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  • La cuestión del Sáhara casi 45 años después

    Fuente : Diario La Realidad Saharaui

    ARTICULO DE OPINON: La cuestión del Sáhara Occidental casi 45 años después.

    Ricardo Ruiz de la Serna, es profesor en la Universidad CEU San Pablo e investigador asociado del Instituto CEU de Estudios Históricos.

    La Gaceta, periódico de información alternativa. En su edición del jueves 27 de diciembre publica en su tribuna un artículo de opinión de Ricardo de la Serna sobre el conflicto del Sahara Occidental que cumple sus 45 años. De la Serna explica que la cuestión del Sáhara sigue gravitando sobre la vida política española como un invitado incómodo en una fiesta. Los 43 años transcurridos desde la Marcha Verde y el Acuerdo Tripartito de Madrid sólo han agravado un contencioso que sigue enquistado en el norte de África y condiciona no sólo las relaciones entre España y los saharauis, sino la vecindad entre Argelia y Marruecos. Para colmo de males, sobre todo este asunto se ha alzado un muro de silencio que sólo se rompe de vez en cuando. Apenas se oye hablar del Sáhara en los medios de comunicación españoles. El debate público suele soslayar el problema. Los políticos españoles, en general, lo evitan. Desde una perspectiva más amplia, la presencia española en África sigue siendo un tema que muchos prefieren olvidar.

    Sólo el ámbito académico resiste. La producción científica sigue dando obras interesantes en distintos campos desde la Historia Contemporánea al Derecho Constitucional. Ahí está, por ejemplo, el profesor Carlos Ruiz-Miguel, director del Centro de Estudios del Sáhara Occidental de la Universidad de Santiago de Compostela (USC). De entre las filas de los historiadores, ha salido Alberto Maestre Fuentes con “Un pueblo abandonado. Los engaños en la descolonización del Sáhara Occidental” (Chiado Editorial, 2018) un libro basado en tu tesis doctoral y que se ha publicado este año. Por cierto, Ruiz Miguel lo presentó el pasado 12 de diciembre en la Facultad de Derecho de la USC.

    El breve espacio de una columna no alcanza para resumir las casi 400 páginas de una investigación extensa y prolija. Baste señalar, sin embargo, que no decepcionará ni satisfará a ninguna de las partes en conflicto en torno al Sáhara. Ni siquiera el Frente Polisario -que a la vista del título podía jactarse de una obra que salvaba su posición- ha podido evitar quejarse de las conclusiones de Maestre Fuentes respecto a los motivos del apoyo argelino “a la lucha del pueblo saharaui” y de la consideración que el autor hace de Polisario como “movimiento de tendencia socialista”. Sin embargo, ninguno de los dos puntos de discrepancia -hay algún otro- queda sin fundamento ni prueba admitida en el campo de las ciencias históricas. De ahí que su secretario general, el Sr. Brahim Ghali, afirme, en la presentación del libro, que “el hecho de no compartir algunos datos o ideas del libro no impide, de ninguna manera, que con orgullo firmemos la presentación de este trabajo, cuyo autor ha realizado un excepcional esfuerzo acudiendo a un elevado número de fuentes, siguiendo rigurosamente los métodos más científicos”.

    El libro tiene datos jugosísimos, por ejemplo, sobre el apoyo libio al Frente Polisario, que fue incluso anterior al argelino. Descarta, por no probada, la tesis de que Argelia y España se pusieron de acuerdo potenciar la creación de un «“Estado fantoche” controlado por ambos países en detrimento de Marruecos”». Es muy interesante, no obstante, recordar lo mucho que la inteligencia militar española sabía sobre lo que estaba sucediendo entre los saharauis y del apoyo popular que tenía el Polisario, así como de su proyecto político más allá de la distribución de “las riquezas del territorio entre sus habitantes de forma justa”.

    La mirada más crítica se la reserva el autor, sin embargo, a las autoridades españolas que a lo largo de más de cuarenta años han eludido, traicionado y utilizado la causa de los saharauis: “España, finalmente, sólo consideró primordial que sus relaciones con el Reino de Marruecos no se vieran afectadas, bajo ningún concepto, a causa del Sáhara Occidental”. A este interés se sumó a una desestabilización del reino alauita y la implantación en Marruecos “de un régimen revolucionario”. El autor considera que España jugó la baza del engaño no sólo a los saharauis sino a toda la comunidad internacional “ya que se había comprometido con la autodeterminación del territorio y no lo iba a cumplir puesto que se lo cedería a Marruecos y a Mauritania y no en base siquiera a un tratado, sino a una mera declaración de principios entre los tres países”.

    Así, en el fondo de esta investigación histórica, palpita un asunto de la máxima importancia para España: cuál ha de ser la relación con Marruecos y cuáles han de ser sus fundamentos. En efecto, junto a la monarquía y el islam, la reivindicación de las Provincias del Sur es el tercer eje de construcción nacional del Marruecos posterior a 1956. Ignace Dalle recordaba en “Los tres reyes” (Galaxia Gutenberg, 2006), que “fiel a otra enseñanza de De Gaulle según la cual «sólo las grandes causas pueden unir a los pueblos», Hassan II […] lanzó durante el verano de 1974 una vasta campaña en favor del «retorno a la madre patria» del Sáhara”. Ante esta acción y las que siguieron, España dio siempre prioridad al compromiso y el mantenimiento de una buena relación con Marruecos.

    Concluye el profesor e investigador « Pues bien, Alberto Maestre Fuentes se atreve a proponer otro camino: “denunciar los llamados «Acuerdos de Madrid», reconocer diplomáticamente a la República árabe Saharaui Democrática, establecer con ella relaciones al máximo nivel, que incluyan acuerdos de cooperación militar. […] Sería un acto de justicia con el cual España podría enmendar sus errores del pasado y asumir sus compromisos con una población que ha sufrido, y sigue sufriendo, debido a una mala política descolonizadora y a la cual se consideró española hasta 1975”.

    Tags : Sahara Occidental, Frente Polisario, Marruecos, España, ONU, Acuerdo de Madrid, Marcha Verde,

  • Un diplomático estadounidense explica por qué Marruecos se opone a un referéndum en el Sáhara Occidental

    En un telegrama enviado el 17 de agosto de 2009, el Encargado de Negocios de la Embajada estadounidense en Rabat, Robert P. Jackson, subraya que Marruecos no confía en los votantes procedentes de la región de Guelmim y Tan-Tan y que han sido inscritos en las listas electorales.

    El diplomático estadounidense recuerda que «desde que el rey Hassan II lanzó la Marcha Verde en 1975, la cuestión del Sáhara Occidental ha estado íntimamente ligada a la estabilidad del trono y de Marruecos mismo, debido a los «intentos de golpe de Estado» y de su «guerra contra la izquierda». «Utilizó el Sáhara Occidental para reforzar el nacionalismo y aparcar su ejército lejos en el desierto», añade.

    A continuación, precisa que: Después de tomar el control del Sáhara Occidental, Marruecos trató de influir en cualquier voto favoreciendo la inmigración de sus nacionales, que ahora representan más de la mitad de los aproximadamente 385.000 residentes del territorio. Sin embargo, quizás la mitad de los inmigrantes eran de origen saharaui y proceden de zonas situadas al norte de la línea de demarcación, donde también vivían algunos de los saharauis más nacionalistas. En un referéndum que podría incluir la independencia, el Gobierno no los considera votantes fiables, lo que explica en parte la reticencia del Gobierno marroquí al voto».

    Jackson añade en un comentario que « curiosamente no conocemos a ningún defensor de la independencia que haya reivindicado ya los territorios saharauis en Marruecos, Argelia o Mauritania como parte de una patria nacional, aunque algunos miembros del CORCAS han intentado sin éxito incluir a las partes marroquíes (los territorios saharauis bajo ocupación marroquí, ndlr) en la región autónoma, en el momento en que se propuso por primera vez. La ausencia de un nacionalismo más amplio, con la guerra del Polisario en los años 70 contra Mauritania — el único Estado sahariano del mundo— sugiere que el conflicto es menos nacionalista que geopolítico, vinculado a un conflicto mucho más antiguo entre Argelia y Marruecos, y que favorece poco la creación de un Estado independiente».

    El argumento del diplomático norteamericano rechaza en bloque la tesis de la supuesta integridad territorial esgrimida por los marroquíes con el fin de justificar su agresión contra los saharauis. Hassan II invadió el Sáhara Occidental porque veía a su régimen en peligro con la presencia de un Estado saharaui independentista cercano a Argelia.

    Jackson propone resolver el problema de los refugiados saharauis otorgándoles la nacionalidad española y permitiéndoles emigrar . «Habida cuenta de la escasa población en juego, España, al conceder la nacionalidad española, con la posibilidad de migrar a España, a sus islas canarias vecinas o a otras partes de Europa, es significativa e, incluso en un tiempo más oportuno, el reasentamiento podría ser una forma sencilla de resolver la difícil situación de los refugiados».

    Tags: Sáhara Occidental, Marruecos, Frente Polisario, Hassan II, Marcha Verde, Argelia, Guerra Fría, Mauritania,

  • Sahara Occidental (Español). Una deuda pendiente.

    Antonio Figueras

    Fuente: Madridmas.org, 12 noviembre, 2010

    La Oficina del Ministerio de Territorios Ocupados de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) cifró hoy en más de 4.500 los heridos y más de 2.000 los detenidos tras el desmantelamiento del campamento de Gdeim Izik en El Aaiún, ciudad que se mantiene “en estado de sitio”. Esta Oficina precisa en un comunicado que el Ejército, las Fuerzas Auxiliares y la Policía de Marruecos continúan “atacando” las viviendas de los ciudadanos saharauis, “deteniendo” a todo el que encuentran, “apaleando” a familias enteras y “secuestrando a los jóvenes”, sobre todo, en los barrios de Skeikima, Bucraa y Mattalla.

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    El número de detenidos saharauis aumenta alarmantemente , debido al indiscriminado secuestro de saharauis, en sus propias casas, por parte de los militares marroquíes, con la ayuda de los cientos de colonos que patrullan la ciudad. Marruecos tiene totalmente sitiada la ciudad y todas las fuerzas de seguridad marroquíes, contando con armas de fuego, asesinan a todo saharaui que encuentran.

    “El Sahara, Sáhara o Sahara Occidental (antiguo Sahara Español) es un territorio de África situado en el extremo occidental del desierto del Sahara , a orillas del océano Atlántico. Es uno de los dieciséis territorios no autónomos bajo supervisión del Comité de Descolonización de las Naciones Unidas, con el fin de eliminar el colonialismo. Su proceso de descolonización fue interrumpido en 1976, cuando su antigua potencia colonial, España, abandonó el Sahara Occidental en manos de Marruecos y Mauritania (conforme a lo dispuesto en los Acuerdos de Madrid, ilegales según el derecho internacional). El territorio está ocupado actualmente casi en su totalidad por Marruecos, aunque la soberanía marroquí no es reconocida ni por las Naciones Unidas ni por ningún país del mundo, y es rechazada por el grupo independentista Frente Polisario, que proclamó su independencia en 1976 creando el estado de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), reconocido hasta el momento por 81 países. La RASD administra la región no controlada por Marruecos, el cual denomina oficialmente al territorio como sus Provincias Meridionales. Por otro lado, Mauritania ocupa la ciudad sureña de La Agüera. Desde que comenzó la brutal ofensiva marroquí los fallecidos, heridos y desaparecidos saharauis aumentan alarmantemente. Marruecos está intentando ocultar al mundo la masacre y el exterminio que está cometiendo contra la población saharaui de El Aaiún.”

    “Según un informe solicitado por el Consejo de Seguridad al asesor jurídico de las Naciones Unidas, los Acuerdos de Madrid no hicieron a Marruecos ni a Mauritania potencias administradoras del territorio, por lo que este sigue siendo, a efectos jurídicos, un territorio no autónomo. Este informe (documento S/2002/161) dirigido al presidente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas , y fechado el 29 de enero de 2002, indica en su párrafo sexto:

    El 14 de noviembre de 1975 España, Marruecos y Mauritania emitieron en Madrid una declaración de principios sobre el Sahara Occidental (el “Acuerdo de Madrid”), con arreglo al cual las facultades y responsabilidades de , como Potencia administradora del Territorio, se transfirieron a una administración temporal tripartita. El Acuerdo de Madrid no transfirió la soberanía sobre el Territorio ni confirió a ninguno de los signatarios la condición de Potencia administradora, condición que España, por sí sola, no podía haber transferido unilateralmente. La transferencia de la autoridad administrativa sobre el Territorio a Marruecos y Mauritania en 1975 no afectó la condición internacional del Sahara Occidental como Territorio no autónomo.”

    “El administrador de facto de la mayor parte del territorio es Marruecos. El resto se encuentra controlado por la autoproclamada República Árabe Saharaui Democrática (RASD). La RASD está reconocida por la Unión Africana y por 81 países en el mundo, la mayoría africanos o latinoamericanos.

    Marruecos está rearmando a sus Fuerzas Armadas en plena ofensiva sobre el Sáhara occidental, la antigua colonia española, que el reino alauita se apropió en 1975 tras la Marcha Verde y cuya soberanía está cuestionada por la ONU. Un rearme que, en parte, se está realizando con material de defensa exportado desde España.”

    Los últimos datos oficiales del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio reflejan que el Gobierno que encabeza el rey Mohamed VI ha comprado en los últimos tres años material de defensa a nuestro país por un importe de más de 340 millones de euros.

    Fuentes: Wikipedia, Diario Público, El Economista

    Tags : Sahara Occidental, Frente Polisario, Marruecos, Marcha Verde, descolonización, autodeterminación, potencia administradora,

  • Sahara Occidental : Los acuerdos nulos de Madrid

    JULIO D. GONZÁLEZ CAMPOS*
    Fuente : El País, 18/09/1977

    Como tantos otros episodios de la política exterior de la dictadura, el asunto del Sahara Occidental aún conserva muchos de sus aspectos en la sombra. Entre ellos, el singular desenlace que le diera El Gobierno presidido por el señor Arias Navarro, el 14 de noviembre de 1975, fecha en que éste firma en Madrid con los representantes de los Gobiernos de Marruecos y Mauritania una «declaración de principios» sobre el territorio bajo administración española. Este acuerdo internacional, al igual que las posteriores medidas encaminadas a su ejecución, creo que nunca ha sido aceptado por una gran parte de la opinión pública española, que aún sigue preguntándose cómo pudo llegarse a tal solución. De otra parte, las consecuencias de aquel acuerdo todavía siguen pesando dolorosamente no sólo sobre el destino del pueblo saharaui, sino sobre nuestras propias relaciones exteriores en la actualidad. Parece obligado, por tanto, tratar de esclarecer el alcance de aquel acto, no tanto para juzgar un pasado político ya muerto, sino porque este pasado, en el caso del Sahara Occidental, aún sigue afectando el futuro de nuestras relaciones internacionales.

    Por el acuerdo de Madrid, el Gobierno aceptó dar por terminada la presencia española en el territorio antes del 28 de febrero de 1976, creándose una «administración temporal» del Sahara Occidental, en la que se incluían, junto a las autoridades españolas encargadas de liquidar la anterior administración colonial, dos Gobiernos adjuntos nombrados por Marruecos y Mauritania. Con ello, se abrió el camino para la inmediata ocupación militar del territorio por parte de los dos Estados -no sin encontrar una fuerte resistencia armada de su población- y para su posterior reparto entre ambos, realizado en el acuerdo de 14 de abril de 1976. Este resultado es tanto más sorprendente ya que el Gobierno español había defendido reiteradamente -ante, los órganos políticos de las Naciones Unidas (NU) y, con abundantes pruebas documentales, ante el Tribunal Internacional de Justicia-, que ninguno de los dos Estados a los que ahora se entregaba el territorio poseía título jurídico alguno sobre el mismo. Extremo que fue reconocido por el principal órgano judicial de las NU en su dictamen consultivo del 16 de octubre de 1975.

    Correlativamente, el Gobierno español admitió en dicho acuerdo que la voluntad del pueblo saharaui, que debía expresarse libremente en un referéndum celebrado bajo los auspicios y la garantía de las NU, podía ser reemplazada por la apariencia de una consulta a la «Yemaa», que se realizó sin contar con un gran número de sus miembros y ante la presencia de las fuerzas de ocupación marroquíes. Resultado no menos sorprendente, porque se halla en abierta contradicción con anteriores declaraciones españolas, entre ellas, la hecha por el entonces jefe del Estado, el 21 de septiembre de 1973, que afirmaba que el pueblo saharaui era «el único dueño de su destino» y que el Estado defendería «la libertad y la voluntad de libre decisión» de los habitantes del territorio. Y contradecía también la comunicación hecha por el Gobierno español a las NU en el verano de 1974 aceptando la celebración de un referendum en el territorio para 1975, como le había solicitado reiteradamente la Asamblea General de la Organización.

    Los hechos, en la sombra

    Es esta comunicación la que abre la crisis final en el asunto del Sahara, por obra de la iniciativa diplomática de Marruecos. Pero el hecho es que en octubre de 1975, como se afirma en el informe de la Misión de Visita de las NU. la población saharaui residente en el territorio, deseaba, en su inmensa mayoría, acceder a la independencia. Y el Tribunal Internacional de Justicia, en el citado dictamen consultivo de 16 de octubre de 1975, afirmaría, dada la inexistencia de anteriores vínculos de soberanía entre el Sahara Occidental y Marruecos o el conjunto mauritano en el pasado que, nada se oponía «a la aplicación del principio de la libre determinación, a través de la expresión libre y auténtica de la voluntad de las poblaciones del territorio».Cabe preguntarse, legítimamente, qué hechos determinaron -entre el 14 de octubre y el 14 de noviembre de 1975- este doble resultado final. Pero los hechos, como dije antes, aún permanecen en su mayor parte en la sombra. Quedan, ciertamente, las imágenes de aquel período -en el que las noticias sobre el Sahara Occidental compartían con los partes médicos un lugar destacado en los medios de comunicación-, como indicios que tratan de explicar un acto del Gobierno español por el que se condenó al pueblo saharaui a una nueva dominación colonial. Entre ellas, sin duda, un lugar de primer orden corresponde a la «marcha verde»; pero los documentos de las NU han revelado un hecho entonces ocultado a la opinión pública española: que la marcha se inició y realizó en el entendimiento del Gobierno español de que si la marcha se realizaba en un área limitada y por tiempo también limitado, no se produciría una respuesta armada por parte de las fuerzas españolas ante la penetración en el territorio. Quedan también las imágenes de las reuniones del Consejo de Seguridad, convocado a instancias del Gobierno español, la enérgica actitud de los representantes españoles y la condena por este órgano de la «marcha verde»; sin que Marruecos -tal vez por gozar de un decidido apoyo diplomático de Estados más poderosos- se dignase a aceptar sus resoluciones. Y también conservamos, en la confusión de aquel momento, las imágenes de los viajes y de las negociaciones sucesivas, entre el Gobierno español y los de Marruecos y Mauritania, entre el 21 de octubre y el 3 de noviembre. Si hemos de creer la declaración hecha por SM el Rey de Marruecos al representante especial del secretario general de las NU, señor Lewin, el 4 de noviembre de 1975, en esta fecha ya se habían convenido las principales disposiciones de la que sería la Declaración de Madrid y en ella se estipulaba, según el soberano alauita. «la transferencia de soberanía por parte de la potencia administradora a Marruecos y Mauritania».

    El gran «show» marroquí

    De este modo, el inicio de la «marcha verde», el siguiente día 5 de noviembre, adquiere un sentido más real. Fue, ciertamente, un gran «show» marroquí, al que no faltaron- las imágenes de TVE para mayor impacto en la confusa opinión pública; pero también era, de otra parte, el gesto simbólico que preludiaba la posterior anexión del territorio. En esta perspectiva, hoy resuenan como huecas las censuras dingidas por el ininistro señor Carro Martínez a la conducta de las Naciones Unidas, en el pleno de las Cortes del 18 de noviembre de 1975, así como-tantas apelaciones improcedentes al honor del Ejército español, que nunca estuvo en juego en aquella crisis.Pero los hechos de aquel período -aún siendo insuficientemente conocidos en todos sus aspectos- permiten, no obstante, establecer ciertas conclusiones muy precisas, conforme al derecho internacional en vigor. En primer término, que si un territorio no autónomo, como el Sahara Occidental, «tiene en virtud de la Carta una condición jurídica distinta y separada de la del territono del Estado que lo administra» y esta condición subsiste hasta que el pueblo de dicho territorio «haya ejercido libremente su derecho de libre determinación de conformidad con la Carta», el acuerdo de Madrid, de 14 de noviembre de 1975, es nulo, pues el Gobierno español no podía hacer entrega del territorio, como se pactó, a los Gobiernos de Marruecos y Mauritania. Su retirada del Sahara Occidental hubiera requérido el establecimiento de una administración del territorio, a cargo de las Naciones Unidas, pero nunca la concertada con estos dos Estados y seguida de la ocupación militar por parte de los mismos.

    En segundo lugar, dado que el derecho de libre determinación de los pueblos es hoy una norma imperativa de Derecho internacíonal, que no admite pacto alguno en contrario, la «Declaración de Principios» hecha en Madrid, el 14 de noviembre de 1975, es nula, por ser contraria a estas normas de jus cogens. En efecto, el objeto y fin de dicho acuerdo fue privar al pueblo saharaui, mediante una ocupación militar de su territorio, del derecho a expresar libremente su voluntad, mediante un referéndum. La consulta a la «Yemaa» que figura en el citado acuerdo, al constituir una simple farsa, no fue otra cosa que una flagrante burla del Derecho de las Naciones Unidas y que éstas se negaron a admitir, rechazando el envío de un representante del secretario general.

    «Crimen, internacional»

    Finalmente, la violación grave de una obligación internacional de importancia esencial para la salvaguardia del derecho a la libre determinación de los pueblos «como la que prohibe el establecimiento o el mantenimiento por la fuerza de una dominación colonial», constituye un hecho internacionalmente ilícito, que da lugar a la responsabilidad internacional del Estado ante la comunidad internacional y que a juicio de la Comisión de Derecho Internacional de las Naciones Unidas, debe ser calificada como un «crimen internacional». Los actos realizados por los Gobiernos de Marruecos y Mauritania con posterioridad al 14 de noviembre de 1975, al ocupar militarmente el territorio del Sahara Occidental y proceder a su reparto, puede estimarse que quedan comprendidos en el supuesto del precepto anteriormente citado, pues, de hecho, equivalen a establecer una nueva -y más cruel- dominación colonial del territorio.A mi juicio, corresponde a las Cortes surgidas de las elecciones del 15 de junio, solicitar, mediante la creación de una comisión especial, una completa y detallada información sobre los hechos que condujeron a la firma del acuerdo de Madrid. Y una vez determinados éstos, si las anteriores conclusiones son correctas, adoptar un acuerdo por el que se declare que, a juicio del Estado español, la Declaración de Principios hecha en Madrid, el 14 de noviembre de 1975, es un acuerdo nulo, conforme al Derecho Internacional en vigor, y, consiguientemente, que el Gobierno debe orientar su política internacional, en relación con la cuestión del Sahara Occidental, en toda ocasión y circunstancia, de conformidad con este acuerdo. La posición actual del Gobierno español, por su inherente ambigüedad, resulta difícilmente admisible, pues equivale a admitir el acuerdo de Madrid, pese a su nulidad y negarse a reconocer los efectos del mismo.

    *Catedrático de Derecho Internacional – Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de septiembre de 1977

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    DEBATE EN LA COMISIÓN DE EXTERIORES DEL CONGRESO

    Carro: acalorada defensa de la política descolonización del Sahara

    PABLO SEBASTIAN – ISMAEL FUENTE LAFUENTE
    El País, 16/03/1978

    El ex ministro de la Presidencia Antonio Carro, hombre sobre el que recayó una de las mayores responsabilidades en la última fase de la descolonización del Sahara, defendió acaloradamente la política que se siguió con respecto al territorio ex español, y dijo no sólo que ésta había sido la más favorable a España, sino la única viable en aquellos momentos, «en contra de lo que se ha podido decir estos días en esta Comisión ».Los dieciséis fólios de discurso, preparados concienzudamente por Carro y que tuvieron como consecuencia inmediata un enfrentamiento verbal con el embajador en la ONU, Piniés, en el descanso siguiente a su parlamento), en presencia de diputados y periodistas, respondieron al alto clima de expectación que reinaba estos días en la Comisión de Relaciones Exteriores ante la comparecencia del hombre al que, junto con Arias Navarro, se le considera uno de los artífices de la política seguida con la antigua colonia española.

    Para Antonio Carro la descolonización del Sahara no fue una operación maximalista. La sombra de la guerra estuvo presente a diario, y se corrió el riesgo de que la zona se vietnamizase. Hasta las dos grandes potencias -Estados Unidos y Unión Soviética- presionaron sobre la zona, con riesgo claro de un estallido bélico de efectos mundiales. «No ocurrió lo peor. Tampoco diré que lo mejor. Pero sí lo menos malo de lo que la gran tensión en la zona pudo generar. »

    «La desconolización del Sahara se produjo dentro de una cierta normalidad.» Esto dijo Antonio Carro antes de hacer una larga cita histórica de todos los procesos de descolonización del último siglo de las principales potencias europeas. «Mi intuición de hombre de Estado, antes que de hombre de partido, me induce a presentaros la descolonización como un hecho favorable a España, y que históricamente no permitió solución distinta a la adoptada. Y estoy seguro de que la mayor parte de los que hoy se sientan en esta comisión hubieran hecho exactamente lo mismo que lo que nosotros tuvimos que hacer en aquellos momentos.» «Quiero decir también que en ningún momento se eligió a Marruecos en vez de a Argelia. Simplemente elegimos a España.» Carro hizo entonces una historia de las posiciones de los países interesados en la zona, toda ella bajo el prisma del intento de aplicación del estatuto de autonomía para el Sahara de 1974 y de la paralela enfermedad de Franco (verano de 1974), cuando, según sus palabras, se iniciaron los movimientos reivindicativos de Marruecos y la solidaridad de los países árabes en favor de éste, incluido Argelia.

    Entonces España comunicó su decisión de celebrar el referéndum sobre autodeterminación del Sahara en los seis primeros meses de 1975, pero «la avisada imaginación del rey Hassan II provocó un incidente dilatorio de singular efecto». Se refería Carro a la petición de Hassan II de que fuese el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya quien dictaminase sobre el dominio histórico de la región.

    España aceptó la resolución, aun a sabiendas de que sería muy difícil llegar al referéndum, pero al menos se lograba distender la atención en la zona y se lograba romper la solidaridad de las naciones árabes con Marruecos, ya que Argelia apoyaba la tesis española de autodeterminación. Carro había hallado de un riesgo grave de conflicto militar en la zona entre España y Marruecos en el verano de 1974.

    Tres opciones

    El ex ministro de la Presidencia planteó que, como consecuencia de los hechos citados en la primavera de 1975, a España solamente le quedaban tres opciones: una, entregar la independencia de forma unilateral al Sahara, aunque España no podía hacerlo porque era sólo potencia administradora y no podía transferir una soberanía que no tenía. Dos, pactar con Marruecos, pero eso era imposible, porque el monarca alauita no admitía otra negociación que no fuese la de la transferencia de la soberanía. Y tres, transferir las responsabilidades del territorio a la ON U.

    Con esta última idea se pidió a las Naciones Unidas -prosiguió Carro- el envío de cascos azules y se invitó a una misión de la ONU a visitar el territorio. Tras este viaje, a la vista de la hostilidad del pueblo saharaui contra España, se preparó minuciosamente en el verano de 1975 (esto es, antes de la marcha verde) la Operación Golondrina y se anunció la decisión española de precipitar la transmisión de poderes.

    Tras una serie de consideraciones sobre la actitud del Ejército en el Sahara (del que Carro destacó su disciplina, su gallardía y su aguerrimiento), dijo que en la Península se hubiera reprobado cualquier sacrificio estéril de los soldados españoles en el Sahara.

    España intentó apoyarse en la ONU -continuó-, y lo único que obtuvo fueron resoluciones contradictorias. «No quedaba otra alternativa que la de poner a salvo nuestros intereses. Por eso se intentó obtener un acuerdo con las partes interesadas.»

    La « marcha verde » fue una sorpresa

    Para España, la marcha verde fue una sorpresa y una gran amenaza El día 2 de noviembre, con la marcha verde a punto de entrar en el Sahara, la respuesta de las Naciones Unidas a España fue la de «caución y moderación». «Es increíble la respuesta de la ONU cuando las metralletas marroquíes estaban sonando cerca de nuestro territorio».

    «Fue preciso en todo momento evitar cualquier riesgo de guerra», prosiguió. «El 7 de noviembre de 1975, el embajador marroquí en Madrid visitó al presidente Arias, en un momento crítico en que la marcha verde se encontraba dentro del Sahara, y de ahí salió la utilidad de mi viaje a Agadir al día siguiente.» Carro desveló que entonces no fue muy difícil la negociación con el monarca alauita, aunque éste le pidió que firmara un pacto favorable a los intereses marroquíes. Al fin se materializó un acuerdo en una carta de Carro dirigida a Hassan, en la que se pedía que para seguir negociando fuese preciso la retirada de la marcha marroquí sobre el Sahara, al tiempo que Hassan 11 dirigía una carta al entonces jefe de Estado en funciones, el hoy rey Juan Carlos, en la que se pedía la entrega por parte del Estado español a Marruecos y Mauritania de todas las responsabilidades en el Sahara.

    Posteriormente llegaron las negociaciones. De ellas, el ex ministro de la Presidencia dijo que en todo momento los acuerdos de Madrid, o mejor, la declaración de Madrid, entre los jefes de Gobierno de España, Marruecos y Mauritania, se habían escrito con pluma española; es decir, que los Gobiernos marroquí y mauritano no habían escrito prácticamente ninguna palabra en el texto. Y que, en cualquier caso, una lectura pausada de la declaración de Madrid dejaba bien claro que no era otra cosa que una declaración unilateral de retirada por parte de España, sin que ello entrañase una cesión a Marruecos y Mauritania.

    «Porque lo único que se hizo fue abandonar el Sahara sin entregar el mismo a los ejércitos marroquí y mauritano, sino que éstos se limitaron a ocupar las posiciones que los españoles iban dejando libres.»

    La larga intervención de Antonio Carro dejó bien claro que el proceso descolonizador del Sahara estaba sin terminar y que en todo momento, tal como se sucedieron los hechos, no se pudo actuar de otra firma. «Para España -repitió en varias ocasiones- no hubo otra alternativa y se optó por el mal menor. El peligro, el riesgo, una vez superado, se olvida fácilmente, pero en aquellos momentos los intereses de España y de sus aguerridas Fuerzas Armadas hubo que situarlos por encima de todos los demás intereses en juego. Y gracias a ello nuestra fue la iniciativa, nuestro el dominio de la situación y el final de la operación fue satisfactorio para los intereses de España.»

    Incidente Carro-Piniés

    El incidente entre los señores Carro y Piniés, en un tono casi violento y en medio de los pasillos de la Comisión, se produjo cuando este último negó ante los periodistas dos afirmaciones del ex ministro: que España había solicitado la presencia de la ONU y de sus cascos azules en el territorio, y que nuestro Gobierno no supo, hasta su convocatoria, de la marcha verde. Piniés negó contundentemente las dos afirmaciones. Ambos se acusaron públicamente de no estar diciendo la verdad.

    * Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 16 de marzo de 1978

    Tags : Sahara Occidental, Frente Polisario, Marruecos, España, acuerdo de Madrid, 14 de noviembre 1975, Marcha Verde,