que soy « el libro del Sahara ». Pero sé que hay otros saharauis para quienes el desierto no tiene secretos.

    Los compañeros me llaman Mahmud, a veces Embarek. Los padres prefieren Salek. De hecho, mi nombre completo es Emhamed Mahmud Brahim Essalek. Es largo, ¿verdad? Como mi vida. No puedo decirles cuán infinitos me parecieron estos 50 años pasados en el desierto. Cuando veo algunas colinas o algunas pistas, me da la impresión de que tengo más memoria que las arenas. Sé, eso sí, que soy más viejo que las arenas de Fadrat Tijrit, esas no existían hace 20 años. Es el viento que las ha engendrado desde entonces. El viento del oeste, porque golpea las laderas con fuerza.

    Creo que siempre supe que mis padres querían hacer de mí una clave, una pista, un guía que diga el destino de los caminos, los diseños secretos de los ríos secos, los secretos de las arenas y las plantas. Mi abuelo, que participó en varias batallas contra los europeos, a menudo me decía: « Aprende bien tu país, conviértelo en un arma porque aquellos a los que rechazamos hoy volverán después ». Apenas tenía cinco años cuando mi abuelo me encomendó a un comerciante de plata que cruzaba el Sahara.

    Aprende el desierto

    El padre Othmane, así se llamaba, me enseñó sobre todo a callarme para escuchar mejor. Escuchar a la gente, a los animales también, a las piedras, a las plantas, al viento. Semanas después de un encuentro, me exigía que describiera fielmente a la gente y el lugar, que repitiera los términos intercambiados y el tono de las voces escuchadas. Cuando el padre Othmane estaba de buen humor, hablaba sobre todo de un desierto que yo nunca conocí.

    Debido a que estábamos constantemente sobre nuevas pistas, el Padre Othmane me enseñó a leer las estrellas. Hoy, es un cálculo muy complicado para mí explicar lo que entiendo, lo que naturalmente sé. Anteriormente, era necesario no solo que yo diera la respuesta exacta, sino también que dijera por qué lo era. Conozco la hora de las estrellas, el momento en el que aparecen al anochecer en el horizonte, y cuando desaparecen en el infinito. Conozco los desfases según los meses y las estaciones, sé sobre qué tierras se alzan las estrellas y hacia qué ciudades morirán. Cuando por la noche, el conductor del Land-Rover en el que estoy, frena bruscamente al ver los faros de un vehículo allá a lo lejos, sólo necesito unos pocos segundos para saber que no ses más que de una estrella y de cual se trata. Por supuesto, me divierte la inocencia del conductor, al igual que la manera con la que mi primer maestro se divertía con la mía.

    Cuando el vendedor de plata se instaló definitivamente en Noudhibu, regresé a mi tribu que nomadadizaba en ese momento entre Guelta Zemmour y Smara. Tenía 12 años y estaba sediento de conocer niños de mi edad. Mi madre me ofreció dos camellas, y otra de mi tía y me vio irme hacia el campamento de mi tío Salem, mi segunda escuela, la de los pastos y la paciencia. Un anciano tuerto, con el que me entretuve imitando a los mercaderes del sur de Mauritania, me convenció de que el círculo de las palabras es muy pobre, el del comercio aún más y que el secreto de la naturaleza era el único problema que merecía dedicación. Comprender y escuchar el espacio, adivinar el viento y descifrar sus carreras, conocer el sabor de las plantas y los meandros de la sed, vivir en la luz siempre, todo el tiempo y no desesperar, ese era el misterio. Pasé días y noches, a mi pesar, explorando el horizonte para localizar animales extraviados, leyendo las huellas y a escuchar los vientos y las arenas. Me convertí en un digno alumno del desierto y aprendí poco a poco la experiencia de la cría de ganado. Así, poco a poco fui asimilando plantas y animales, las piedras y las estrellas. Mucho antes de mi boda, podía decir si esta o aquella región contenía agua, a cuánta profundidad y en qué época del año.

    El silencio y el sol borraron lentamente los sueños de mi infancia. Mi memoria está poblada solo por horizontes, piedras y arena. Me acuerdo.

    Haz de eso un arma

    El tuerto sacó un pequeño saco y me preguntó de dónde provenía la arena. No supe qué responder, y con razón, el saco contenía arena de Arabia. La vergüenza de la ignorancia era lo que más temía. Para no volver a sufrirla, me comprometí a coleccionar muestras de tierra. Tomé un puñado de arena de cada región que descubría. Finalmente, cuando otros muchachos estaban orgullosos de tener mantequilla fresca, lo único que yo tenía como fortuna era unos sacos de arena, y mi ganado llevaba el nombre de mi padre.

    A menudo me hacía preguntas sobre las recomendaciones de mi abuelo sobre el enemigo que algún día regresaría al Sahara y cuyo turno me tocaba a mí combatir. Sin embargo, estaba desesperado por ver a los otros niños ignorar todo sobre esta amenaza, los imperativos que exigía. Hoy, por supuesto, me doy cuenta de que realicé lo que mi abuelo esperaba de mí: conozco el desierto, conozco muchos de sus secretos. Es este conocimiento que hace esté seguro del fracaso de los soldados marroquíes. No tienen ni idea del espacio, no conocen el terreno. No tienen ninguna enseñanza de estas montañas, estos ríos muertos, este sol implacable, estas estrellas caprichosas, de estas arenas tan movedizas como lo son los guerrilleros. ¿Cómo pueden creer en una victoria que la naturaleza obviamente les niega, eso es lo que aún me sorprende y hace que me dé cuenta de que el mundo ha cambiado, que las armas nos han hecho creer que eran la única clave de la guerra. Una guerra entendida fuera del tiempo y del espacio es solo el sueño de un loco. El mercader de plata lo habría dicho, estoy seguro.

    Sí, a menudo se lo digo a los jóvenes revolucionarios que me hacen hablar del Sahara y no lo han conocido. Les recuerdo que no tienen ningún lugar fuerte para defender, que tienen todo el desierto para moverse, que nunca deben participar en una batalla decisiva, sino fraccionar la defensa de su país en mil y un ataques potentes y móviles, teniendo el tiempo a su servicio, a su favor. No, no, no tengo estos consejos desde mi infancia. Sólo hay que buscar en cada cosa, tratar de adivinar el comportamiento de elementos del desierto en conflicto. Eso es lo que suelo hacer. Los marroquíes proceden como bestias pesadas que ponen todo su ataque en un asalto. Sería necesario si el espacio se lo permitiera, si tuvieran un objetivo para atacar. Pero solo encuentran fantasmas delante de ellos. Fantasmas que se aliaron con los vientos, el frío, las quemaduras mortales del sol, la sed del desierto y el tiempo que pasa, que consume y que destruye.

    Sí, ya sé que la naturaleza humana es impaciente. Mis jóvenes compañeros no siempre saben estar a la altura del desierto. En lugar de dejar que el convoy enemigo caiga en una región con poca capacidad defensiva, se apresuran demasiado pronto y pierden, así, parte de la ventaja. El conocimiento del terreno les ha dado ejemplos inolvidables, las batallas de Amgala, de Gueltet Zemmour, Tafoudart y otras muchas.

    Como ? No, desgraciadamente, ya no estoy en el combate propiamente dicho. Mis ojos se han extinguido por el sol de las pistas y las armas de los guerrilleros me son más extrañas que las nieves. Sólo soy un guía. Un guía. Mis amigos, para complacerme, dicen que soy « el libro del desierto ». Pero sé que hay otros saharauis que tienen una inagotable memoria del desierto. Ellos ven bien. Solo mis dedos me hablan de la finura de la arena que piso …

    Fuente: Sahara-Info, marzo-abril de 1980.

    Etiquetas: Sahara Occidental, Marruecos, desierto, terreno, guía, cultura,

  • En el Sáhara, la lengua castellana forma parte de la identidad saharaui

    A quién pertenece el español ?*

    « (…) y esto es enriquecer la lengua, sobre quien tienen poder el vulgo y el uso ». Don Quijote de La Mancha

    El idioma español se extiende hoy por todo el planeta ; es la lengua más importante del mundo y la tercera más hablada, con 400 millones de parlantes. El castellano, tal como hoy lo conocemos, es fruto de un proceso de decantación de más de un milenio, a lo largo del cual las diversas lenguas de los habitantes de la Península Ibérica se fueron modificando por influencia de romanos, visigodos y árabes.

    Hacie el final del siglo XV, la lengua española se fue imponiendo sobre otros idiomas y dialectos y cruzó los océanos para llegar a las Américas y el Caribe, y siglos más tarde a Filipinas y las plazas africanas Sahara Occidental y Guinea Ecuatorial. Allí engendró raíces, asentó bases de convivencia y dejó un indestructible legado para mucho pueblos.

    Un idioma se considera propio y patrimonio cultural cuando entre sus parlantes déjà enraizado un legado literario e histórico.

    Se considera propio y patrimonio cuando ese legado es utilizado para crear, imaginar, ensayar, relatar o simplemente hablarlo de manera coloquial ; cuando su dominio hace surgir grandes oraddores, extraprdinarios diplomáticos, resonados poetas, conocidos escritores e historiadores.

    También es patrimonio cuando en parte identifica y diferencia a sus hablantes a través del correcto uso y dominio gramatical. Con estos elementos anteriormente mencionados podemos conocer a quién pertenece el español.

    Como anécdota vinculante a la historia del español en el Sáhara, unos turistas españoles iban desorientados atravesando parte del territorio en dirección hacia la vecina Mauritania, cuando een su camino se encontraron con unos pastores de dromedarios. « ¿Cómo entendernos con estos pastores para que nos ayuden ? », era la pregunta que se hacían. Cuál fue la sorpresa de los turistas al dirigirse a aquellos pastores. Ante sus atónitas miradas sonaban saludos y preguntas en un correcto español, « Hola, de dónde venís ? ». « El milagro de las lenguas ! », exclamó uno de los turistas, sorprendido de que estuviera sucediendo aquella conversación en su lengua materna hablada por un pastor en un lugar materna hablada por un pastor en un lugar ignoto del desierto.

    De esta anécdota podemos sacar una conclusión y es que el español como idioma pertenece a toda cultura cultura o sociedad que lo habla. En este sentido habla el perdiodista saharaui Hamdi Yahdih « (…) Malik Hadad, autor argelino que escribía en francés, fue el eco tronante y triste que resumió todos los aspectos del desarraigo cuando dijo : La lengua francesa es mi exilio.

    Desde entonces el eco se repite en todas las gargantas de los escritores que se encuentran exiliados, presos, o asfixiados por una lengua extranjera, máxime si es la del colonizador. De hecho, algunos siente que es muy difícil, quizá imposible, eludir la fuerza de atracción de la triste realidad del destierro moral. Escribir en la lengua colonzadora no déjà de ser un exilio, pero si se hace con el espíritu de la tierra, de la familia y la causa, « ¿se debe dejar al escritor así en su destierro o aliviar su tormento traduciendo y devolviendo su obra a la lengua de origen ? Es lo que todo el mundo hace con los hijos que escriben en la lengua del colonizador por necesidad más que por amor »(1).

    Por el contratrio, para los saharauis el español, su segunda lengua, no supone desarraigo si no que es una parte más de su identidad como pueblo y cultura heterogénea afro-árabe influida por un siglo de convivencia con la metrópoli.

    No es sentido como una imposición, sino como un legado diferenciador con respecto aa Marruecos y motor de acercamiento a otros mucho pueblos, entre otros los de Latinoamérica. Los saharauis haispanohablantes no han abandonado sus raices, el español se nutre de su realidad cotidiana y de sus tradiciones milenarias.

    « (…) pero es un español híbrido hecho de retazos. Tiene un aire de familia con el que utilizamos nosotros los españoles, pero éste se haya enriquecido por una historia que lo reinventa desde coordenadas diferentes, no sólo geográficas sino también históricas y experimentales. Como en América Latina, este español bebe en la experiencia de la conciencia y de su lucha por el reconocimiento de su estatus como un igual, no un sublaterno. Este español se ha forjado como un lenguaje de resistencia para sobrevivir a la presión regional de la francofonía y construir un espacio propio y diferente al de sus vecinos » (2)

    (1) Yahdih Hamdi. « La Generación de la Amistad : una jaima para la poesía saharaui en el exilio ». UPES (Unión de Periodistas y Escritores Saharauis ». Agosto de 2007. Traducción del árabe.

    (2) Gimeno Martín, Juan Carlos. Transformaciones socioculturales de un proyecto revolucionario, la lucha del pueblo saharaui por la liberación. Pág. 79.

    *Extracto del libro de El porvenir del español en el Sáhara Occidental, Bahia Mahmud y Conchi Moya.

    Tags : Sahara Occidental, Frente Polisario, cultura, español, castellano, legado cultural, identidad, francofonía,