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  • Acompañamos con los ceutíes que van de fiesta a Marruecos

    Muchos adolescentes se agobian en Ceuta. Les invade la monotonía y necesitan cruzar la frontera que les separa de Marruecos para divertirse. Seguimos a varios ceutíes en sus noches por Marruecos.

    Por Rebeca Hortigüela

    Europa es una unión, pero también un complejo batiburrillo de países con leyes, idiomas, valores, políticas sobre drogas, salarios mínimos, licores y chistes malos propios. La vida puede ser totalmente distinta según el lado de la frontera en que hayas nacido, incluso dentro de los límites de la UE. Esta semana, en VICE.com te traemos historias que muestran cómo influyen las fronteras de los países que dividen y delimitan Europa en el día a día de quienes viven cerca de ellas.

    Todos nos hemos sentido atraídos por la sensación de probar cosas nuevas cuando éramos adolescentes. No voy a caer en el desagradable error de generalizar porque la realidad de cada adolescente, y sus circunstancias, son un mundo. Hay adolescentes que deben estar tan pendientes de sobrevivir que no tienen el privilegio de distraerse con la necesidad de experimentar. Y de estos en Ceuta hay muchos.

    O, adolescentes musulmanes, la religión mayoritaria en Ceuta, que por su cultura y su religión tienen prohibido hacer ciertos “experimentos”. Además, siempre existe ese pequeño porcentaje de adolescentes que no sienten la necesidad de conocer cosas nuevas, que aborrece lo desconocido y rechaza lo que está en los márgenes. Pero, por lo general, estadísticamente hablando, cualquier teenager occidental de nuestros días o cualquier miembro de la generación Z quiere investigar sobre su sexualidad, juguetear con las drogas y el alcohol, descubrir lugares dónde refugiarse o conocer gente nueva.

    Todo esto es complicado en una ciudad como Ceuta. Para empezar, porque Ceuta son 19 kilómetros cuadrados, limitados por el mar Mediterráneo el estrecho de Gibraltar y Marruecos, con las fronteras del Tarajal y de Benzú. Eso supone ver constantemente las mismas caras, los mismos gestos, cruzarte a las mismas personas e ir a los mismos lugares.

    Si quieres salir de fiesta por la noche debes saber que las opciones se limitan a 8 bares, dos discotecas y un par de zonas de fiesta: el poblado marinero, cerca del puerto y la plaza del Tokyo, con el bar Tokyo que da el apodo a la plaza, otros tres bares más y unos bancos para hacer botellón. Siempre el mismo recorrido: botellón en la explanada del puerto, luego a la plaza del Tokyo y después a alguno de los bares del poblado marinero.

    Y cuando ya es la hora, a bailar una de las discotecas del puerto, al ladito del poblado: la Velvet o la Natural. Cuando no les apetece salir cambian las copas por tardes de tés, porros y parchís en el barrio de Benzú. Pero ya, eso es todo. Si vives en Ceuta y te gusta salir de fiesta, este escenario se repite todos los fines de semana. Además en Ceuta hay muy pocas atracciones culturales, conciertos, exposiciones y museos.

    Por eso no es de extrañar que muchos de los jóvenes ceutíes tengan la necesidad de poner tierra de por medio y salen de Ceuta a Marruecos. A los problemas, remedios. Una excursión que no es de extrañar. Al fin y al cabo, al otro lado del muro, de esa valla horrible que frena, corta y mata a los migrantes que sueñan una vida mejor, cohabita en forma de vecino, un país lleno de sensaciones nuevas para jóvenes que anhelan salirse de lo cotidiano.

    “Nosotros podemos pasar para allá, pero ellos, los que no son de las zonas del norte de Marruecos fronterizas con Ceuta, no pueden pasar para acá”, reflexiona uno de estos jóvenes. Mucho menos los africanos que se recorren miles de kilómetros con la mirada fija en el continente europeo. Tremendamente paradójico e injusto, pero cruzar esa frontera es una vía de escape para muchos jóvenes con ganas de fiesta.

    Unos con el objetivo de salir a la calle sin ser vistos, otros, simplemente, porque Marruecos les ofrece planes de playa y naturaleza que Ceuta no les puede dar y otros tantos, porque en Marruecos se siente ellos mismos, con sus costumbres y sus hábitos. Ojo, también existen los jóvenes ceutíes que odian cruzar a Marruecos. Que piensan que Marruecos no tiene nada que ofrecerles, que incluso se niegan a descubrirlo y que es más, lo detestan. Y estos últimos, para oxigenarse de Ceuta prefieren coger un ferry y desembarcar en Algeciras (Cádiz) que cruzar a Marruecos. Para mi sorpresa, estos jóvenes llenos de prejuicios, con una mirada un tanto xenófoba, puesta en el país vecino, son bastante comunes en la ciudad autónoma, a veces tan dividida y polarizada por la religión y el dinero.

    Mohamed Hamid tiene 19 años. Sus padre se mudaron a Ceuta, en busca de un trabajo, antes de que él naciera. Así que él es de Ceuta, pero tiene familia y amigos en Marruecos. Para él, cruzar a Castillejos, el pueblo marroquí fronterizo con Ceuta, supone sentirse libre y no sentirse juzgado por querer hacer otro tipo de planes.

    Es de Hadú, un barrio mayoritariamente habitado por musulmanes, pero en Ceuta tiene muchísimos amigos, hijos de familias cristianas, pero a la hora de salir de marcha no se siente identificado con muchos de ellos. “Están deseando que llegue el fin de semana para emborracharse. Para beber desde las seis de la tarde hasta las cuatro de la mañana. Yo puedo pasarme un rato por el puerto y estar con ellos sin beber ni una gota de alcohol, pero luego, me aburro. Ellos empiezan a estar cada vez más borrachos y yo dejo de tener un vínculo con ellos”, explica Hamid.

    Por eso Hamid prefiere cruzar a Marruecos y juntarse con sus amigos del otro lado de la frontera. Le conocen desde niño y siguen haciendo los mismos planes desde la niñez. Mañanas de sueño relajado, acompañado de sus amigos, en mtarbas (sofá típico marroquí) y despertares compartidos, tardes de fútbol en la playa, noches enteras de calor y brisa al lado del el mar, escuchando música, comiendo comida que les ofrece cualquier vecino y dando alguna que otra calada al kif y al hachís procedente de esa misma zona de Marruecos.

    No es que en Ceuta no pueda hacer estos planes, claro que puede. Con sus colegas del barrio en cualquier calle o en cualquier cafetín de Benzú. Pero el hecho de cruzar la frontera y encontrarse con sus recuerdos de la infancia es importante para él.

    « ¿Qué es lo que más te gusta de tus fines de semana en Marruecos? », le pregunté. « El no hacer nada en especial y no sentirme mal por ello. Ver a mis colegas de la niñez, con esos con los que has pasado todos tus veranos, y ya está. Sentarte a comentar a la orilla del mar, a veces pescar, hablar de Marruecos y soñar con nuestro futuro. En cuanto cruzo, me siento libre ». Desde que no ve un futuro claro en Ceuta, Hamid piensa en escaparse a Marruecos si tiene la posibilidad. « Aunque dicen que en Marruecos no hay trabajo, en Ceuta tampoco lo hay. Somos demasiada gente para tan pocos trabajos. Siempre he soñado con poder comprar una casa en Marruecos a mi familia y trabajar en algo, lo que sea, para vivir. En Castillejos o en Tetuán . Mientras pueda seguir pasando los fines de semana aquí, en libertad, siendo yo mismo, soy feliz ».

    Otros ceutíes, musulmanes, sin embargo, viajan a Marruecos para pegarse el fiestón. Este es el caso de Ilyas Othmani*. Tiene 25 años y cruza a Marruecos los fines de semana para divertirse en los cabaret y en las discotecas típicas de Marruecos. En Ceuta le conoce todo el mundo, asegura, y él, aunque no es practicante, se considera musulmán porque es hijo y nieto de padres y abuelos musulmanes. Casi todos sus familiares son de Ceuta y viven en Ceuta. “Si se enteraran de que bebo los fines de semana o que salgo a ciertos sitios, no les gustaría. Y en Ceuta todo el mundo se entera de todo. Además, la fiesta de Ceuta a mi no me va nada. Prefiero cruzar a Tánger con mis amigos, salir de marcha por los bares de por aquí”.

    Pequeños cabarets de los años 50 con música marroquí en directo, con un público diferente. Cabareteras que bailan contigo si les invitas a una copa, clientes que te invitan porque no quieren beber solos y camareros que te fían una ronda por que te consideran su hermano. Y cervezas Stork, la marca de cerveza más común en estos bares. También llegan a Tánger atraídos por las macro discotecas, sorprendentemente inexistentes en Ceuta.

    “Antes nos íbamos a las discotecas del paseo marítimo de Tánger y allí bailábamos hasta las tantas, conocíamos gente nueva, interesante y ligábamos. En Ceuta es difícil conocer gente nueva y vivir las experiencias que se viven aquí, en Marruecos. Además aquí hay una mezcla entre turistas, tangerinos, los extranjeros que viven en Tánger y los que venimos de Ceuta que mola. Y aunque parezca raro, hay muchos más bares aquí que allí”, explica.

    También a Natalia G., estudiante de 21 años, le atrae eso de Tánger. A ella, más que nada, por la novedad. “En vez de ir a los sitios por los que hemos salido toda la vida, a bares normales para tomarnos caña o a un pub cualquiera o bebernos una copa, vamos a Tánger y todo es diferente. Además estando tan cerquita… La gracia está en ir a esos bares a los que no irías jamás en España. En Marruecos son de lo más normal. Bares oscuros en los que para llegar a la barra tienes que bajas peldaños y peldaños, con birras tiradas de precio, bailarinas a pago de copas, música árabe en directo, como de los años 60…”, se impresiona Ana.

    Su amigo de la infancia, Gonzalo, piensa lo mismo. “Es que hay más variedad de fiesta en Tánger que en Ceuta. Tienes discotecas, música en directo, ya no solo de grupo árabes, si no africanos cantando reggae, jóvenes marroquíes cantando rap… Además en Marruecos puedes ir a visitar algún museo o ir la Cinemateque de Tánger (el antiguo cine Rif que tiene un bar, punto de reunión de muchos jóvenes).

    “Normalmente, en verano, hacemos eso: salir al mediodía el viernes de Ceuta, pasar la tarde por Tánger. Por la noche salir de fiesta. Primero ir de baretos de birra y tapeo, luego a los cabarets a bailar y a alucinar un poco… Pasar el sábado en algunas de las playas próximas a Tánger y luego vamos a Chefchaouen o a Tetuán. El domingo, vuelta a Ceuta”, concluye.

    Sara L., de 24 años, lleva años cruzado a Marruecos los fines de semana, sobre todo a partir de primavera, cuando llega el buen tiempo. Sus padres tienen una casa en Cabo Negro, un núcleo turístico situado al norte de Tetuán, a escasos kilómetros de Ceuta. Hay muchas familias de Ceuta que hace años compraron casas en el norte de Marruecos en los complejos turísticos de Cabo Negro y Marina Smir.

    Allí hay discotecas y pubs hechos a medida para todos los turistas que veranean allí. Marroquíes, ceutíes, de la península o europeos. “Yo tengo aquí mi pandilla, casi todos nos conocemos desde hace años y nos lo pasamos genial por esta zona. Mis padres cada vez vienen menos, pero yo y mi hermano seguimos viniendo. También nos movemos a las playas de Tánger o Tetuán y hacer alguna rutita por pueblecitos como Chefchaouen”.

    Otros prefieren no pisar Marruecos, como Pilar, de 19 años, que se está preparando en la Academia Militar de Zaragoza. Según su criterio, Marruecos no tiene nada que aportarle. Ha crecido toda la vida viéndolo como el país del otro lado de la frontera y de pequeña cruzó en contadas ocasiones con sus padres. No ha convivido demasiado con musulmanes y consideran que muchos de los barrios de Ceuta ya son prácticamente como Marruecos. Cuando sale, va a la península.

    En definitiva, Marruecos y Ceuta son dos lugares vecinos, prácticamente hermanos. Las diferencias entre uno y otro no son tan grandes como les parece a muchos. De una manera o de otra, los dos lugares están llenos de jóvenes con ganas de divertirse y descubrirse.

    *El nombre de Ilyas se ha cambiado para preservar su anonimato.

    Fuente: vice.com, 2 août 2019

    Tags : Ceuta, Melilla, Marruecos, porros, cannabis, juventud, jóvenes,

  • Hamada (2018), de Eloy Domínguez Serén – Crítica

    Por Jaime Fa de Lucas.

    Lo primero que hace Eloy Domínguez Serén es explicarnos que “hamada” significa “vacío” o “tierra en la que no hay nada”, y a continuación nos muestra unas imágenes muy hermosas del desierto. Alguien lanza una pregunta: “¿qué día es hoy?” y alguien contesta: “el mismo que ayer… ¿por qué lo preguntas, tienes algo que hacer?”. Con esta sutileza define el director el espacio-tiempo de su documental, sumergiéndonos instantáneamente en la atmósfera de un lugar remoto, alejado de todas partes, en el que el tiempo ni existe porque no hay nada que hacer.

    Hamada se centra principalmente en la vida que llevan un joven y su hermana en los campamentos de refugiados del Sáhara Occidental. La región se divide en dos zonas, una “libre” y otra ocupada por Marruecos. Los individuos pasan por delante de la cámara de forma errática, algunos con el sueño de encontrar trabajo, otros con la esperanza de poder ir a España donde han oído que se vive mejor.

    Lo que propone Domínguez Serén es interesante por la cantidad de empatía que genera por esa región desconocida y por mostrar cómo vive la gente en un lugar tan inhóspito y desalentador, sin ningún futuro por delante y cuya única vía de escape es emigrar. Además, el director acierta al incluir algo de historia del país, con esa lucha contra Marruecos para independizarse y tener un gobierno propio.

    Por desgracia, es una película que por momentos se hace repetitiva y que poco a poco va perdiendo fuerza –algo que quizá sea inevitable, dado el tema que se trata y la localización–. Asimismo, falta un poco de amplitud en el contexto. Me habría gustado saber si la vida de estos refugiados es muy diferente a la de los que viven en otras zonas del país, algo que expandiría mucho la perspectiva de la propuesta y permitiría entender cómo ejerce Marruecos el control del país. Tampoco se profundiza en el tema de las minas de fosfato y cómo su gestión afecta a estos individuos.

    En general, Hamada es una experiencia ligeramente irregular. Satisfactoria a nivel emocional y empático, insatisfactoria en términos contextuales y didácticos.

    Fuente: Culturamas

    Tags : Sahara Occidental, juventud, saharauis, Hamada, campamentos, refugiados saharauis, Tinduf,

  • Jóvenes saharauis denuncian en el Congreso la violación de derechos humanos por la « ocupación » marroquí

    Jóvenes activistas saharauis han denunciado, este jueves, en el Congreso la violación de una veintena de derechos humanos que se producen como consecuencia de la « ocupación » del Sáhara Occidental por parte de Marruecos, entre los que destacan el derecho de autodeterminación, a la educación, a la salud, a la libertad de expresión o de reunión o a participar en la vida pública.

    Así se refleja en el informe ‘El espejismo de los derechos humanos: la juventud saharaui y la ocupación del Sáhara Occidental’, un texto que han presentado en sede parlamentaria ante diputados del PP, Ciudadanos, Unidas Podemos, Esquerra Republicana (ERC) y una persona del equipo de EH Bildu.

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    Foto : Europa Press

    Tags : Sahara Occidental, juventud, Congreso, España,

  • La juventud saharaui atrapada en el desierto (documental)

    « Hamada » es el retrato de una juventud saharaui en los campamentos de refugiados de Tinduf, en Argelia. Pasan los días sin ningún tipo de actividad y no tienen perspectivas de futuro. Están atrapados por el conflicto del Sáhara Occidental que lleva enquistado 43 años.

    Según Rodríguez Serén, director de la publicación, « tiene una visión claramente feminista. Es una mujer muy determinada, muuy activa y muy osada. En ese sentido, al público le sorprende mucho porque el público tal vez no está acostumbrado a ver el retrato de una mujer árabe, musulmana y con esta determinación ».

    Tags : Sahara Occidental, Frente Polisario, Marruecos, Hamada, juventud, desierto, resistencia, mujer saharaui,

  • « La juventud está luchando y conoce el camino para alcanzar la causa saharaui »

    Un grupo de jóvenes activistas saharauis ha realizado una gira por las capitales vascas hablando de la vulneración de derechos humanos en el Sáhara Occidental

    Un grupo de jóvenes saharauis ha realizado una gira por las capitales vascas junto a la ONG Mundu Bat tratando la vulneración de derechos humanos en el Sáhara Occidental. Esto es el broche de oro de dos procesos de formación en derechos humanos realizados en 2018 y 2019 en los campamentos de refugiados con, en total, 128 jóvenes de cuatro centros.

    Según la formadora de derechos humanos y refugiada saharaui, Menha Bouad, en declaraciones a La Ventana Euskadi, tienen esperanza en la juventud: « La juventud está luchando mucho, han empezado a saber que hay un camino nuevo para lanzar la causa y justificar su derecho ». Este es un proyecto que empezó hace dos años con Mundu Bat y consiste en formar formadores para los centros de jóvenes y mujeres saharauis.

    Los jóvenes saharauis, tal y como declara el coordinador de la ONG Mundu Bat en los campamentos de refugiados, Fernando Lorenzo Abril, « son conscientes de la vulneración de derechos que sufren en zonas ocupadas, como detenciones arbitrarias, la persecución de aquellas personas que ejercen el periodismo y que tratan de acabar con el bloqueo de Marruecos ».

    Además, gracias a la formación que reciben en estos campamentos pueden reconocer, ahora con mayor facilidad, cuáles son sus derechos para saber dónde reclamarlos y exigir las responsabilidades a la fuerza ocupante.

    Fuente: Cadena SER

    Tags : Sahara Occidental, Marruecos, descolonización, juventud, lucha, ocupación, 

    Escucha « La Ventana Euskadi (09/07/2019) » en Play SER

  • La juventud olvidada del Sahara Occidental.

    por Morgane Wirtz

    En los campos de refugiados saharauis en el oeste de Argelia, las generaciones se suceden unas a otras. Han pasado 43 años desde que los habitantes del Sahara Occidental huyeron hacia aquí aquí, 27 años desde que se firmó el alto el fuego, pero el conflicto aún no se ha resuelto. Mientras que la comunidad internacional da la bienvenida a los últimos avances, los jóvenes refugiados están desilusionados, dudando entre la reanudación de la lucha armada y el exilio. Reportaje.

    En medio de la noche, un vehículo se detiene en la carretera del desierto que conecta la ciudad argelina de Tinduf con los campos de refugiados saharauis. El 4X4 pasa una barrera, su conductor saluda cordialmente a los oficiales de aduanas y sale del auto para fumar un cigarrillo bajo las estrellas. La escolta argelina que lo acompañó volvió y los viajeros esperaron a que los saharauis aseguraran el relevo por los saharauis. « Argelia nos permite administrar este trozo de territorio », exclama Saleh, un joven saharaui. « ¿Han visto ustedes alguna vez una amistad tan fuerte entre dos países? Para él, no hay que preocuparse por los posibles cambios de régimen en Argelia. « La posición argelina es una cuestión de principio. Nos ayudan porque ellos también han experimentado la colonización « , explica.
    Argelia acoge a refugiados saharauis desde 1975. Ese año, Marruecos y Mauritania aprovecharon la retirada de España para invadir el Sáhara Occidental. Veinticinco mil personas murieron bajo bombas de fósforo y napalm.

    El Frente Polisario, representante oficial del pueblo saharaui, luchó para reconquistar el Sahara Occidental. En 1979, se firmó un alto el fuego con Mauritania. Pero no fue hasta 1991 que se llegó a un acuerdo con Marruecos. Preveía la organización de un referéndum para la autodeterminación de los saharauis. Hoy, 27 años después, los saharauis siguen esperando para votar. El territorio del Sáhara Occidental está dividido por un muro de arena. El oeste constituye el « Sahara marroquí ». El este se llama « territorios liberados ».

    Es la República Saharaui, reconocida por 84 estados, la que administra esta parte del país, desde los campos de refugiados hasta Tindouf.

    Un sueño de independencia

    173.600 personas viven en este cúmulo de tiendas, casas de adobe y betún. Reina una calma sorprendente. Algunos balidos, un motor a lo lejos, susurros en las casas. Los saharauis pasan el día en la sombra. Los jóvenes van a la escuela y luego ayudan a sus padres en las tareas domésticas. Matan el tiempo visitándose unos a otros.

    Al anochecer, Saleh coloca una estera frente a su casa para disfrutar de la frescura del tiempo y hacer el té. Sus primas no tardan en unirse a él. « De día, cocinamos, limpiamos, nos quedamos con nuestras familias. Me gustaría tener un trabajo, ser enfermera. Me gustaría ir de compras, ese tipo de cosas, como las chicas en Europa « , dice Mina, de 25 años de edad. « Mi sueño es ver nuestra bandera flotando en el cielo de un Sahara libre. Quiero casarme, tener hijos e hijas en el Sahara libre », agrega Leila. En un estallido de risa, las chicas, envueltas en melhfa de flores rosas, comienzan a soñar. « Cuando se independice, el Sáhara Occidental será el estado más importante del Magreb porque es un país lleno de recursos y hay muy poca contaminación », dice Mina, con un brillo en los ojos. Este territorio es rico en fosfato. Marruecos también ha invertido mucho en la agricultura y muchos barcos pesqueros se sirven alegremente de las aguas ricas en peces. La venta de estos recursos a compañías extranjeras frustra a los saharauis.

    Cuando surge la pregunta de cómo obtener la independencia, las miradas se oscurecen. « Son nuestros hombres quienes la lograrán, a su manera, a través de la guerra. Por supuesto, si los hombres luchan, nosotras también iremos », dice Nassara. « Llevamos esperando pacíficamente desde hace tantos años y hasta ahora eso no nos ha aportado nada », dice Mina. Leila no está de acuerdo. « Llegará un día en que resolveremos este conflicto por medios pacíficos », dice.

    En diciembre de 2018, Marruecos, Argelia, Mauritania y el Frente Polisario participarán en una mesa redonda sobre el tema del Sahara en Ginebra. Será la primera reunión entre autoridades marroquíes y saharauis desde 2012. Pero no hay nada para tranquilizar a Mina. « Mi madre nació aquí. Mi abuela está aquí en el cementerio. Nací aquí y nunca hubo nada nuevo », dice la joven.

    Saleh tampoco espera mucho de esta mesa redonda. Pero los nuevos actores hacen que se vuelva optimista. « Cuando António Guterres fue nombrado Secretario General de las Naciones Unidas, teníamos confianza porque ya había trabajado en el conflicto del Sáhara Occidental, aunque sólo sea en el campo de la yuda humanitaria. Visitó los campamentos. Sabe lo que pasa aquí « , explica. « Y luego, es él quien nombró a Horst Köhler como enviado de la ONU para el Sáhara Occidental », agrega. El ex presidente alemán, que pasó una parte de su vida como refugiado, se ha ganado su confianza. « Köhler nos dijo que es un hijo de la guerra. Un hijo del refugio. Dijo que conocía nuestra situación y que no nos abandonaría « , dice Saleh. « Además, tiene un plan. Decidió incluir nuevos actores en la resolución del conflicto y multiplicó los encuentros en este sentido ».

    ACABAR CON LA MINURSO

    La cuestión del mandato de la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental (Minurso) pone a los protagonistas bajo presión. Estados Unidos se muestra reacio a seguir financiando a esta fuerza de la ONU, diciendo que no está haciendo su trabajo. En abril y octubre de 2018, su mandato fue renovado por solo seis meses. Esto es lo que ha permitido a la comunidad internacional salir gradualmente de la inmovilidad. « A veces, en mis oraciones, le pido a Allah que haga todo lo posible para que Trump permanezca en el poder en los Estados Unidos », dice un joven saharaui.

    Mucha gente quiere que la MINURSO se vaya. Consideran que la misión de mantenimiento de la paz cuesta demasiado, que fracasó en la organización de un referéndum y deploran que no tenga un mandato para proteger los derechos humanos. Varias ONG han denunciado las violaciones de los derechos de los saharauis en Marruecos.

    En el mercado, jóvenes reclutas de las fuerzas del orden hablan del tema. « Podemos aceptar la Minurso si las manifestaciones de los saharauis en los territorios ocupados por Marruecos son protegidas. Pero si las mujeres siguen siendo golpeadas y cada día hay violencia, preferimos que se vaya », dijo un policía de 28 años. « Estamos en contacto con los jóvenes de los territorios ocupados. Vemos las fotos y nos indigna que nadie hable de ellos », agrega su amigo, un militar. La mayoría de los refugiados tienen una parte de su familia que vive al otro lado del muro. « Ellos, sufren todos los días. No tienen derecho a expresarse, a tener una bandera », afirma Mohamed, jefe de las fuerzas especiales de la gendarmería.

    Para muchos jóvenes, poco importa si la ida de la fuerza de manteniemiento de la paz significa la reanudación de las hostilidades. « La ONU debe comprender que aunque no lo queramos, la guerra será la solución », explica Mohamed. « Lo que se pierde por la fuerza se recupera por la fuerza », añaden sus compañeros

    Volver a las armas?

    En los campamentos de refugiados, las inscripciones en el ejército están aumentando. La mayoría de los jóvenes creen que la guerra es la mejor manera de lograr la independencia del Sáhara Occidental y de llamar la atención del mundo sobre su situación. Una gran parte de la población los comprende. Ya no pueden esperar más y se sienten subrepresentados en los órganos de gobierno. Se ofrecen más y más empleos importantes a los jóvenes, pero estos rara vez son puestos con poder de decisión. Esto crea una ruptura.

    « Nuestro gobierno escucha más a la comunidad internacional que a nuestro propio pueblo. Nos sentimos abandonados », dice un joven en la calle. « Queremos una solución política, no solo pan y agua », añade.

    En cada congreso del Frente Polisario, los jóvenes piden en voz alta la vuelta a las armas. « ¡Se niegan a todo! Incluso en su humor son agresivos », exclama Abda Chej, miembro del Secretariado Nacional del Frente Polisario. Este anciano se siente anticuado. « Las personas que fundaron el Frente Polisario son ahora una minoría. « La mayoría son jóvenes que no han conocido la guerra y que no conocen la realidad », dice. « Nos ponen mucha presión. Nos piden armas, entrenamiento militar. Tratamos de decirles no y de calmarlos, pero ¿hasta cuándo aguantaremos? Los procesos de paz no funcionan », agrega Abda Chej.

    « Aceptamos morir por nuestra causa », dice Mohamed, el joven a cargo de las fuerzas especiales de la gendarmería. Si muere luchando por la independencia del Sáhara Occidental, será honrado y considerado un mártir. « De todos modos, la gente como nosotros, sin ningún recurso, ya están muertos », agrega.

    Unirse a las fuerzas del orden también es una forma de engañar al aburrimiento o satisfacer las necesidades económicas. En los campamentos, el ejército es uno de los únicos sectores que reclutan.

    Expatriarse para existir

    Muchos saharauis estudian en el extranjero. Si sus resultados son satisfactorios, pueden obtener fácilmente becas para estudiar en Cuba, España o Argelia. Pero una vez de vuelta a los campamentos, es muy difícil para ellos encontrar un trabajo remunerado que responda a sus calificaciones.

    Salama, un amigo de Saleh, se encuentra entre los muchos jóvenes que han decidido expatriarse. Pasa sus vacaciones en los campos de refugiados para visitar a su madre. Mientras la familia se activa para honrar las reglas de la hospitalidad saharaui, el joven confía: « Recibo críticas porque voy al extranjero. Hay personas que piensan que tenemos que quedarnos aquí y presionar », dice. Salama se sirve algunos dátiles y un vaso de leche de camella antes de decir: « Pero la mayoría de nosotros pensamos que es mejor irnos porque la ayuda humanitaria no es suficiente. Es gracias a la gente que va a España que tenemos de qué vivir. Permiten que su familia tenga cosas muy esenciales ».

    La mayoría de los habitantes de los campamentos ya han viajado fuera de África. Muchos de ellos estudiaron en el extranjero. También se organizan programas de intercambio para los más jóvenes. Según el ministro de Juventud y Deportes, Ahmed Lehbib, es, entre otras cosas, gracias a esto que pocos jóvenes saharauis son cooptados por grupos terroristas que operan en la región. « Los yihadistas dicen que los occidentales matan a los musulmanes. Pero nuestros jóvenes conocen el mundo occidental. No se dejan engañar », dice. « También promovemos la comprensión de los derechos humanos y los derechos de las mujeres. Estos valores se oponen a los de los grupos terroristas », agrega el ministro.

    La seguridad del Sahel se deteriora año tras año. Los jóvenes saharauis presentant muchas ventajas como reclutas potenciales para los grupos que se encuentran en la región: están desocupados, son pobres y conocen el Sahara. Pero hasta ahora, pocos de ellos se han unido a los terroristas. Ya están movilizados por una causa: la de ellos.

    MORGANE WIRTZ

    Periodista independiente establecido en Agadez (Níger).

    Fuente : Orient XXI, 07/11/2018

    Tags : Sahara Occidental, Marruecos, Frente Polisario, ONU, MINURSO, Horst Kohler, juventud, lucha, independencia, derechos humanos,

  • Sahara : Generaciones nacidas en el exilio

    Desde que en 1975 España cedió a Marruecos y Mauritania la administración del Sahara Occidental, el pueblo saharaui vive dividido entre los territorios ocupados por Marruecos, las zonas liberadas de la República Árabe Saharaui Democrática (una pequeña porción al este del muro militar marroquí) y los campamentos de personas refugiadas, en la hamada de Tinduf.

    Dos generaciones han nacido en estos campos en el exilio. La mayor parte sobrevive refugiada en Argelia en medio de un desierto estéril y con unas condiciones de vida durísimas. 173.600 personas saharauis están refugiadas en los campamentos de Tinduf, según ACNUR.

    Allí viven, en tiendas, sin agua corriente, en condiciones climatológicas extremas (con frecuentes tormentas de arena y 54 grados en verano), dependiendo casi totalmente de la ayuda internacional para comer. Un tercio de los niños y las niñas sufren desnutrición crónica y dos tercios de las mujeres, anemia. El absentismo escolar es cada vez mayor y solo el 10% alcanza la educación superior.

    Y a todos estos problemas hay que añadir el éxodo de la gente joven. La juventud se debate entre la resistencia, la rebelión y la desesperanza. Ante la falta de oportunidades y la pasividad de la comunidad internacional, que hace mella en las expectativas de este pueblo de recuperar sus tierras, una de las pocas opciones que les quedan es intentar emigrar a otros países, como España.

    Fuente: Festival de Cine y Derechos Humanos, Donostia

    Tags : Sahara Occidental, Frente Polisario, Marruecos, exilio, juventud, generación, campamentos de refugiados, Tinduf,

  • La película « Hamada » sobre la juventud saharaui en los campamentos de refugiados premiada en París

    PARÍS – El documental « Hamada » sobre la juventud saharaui de los campamentos de refugiados de Tinduf fue doblemente premiado en el festival Cinema of Reality, informaron los organizadores del evento que tuvo lugar en París del 15 al 24 de marzo.

    El documental del director español, residente en Suecia desde 2012, Eloy Domínguez Serén (88′, 2018) recibió el Premio Loridon Ivens/CNAP, dotado con 6.500 euros, y el Premio de la Juventud (15.000 euros).

    « Hamada » cuenta con humor, vitalidad y escenas insólitas, la historia de un grupo de jóvenes amigos que viven en un campamento de refugiados en medio del Sáhara.

    En los territorios saharauis liberados, la película muestra un campo de minas y el segundo muro militar más grande del mundo que separa a estos jóvenes saharauis de su país, de los que sólo conocen las historias contadas por sus padres.

    Se trata de los saharauis, abandonados hace más de 40 años en este campamento de refugiados en medio del desierto, tras haber sido expulsados por Marruecos, que ocupó ilegalmente su país, el Sáhara Occidental.

    « Atrapados entre la vida y la muerte, Sidahmed, Zaara y Taher se niegan a dejarse vencer. Se pasan el día reparando coches que no les llevarán a ninguna parte, luchando en vano contra los cambios políticos y utilizando su fuerza creativa para denunciar la realidad que les rodea y empujar las fronteras del campo », dice la sinopsis de la película sueco-alemano-noruega.

    Con anterioridad, « Hamada » ya había ganado el premio a la mejor película española en el Festival de Gijón.

    El director ha declarado en repetidas ocasiones que se ha interesado por el conflicto del Sáhara Occidental « desde la adolescencia ».

    « Recuerdo que mi profesor de historia habló de ello brevemente, pero quedó en mi memoria. La información proporcionada a la escuela secundaria sobre el tema estaba sesgada y enmascarada. Poco a poco, pregunté sobre los orígenes del conflicto, sus consecuencias, la responsabilidad de España y la situación de los miles de personas desplazadas en los campos de refugiados en Argelia », dijo en una entrevista reciente publicada en el sitio del evento.

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