Étiquette : refugiados saharauis

  • El tiempo vuela

    Más de dos meses han pasado desde la última vez que me asomé por aquí. Demasiado. “Hace mucho que no publicas en el blog” “¿Por qué no escribes?” “¿Cuándo vuelves?” Son algunas de las preguntas sin respuesta que me han hecho durante estas últimas semanas de retiro casi absoluto. Mentiría si dijese que yo tampoco me las he hecho en algún momento, puede que casi a diario. Pero es que ni yo sabía por dónde empezar, ni mi propia cabeza era capaz de ordenar tantas emociones, cambios, trabajo nuevo, conocer gente nueva, nuevos rincones, y sentimiento a flor de piel. Y por sino lo he dicho, estoy encantada. Ilusionada, mejor dicho: FELIZ.

    Y aquí, empieza “mi vuelta al cole”, un poco tarde, pero mas vale tarde, que nunca.

    ¿Cuál es tu mayor tesoro?

    Ese “algo” al que tanta estima le tienes y que cuidas como oro en paño. Aquello que proteges y que rara vez compartes, si acaso con mucho celo y sólo con quien sabes que lo va a apreciar de verdad. Que no es cualquiera, no nos engañemos. Aquello sin lo cual nada sería lo mismo, ni siquiera tú mismo.

    Lo que te podría quitar no sólo el sueño, sino el aliento. Lo que te suma jovialidad y hasta algún tono de más en tus mejillas. Aquello por lo que perdemos la cabeza, aunque tratemos de negarlo. Lo que nos alegra cualquier mañana gris y aleja hasta el último de los nubarrones más negros. Lo que pone voz a silencios rotos y anima cuando lo demás se ha perdido. Lo que abraza cuando de lo que menos tengas ganas sea de eso, pero te abraza, y se queda.

    Los habrá para quienes sea una persona en concreto. Una madre ejemplo de vida, puro ejemplo de superación; o un padre que ejerce las veces de héroe sin igual. Quizá se trate de un amigo especial, de esos con los que te une algo muy fuerte, incluso más que un vínculo de sangre. Por quien darías todo. O, por quienes eres, y quieres seguir siendo.

    Los habrá para los que su mundo sea su trabajo. Su seña de identidad, su logro más logrado. Y puede que hasta no puedan ni imaginarse la vida más allá de su trabajo, cogiendo uno nuevo, empezando de cero. De cero o desde el tejado. Dejándolo todo o casi todo. Aquí o allá. Superando miedos y afrontando retos. Demostrando que pueden si quieren, que merecen.

    ¿Y el tiempo, qué me dicen del tiempo?

    Nada como abrir un viejo álbum de fotos, de esos que cogen polvo en alguna estantería y cuyo color empieza a amarillear. Ver aquellas imágenes que parecen de una vida pasada, hasta lejana y que hoy te producen risa y hasta vergüenza. ¿Y esas pintas? Comprobar que no hace tanto tiempo que se hicieron, o quizá sí. Pero si te paras un segundo a observarlas con detenimiento, es como si volvieras a posar para aquellas instantáneas. Yo soy muy dada a echar la vista atrás, y no perder aquellos recuerdos de infancia que seguro todos tenemos algunos un poco mas “heavys” que otros.

    Nada como tener la ocasión de reencontrarte con la familia. Con todos aquellos a los que no sueles ver, a los que están más lejos, y a los que aunque estando cerca, la rutina los lleva por caminos distintos. Nada como verlos pasado un tiempo y observar los cambios, a veces para bien, y a veces no tanto. Reencuentros que llegan a encogerte el corazón, y dejarte en un “ay”, por sentir que el tiempo pasa. Y ahora, -que estoy un poquito más lejos- valoro un poco más si cabe a mis familias. Y, por supuesto, a mis amigos.

    Que el tiempo vuela.

    Y no espera que le sigamos el ritmo. Ni se detiene por nada ni nadie. Avanza imparable, siempre al mismo paso, siempre hacia delante. Regalando oportunidades a quien las quiera coger. Recordando lo efímero que puede ser a quien lo quiera escuchar.

    Escapándose de entre los dedos de quienes no lo saben cuidar.

    De niños soñábamos con ser mayores, con crecer y comernos el mundo. Con ir a la universidad y tener el trabajo por el que cualquiera suspiraría, nos envidiaría, lo querría para sí. Soñábamos con viajar hasta los confines de la tierra y con ser el alma de cada fiesta a la que fuéramos.

    En nuestros sueños triunfábamos siempre, éramos libres y felices y a nada temíamos. No existían los problemas, para todo teníamos solución. El tiempo se congelaba, nadie se iba de nuestro lado y a nadie echábamos de menos.

    Parece que fue ayer.

    Y aunque nos decían y repetían que el tiempo, conforme te haces más mayor, más rápido se te pasa, no quisimos creerlo.

    Y llegamos a la universidad, o no. Tuvimos nuestro primer trabajo. Incluso dos a la vez. Y detrás vinieron muchos otros, y puede que ninguno fuera el que habíamos soñado. Y tuvimos miedos, muchos, y con ellos tantas cosas que se quedaron en el camino. Como vuelos que no cogimos, personas a las que no nos atrevimos y fiestas en las que no bailamos.

    Que todo pasa porque tiene que pasar, nos dijeron.

    Que no es posible dar marcha atrás y retroceder en el tiempo. Que lo que alguna vez dijimos, alguien lo escuchó, y lo que no, aún estamos a tiempo de decirlo. Que aunque hay cosas que es mejor guardar para uno mismo, las hay que por sí solas no tienen sentido.

    No perdamos más.

    Vivamos. Al día y sin mirar la hora. Con personas que se quedarán el tiempo que quieran y el que se lo permitamos. Con personas que nos aporten, que nos creen valor. Y aprendamos de los que no. Hagamos que valga la pena.

    Viajemos. Aceptando sin tanto miedo, arriesgando cuando sea el momento, que por serlo, puede ser cualquiera. No tomemos lo que no es nuestro, ni guardemos viejos rencores. No llevemos de más, sino lo esencial.

    Bailemos. Con música y sin ella. Inventando acordes e improvisando los pasos sobre la marcha. Que si los finales son bonitos, los principios no lo son menos. Olvidando vergüenzas, indecisiones y excusas que nos retengan.

    Olvidemos que la vida pasa sin olvidarnos de vivirla.

    Y que todo pasa.

    Y que el tiempo vuela.

    Benda Lehbib Lesbir.

    Fotografías: Beatriz  Garrote.

    Fuente : 1niño saharaui, 23 sept 2019

    Tags : Sahara Occidental, refugiados saharauis, vacaciones en paz, niños saharauis, Tindouf,

  • Los pequeños embajadores saharauis se van

    Por Susana García

    Tan solo faltan dos dias!!

    Está noche toco , preparar tu equipaje.

    El, pendiente de cada gramo que marcaba el peso, atento mirando, como envolvía cada cosas para evitar que con los golpes,nada se rompa dentro del bolso, atendiéndo en todo momento, mientras le explicaba ,para quien era cada cosa. Esto me lleva a una reflexión y me gustaría que leyeras hasta el final😊

    Cuantas veces las familias de acogida habéis oído como os decían…

    Lo que hacéis, está muy bien pero YO, no podría hacerlo. Después de estar un verano en casa,le cogería cariño y debe ser muy duro cuando se marchan, YO no estoy preparad@ para eso. Aquí disfrutan de todo y YO pienso que es, ponerles la miel en los labios y luego, devolverlos a ese campo de refugiados a pasar necesidades (si si, REFUGIADOS, que es lo que son).

    Os invito a ampliar la foto y que os fijéis, en el brillo de sus ojos.
    Creéis, que está triste de volver? Creéis, que le importa no poder tomar helados en muchos meses o quizás ,años?, bañarse en la playa? ,ir al cine? tomar refresco?, o simplemente poder ver una peli en la televisión? A veces, no hacen falta palabras para expresar sentimientos. Su felicidad salta a la vista y es ese brillo precisamente, es el que da la vuelta a todos esos YO .

    Cualquiera de vosotros, puede hacerlo. No hace falta ser ninguna persona especial como creen algun@s. Simplemente hay que querer y creer que TU, si que puedes hacerlo.

    Buenas noches pequeño embajador saharaui.

    AL DIA SIGUIENTE :

    Esta sera, tu última noche en casa tras acabar tus Vacaciones en Paz 2019.

    Está lloviendo, el cielo parece saber, que mañana te vas y llora tu despedida.

    Llega ese momento, que nos hace sentir melancolía. Seguramente, no podré evitar que se me escape alguna lágrima cuando te vea subir al autobús, en el que comienza tu viaje de vuelta a casa. Al otro lado del charco , tu familia, estará nerviosa de saber que en poco más de 24h, podrán abrazarte después de casi dos meses.

    Te doy las gracias, por permitirnos compartir cada momento contigo y a tu familia,por confiarnos algo tan preciado como es un hijo. Me despedire de ti con un hasta pronto.

    Me gustaría cuando vuelva a verte,que sea en libertad, en tu tierra, el Sáhara Occidental pero solo el destino,sabrá cuando y donde volveremos a reencontrarnos.

    Estarás en nuestros corazones por siempre Hama😘

    TRES DIAS ANTES :

    Nuevamente , comienza la cuenta atrás.

    En tan solo tres días, tendremos que despedirnos de ti una vez más. Han sido 52 días, en los que hemos disfrutado un verano más de ti , de tu nobleza y de ese adolescente tímido que eres.

    Como todos los que habéis pasado por nuestra casa, dejaras una huella imborrable en nuestros corazones. Tu familia, te espera ansiosa por verte y nosotros estamos satisfechos de saber, que también viviremos en tu recuerdo.

    Llega el momento de prepara tu bolso, en el que sabemos,llevas un poquito de cada momento vivido y que compartirás con los tuyos. Tu mochila, irá cargada de ilusión , felicidad y a la vez melancolía.

    A pesar de llevar 19 años acogiendo, las despedidas siempre, se hacen complicadas. Deseamos que tengas un buen viaje de regreso a tu hogar y con la incertidumbre de no saber, si el año que viene podrás volver o no, espero un reencuentro contigo en tu verdadera tierra , esa que os arrebataron y que el destino os devolverá. Nos vemos en un SAHARA LIBRE!!!

    Buen viaje Hama😘

    Tags : Sahara Occidental, vacaciones en paz, refugiados saharauis, campamentos, Tindouf,

  • La resistencia saharaui tiene rostro de mujer

    Por Nekane Lauzirika¹.

    “La formación es nuestra única y más poderosa arma para poner en evidencia al ocupante marroquí”. “Cuando vuelvo a Tindouf me encuentro con la nada, mientras ves que otros se aprovechan de tu país”. “La Unión Nacional de Mujeres Saharauis ha sido la columna vertebral de la resistencia del Sahara”. “En nuestra vida luchamos por lograr la libertad y la independencia de nuestro pueblo”.

    La constante de la situación en general subordinada de la mujer en el mundo musulmán y más específicamente en el ámbito árabe es bastante bien conocida. En el entorno familiar, en el social, en el profesional y hasta en el económico la mujer con respecto al hombre debe ir un paso por detrás en derechos. Por esto mismo, comparativamente, me sorprendió muy gratamente la evidente mejor situación de los derechos de las mujeres saharaui; en aquella mi primera visita de hace treinta años me explicaron que la larga y áspera guerra del Polisario contra la agresión marroquí marcó una diferencia fundamental; las necesidades bélicas hicieron que muchas mujeres tuvieran no solo que compartir codo con codo acciones bélicas y trincheras, sino sobre todo tomar las riendas de la organización familiar, social y productiva en los campamentos de retaguardia ante la ausencia de hombres, la mayoría enrolados en el frente. Doy fe de lo que pude observar allí sobre el terreno. De aquella necesidad surgió la virtud de acercar hasta casi equiparar derechos de hombres y mujeres. En posteriores viajes a los campamentos saharaui y a otros países árabes del mismo entorno he podido seguir comprobando la diferencia en lo que respecta a los derechos de las mujeres, siempre a favor de las saharauis.

    Tras el precipitado, doloso y ominoso abandono del Sahara Occidental por el Estado español el 26 de febrero de 1976, se creó la RASD-República Árabe Saharui Democrática. Han pasado 43 años, y tanto en los campos de Tindouf, al sur de Argelia, como en la diáspora el grito de independencia sigue vivo ante el olvido e incluso el abandono agresivo de su antigua potencia colonizadora, España, entre otros países muy interesados en contentar y hasta adular a Marruecos, por evidentes intereses económicos y geoestratégicos, pesca, fosfatos, turismo, inmigración y Canarias entre otros.

    Tomando la palabra

    En esta tesitura las mujeres también toman la palabra, levantando su reclamación de ser libres. Son un modelo de que la cultura que desarrolla una religión es tan determinante como la religión misma. El Islam se comprende como se concibió en su origen, sin discriminación de género, no contaminada por otros análisis culturales. Tal como lo hacen la doctora Raabud Mohamed Lamin Mehdi, y la joven graduada en Ciencias Políticas por la UPV/EHU, Aichatu Yeslem, que desde Gasteiz y Basauri trabajan no solo para dar a conocer la causa saharaui entre la ciudadanía vasca y del Estado, sino también para consolidar la presencia de la mujer en todos los ámbitos, laborales, sociales, políticos, culturales.

    Aichatu pertenece a la generación de jóvenes que jamás han pisado el Sáhara occidental, de las que nacieron en los campamentos;su mentalidad es la de una mujer comprometida con las luchas sociales. “El hecho de ver a nuestras abuelas sosteniendo un Estado olvidado, mantenido y en exilio, y a nuestras madres ir a formarse a Libia, Cuba, Sudáfrica te marca. Te das cuenta de que la formación es nuestra única arma para poner en evidencia al ocupante marroquí”, relata la joven veinteañera, que sigue formándose en Euskadi con la esperanza de volver un día a su país, de donde fueron arrojados por la fuerza.

    En Tindouf, la región cedida por Argelia para asentarse temporalmente hasta que acabase el conflicto, estudian hasta la ESO, después deben de emigrar para proseguir su formación a países hermanados con el pueblo saharaui. “La realidad de la juventud, como también lo fueron la de nuestras madres, es complicada, porque sales al extranjero dejando a tu familia y todo atrás;pero nuestro firme compromiso es seguir la lucha hasta lograr que todo el pueblo saharaui ejerza su legítimo derecho a la autodeterminación y pueda vivir libre e independiente”, explica con vehemencia Aichatu.

    En la lucha

    Desde el inicio del conflicto en 1975 las mujeres se unieron a la lucha por la libertad y la justicia para su pueblo. En esta línea continúan activas y convencidas demostrando ser firmes defensoras de la autodeterminación saharaui y de la creación de un Estado que no merme sus conquistas sociales. “Nosotras hemos jugado un papel clave en la lucha, ya que nuestras madres fueron las que organizaron los campamentos, una sociedad en medio de la nada;la resistencia saharaui tiene rostro de mujer”, sentencia Raabub, que de sus 44 años pasó 13 en Cuba donde el Frente Polisario la envió para que estudiara Medicina. De allí partió a Portugal para aterrizar en 2011 en Euskadi donde tiene su proyecto de vida junto a su marido, también especialista médico, y sus hijas de 12 y 3 años. “La gente desconoce -o no quieren reconocer- el gran papel jugado por Cuba en la formación de miles de saharauis y también de otros pueblos; un país pobre que con su generosidad nos ha ofrecido la posibilidad de formarnos, mientras que los ricos nos han traicionada”, añade.

    Consciente de que como a todas las mujeres del mundo, a las saharauis les falta mucho camino por recorrer hasta alcanzar la igualdad de oportunidades, la médica reconoce que las políticas en favor de las mujeres forman parte del ADN del Frente Polisario. “Formamos parte indivisible de ese gran movimiento a nivel mundial que lucha por la igualdad y por la construcción de un mundo más justo y más democrático”, añade sonriente Raabub Mohamed, que ejerce de internista en el Hospital Universitario de Araba y que a pesar del calvario que sufren los saharauis abandonados a su suerte por la Comunidad Internacional aboga por soluciones pacíficas.

    “Quienes hemos crecido en la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) en el exilio hemos nacido con la libertad de sabernos saharauis y tenemos el privilegio de no ser oprimidos, de decir lo que somos y llevarlo con orgullo. Así surge una juventud valerosa que generación tras generación marcha fuera a prepararse para servir en un futuro a su pueblo”, añade Raabud, que cada verano vuelve al desierto argelino no solo para visitar a su familia, sino para participar en misiones humanitarias y “reinvertir en mi pueblo todo lo que he aprendido”.

    Presidenta de la Asociación humanitaria Doctora Beituha, que apoya a mujeres afectadas por el conflicto en el Sahara Occidental, alerta sobre el riesgo de que la juventud pierda la paciencia tras más de 25 años de alto el fuego del Frente Polisario; considera que la solución para el conflicto tendría que pasar por las vías pacíficas, pero también es consciente de que la inacción de la comunidad internacional está empujando a los saharauis a la guerra. “Nuestros jóvenes están desesperados, se les está agotando la paciencia y piden medidas contundentes contra el invasor”. A pesar de todo, el Frente Polisario sigue apoyando salidas pacíficas que pasan por aparcar los intereses económicos y porque Marruecos, Francia, España dejen de expoliar su tierra “y se la devuelvan a sus dueños, los saharauis”, apostilla Raabub, al tiempo que añade que “la única lucha que se pierde es la que se abandona; la verdad tiene que prevalecer. Los intereses geopolíticos están aplastando los derechos de nuestro pueblo”, recalca.

    Aunque pertenecen a generaciones distintas, coinciden en denunciar las violaciones de derechos humanos cometidas por Marruecos y se muestran muy críticas con la postura de la comunidad internacional. En primer lugar, con el Gobierno de España, “porque tiene una responsabilidad histórica en la situación del pueblo saharaui”. En segundo término, con la Unión Europea (UE), que continúa ratificando tratados con Marruecos para la explotación de recursos en el Sahara Occidental, a pesar de que el Tribunal de Justicia de la UE haya dictaminado que el territorio saharaui no forma parte de Marruecos. Y, por último, censuran la pasividad de la ONU, por no haber sido capaz de estipular los planes para la descolonización del Sahara.

    Mientras continúa estudiando en Euskadi con la mirada puesta en el Sahara, Aichatu se refiere al dolor que supone para los jóvenes vivir en los campos de refugiados, “porque hay que dejar claro, y lo decimos con tristeza, que nuestro país cuenta con enormes recursos naturales que nos son robados, que sobrevivimos gracias a la solidaridad de los pueblos, como el vasco y también como el español, aunque los distintos Gobiernos -del PSOE y del PP – no solo nos han abandonado, sino que trabajan en nuestra contra”.

    Insisten en señalar que el “gran estadista Felipe González” es cómplice “de la violación sistemática” de sus derechos, “ya que tiene enormes intereses en Marruecos; existe mucha complicidad por parte del Gobierno español -el primer viaje del Rey fue a Marruecos- y también del francés porque se perpetúe la ocupación marroquí en el Sahara”, explica la graduada en Ciencias Políticas, mientras subraya que a las mujeres no las callaran. “Seguiremos denunciando que España hace de negociador con los marroquíes y expolian los recursos del pueblo saharaui de forma ilegítima. Mientras la ciudadanía española está con los saharauis, la cúpula del poder, las elites siguen apoyando al rey sátrapa que está en el poder”, añaden.

    Las reivindicaciones de la mujer saharaui coinciden con las de cualquier otra mujer: “Luchamos por la igualdad de oportunidades en el proyecto común de todos los saharauis, que viven en circunstancias muy difíciles, tanto en las zonas ocupadas por Marruecos como en los campamentos de refugiados, los territorios liberados y en la diáspora”, indica Raabuz Mohamed Lamin Mehdi. Pero la suya, insisten en señalar desde la Unión Nacional de Mujeres Saharauis (UNMS,) es una batalla en tres dimensiones: la ocupación ilegal de su tierra, el exilio y su propia lucha por alcanzar la igualdad de oportunidades.

    Raabuz y Aichatu sufren por la represión que padecen las mujeres saharauis en las zonas ocupadas por Marruecos, “donde son marginadas y objeto de represión”. Por ello, desde Euskadi y a través de las Asociaciones en las que están inmersas, tratan de crear conciencia. “Nosotras desde pequeña sabemos porqué estamos aquí;por eso, cuando llegué a Euskadi, como cualquier persona refugiada o migrante que haya sufrido una invasión o ve su identidad pisada, hice conciencia política. En esta línea participo en iniciativas como Vacaciones en Paz para acoger a niños y niñas saharuis para que sepan que existe otro mundo además del desierto;intervengo en encuentros jóvenes;trato de poner toda mi experiencia en ayudar”, apunta la joven politóloga quien no descartaría volver a los campamentos de Tindouf si su trabajo allí pudiera servir. “Las personas que vivimos fuera del desierto estamos apoyando a nuestro pueblo de distintas maneras”, apostilla Aichatu, quien recalca que el objetivo del pueblo saharaui no es estar otros 43 años más en el desierto de los desiertos. “Mayores y jóvenes abogamos por un referéndum libre donde se pregunte a los saharauis qué quieren ser. Se debe cumplir un proceso de descolonización en el que se dé voz para la autodeterminación. Se nos lleva silenciando demasiado tiempo”, subraya satisfecha ante el próximo viaje institucional vasco a mediados de febrero que conmemorará el 43 aniversario de la proclamación de la RASD, celebración que coincidirá con el Congreso de la Unión Nacional de Mujeres Saharauis.

    ¹ Nekane Lauzirika. Periodista que trata de cocer en la misma salsa informativa sanidad, mujer y cooperación al desarrollo

    Gaceta de los miserables, 15 jul 2019

    Tags : Sahara Occidental, Marruecos, Frente Polisario, Tindouf, refugiados saharauis, exilio,

  • El verano bajo los 50º

    Por favor no me empuje, me puedo caer; yo en mi nube estoy bien no me va a convencer, ya conozco unos cuantos que son como usted, que me ofrecen veneno cuando tengo sed. Trozos de Cristal, Fito y Fitipaldis

    Hace unos días afirmaba de una forma convincente y rotunda que soy de esas personas que les encanta el verano. Siempre he sido muy friolera y algo maniática también con esa estación llamada invierno que tan mal humorada me pone. Por eso, me gusta el bueno tiempo -lo justo- y, sobre todo, el que te permite dormir, comer y no te hace sudar demasiado.
    Resulta que este gusto tan…¿particular? me ha ido acompañando durante toda la vida de una forma u otra. Sí, no me vayan a malinterpretar pero, a veces, me sorprendo observando a la gente quejándose del frío, del calor, de la niebla y por supuesto de que terminan sus vacaciones, y me imagino sus gestos, sus movimientos espontáneos y naturales, sus palabras y hasta su forma de moverse. Todo esto habla mucho más de nosotros de lo que creemos.

    He aprendido que, esto de quejarnos por todo, dibuja la personalidad de uno mismo, los que hablan sin palabras, los que ofrecen su optimismo previamente. Es ese el lenguaje no verbal tan determinante del que se llenan capítulos en las clases de psicología y en los libros de autoayuda.

    Gracias a esta ardua – e involuntaria – labor de observación que me ha llevado años, 25 para ser exactos, me he dado cuenta de que sería injusto y, hasta en cierta parte, egoísta quejarnos por el mero hecho de quejarnos. Sí porque sí, y ojo (que alguna vez me quejo). Me frustro. Me enfado conmigo misma, y es un poco fruto de la comodidad a la que me he acostumbrado que -afortunadamente- me han dado unas circunstancias u otras de la vida.

    ¿A quién no le ha pasado alguna vez eso de coger el móvil para consultar la hora o mandar un Whatsapp y acabar en el Facebook sin saber muy bien por qué? Las redes sociales pueden ser adictivas, ¡casi como un acto reflejo!. Eso sí, hay cuentas en diferentes redes sociales, que me tienen irremediablemente enganchada, en las que me asomo siempre y me empapo de una realidad casi similar a la mía.

    Una de ellas, de Carolina, Carol para los amigos (en los que me incluyo) es una mujer valiente, enorme para ser exacta, de esas que cuando te hablan te convencen a la primera. Enamorada del Sahara y por supuesto: de los saharauis, reivindica la causa con una elegancia asombrosa y lleva su melhfa de colores allá por donde vaya -con más estilo que yo-.

    Sencilla, y la gusta demasiado “complicarse la vida” con los saharauis, (que no somos nada fáciles), por eso de vez en cuando viaja, y lo hace en verano bajo los 50 grados y aún sabiendo que en su casa saharaui, no tiene ni luz ni aire acondicionado. Pero, ella va y desde ahí diariamente nos cuenta a tod@s como es el día a día en los campamentos en esta estación tan particular.

    Gracias a eso, este post hoy puede tener un sabor un poco más especial si cabe porque con el testimonio de Carol, yo me he ido a los campamentos, estando en Palencia.

    Allá voy:

    Ah, el verano… Mi estación predilecta… De pequeña me encantaba porque eso significaba: vacaciones en paz, piscina, playa, etc. Y no tan pequeña, porque justo erala inversa: volvía a los campamentos e iba a visitar a mi familia tras un año sin vernos. Y sólo eso, hacía que los exámenes finales de junio fueran un poquito más llevaderos.

    A lo largo de estos días, hemos ido viendo cómo aterrizaban los niños en diferentes puntos de España, como la labor de muchas horas de trabajo de las asociaciones veía su recompensa y cómo las familias en un intento fallido en muchísimos casos de no llorar al abrazarse con los niños. Nos arrancaba una lagrimilla a todos los ahí presentes.

    También, hemos ido viendo (algunos más que otros) como los jóvenes estudiantes saharauis volvían a su casa tras un año intenso, y desde aquí mandar un beso tan grande como la distancia que me espera de ella: a mi madre. Por su paciencia, por esperar siempre que al otro lado del teléfono la diga voy tal día, por empujarme a hacer lo que quiero y por supuesto: por estar.

    ¿Y qué es un verano bajo los 50 grados?

    De cuando el verano significa, levantarte pronto, con prisas; disfrutar de un té en familia, y a la misma hora que se desayuna se está preparando la comida porque el día promete.

    Los saharauis, siempre piensan que el día más caluroso fue el qué pasó aunque el que venga mañana sea peor, es una forma un poco de amenizar su rutina. Y quizás también, eso justifica un poco como resisten a tanto calor y en las condiciones en las que están.

    Lejos de las piscinas, playas, Terrazas, helados, ventiladores y aires acondicionados, en los campamentos su lucha va un poco más allá: comer, intentar dormir y sobre todo luchar por mover las placas solares, y regar las pitacas de agua para que conserven su temperatura.

    De cuando en la misma habitación, debajo de unas ventanas pequeñitas casi a ras de arena duermen más de ocho personas, cuando moverte por ese espacio se convierte casi en una lucha titánica por intentar no despertar a nadie de los ahí presentes. Deporte no recomendado para los torpes como yo, que entre que voy dormida y que siempre termino pisando la melhfa y por ende cayéndome al suelo… aquello es un mundo.

    De cuando ir al servicio, se convierte en una lucha interna entre tú y tus necesidad por evitar salir “al infierno”

    De cuando, refrescarte consiste en mojar un trocito de la melhfa evitando a toda costa que se secase al segundo.

    De cuando dudas entre ir en coche, andando y si pudieras volar también sería una opción dudosa, por las altas temperaturas.

    De cuando moverte se reduce a tres horas diarias porque el calor te acaba apagando hasta el estado de ánimo.

    De cuando lo ultimo que te apetece es comer. Porque visualizas a quien está en la cocina bajo una temperatura infernal, y se te quitan automáticamente las ganas de comer.

    De cuando tú pelea con las moscas se convierte en una batalla casi familiar, porque cada vez hay más, molestan y apenas te permiten pegar ojo. Por que no se vosotros, pero a mi me molestan demasiado cuando están por ahí “zarandeando”.

    De cuando pagarías la vida por sacarlos de ahí, darlos una vida un poquito mejor y unas condiciones algo más humanas… de cuando vives eso, y encima no los oyes decir “ni mú”, lo de quejarte, queda en segundo plano.
    “Así como una coma cambia una frase, una simple actitud cambia una historia.”

    Benda Lehbib Lebsir

    Fuente :1 niño saharaui

    Tags : Sahara Occidental, Frente Polisario, Marruecos, refugiados saharauis, Tindouf, Hamada,

  • Cafia Alisalem: « En el pasaporte pone apátrida, pero yo siempre seré saharaui »

    LLEIDACOM / Amaia Rodrigo Arcay

    La primera vez que vino a Lleida tenía 6 años y flipaba con los ascensores. Poco se pensaba que en unos años, estaría viviendo y trabajando. Es terca y valiente. Y feminista. En buena parte « por culpa » de la Leonor Pedrico, su madre de acogida aquí. En los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf, que la vieron nacer y vivir una infancia libre y feliz, tiene su otra familia, con la que sueña reencontrarse. Administrativamente es apátrida y nada le hace más mal que no pudo documentarse como saharaui. Y es que la CAFI Alisal tiene patria, pero no le reconocen. La paradoja es que trabaja de mediadora en un centro de atención a MENA que vienen de Marruecos. Dice que no es activista, pero es luchadora y consigue lo que se propone. Guarda el primer dictado que hizo en catalán y sonríe orgullosa cuando explica que todo el mundo le decía que no podría estudiar Bachillerato y ha conseguido trabajar en un laboratorio con un grado formativo de biomedicina.

    Su historia ocuparía varias entrevistas. Hemos querido conocer un pedazo de lo que ha vivido esta saharaui leridana que está convencida de que el mundo se puede cambiar.

    Preséntate. Quién es la CAFI Alisalem?

    Soy una saharaui leridana. Soy del Sahara Occidental y nací en el campo de refugiados de Tinduf, en Argelia. Mis padres tuvieron que irse exiliados y van a cabar allí y me tuvieron a mí y todos mis hermanos. Desde los 6 años empecé a venir a Lleida con el proyecto ‘Vacaciones en Paz’ siempre con la misma familia y los 12, cuando terminé la primaria, en los campos de refugiados aún no había secundaria y tuve que marchar a Argelia con una beca. Mi familia de acogida aquí me propuso venir a estudiar aquí y mis padres estuvieron de acuerdo y yo también. Además tenía problemas de salud. Tenía muy mal de ojos por la temperatura. Y además, allí acabas de estudiar pero no puedes trabajar. Al no ser argelinos no nos dejan trabajar y los campos de refugiados hay voluntariado, pero no es trabajo. Después de una gran lucha para conseguir el pasaporte, porque como España no reconoce el Sahara, es como si no tuviera pasaporte y tuve me lo hará de Argelia. Estuve tres años intentándolo hasta que me dieron la visa de estudiante. Con 16 años empecé cuarto de ESO. Fue muy difícil la adaptación. Por mucho que hubiera sido aquí de pequeña, todo es muy diferente. Mi base era baja no, lo siguiente. Ni matemáticas, ni física, ni química. Para mí eran todo naturales. (Río). Después del inglés o el catalán.

    Claro, una cosa es hablarlo y la otra, escribirlo

    Exacto. Mi familia aquí me tranquilizaba y me decía que yo sabía hablar catalán y yo les decía que era muy diferente el catalán que hablaba en familia que el de los estudios y ellos me decían « qué va! No sufras! Que lo harás muy bien! « Y claro, yo no podré olvidar el primer dictado que me hizo mi profesor de catalán (río). El profesor Salvador seguro que se acordará de mí toda la vida. Yo no sabía ni lo que eran los acentos ni los apóstrofes ni nada! Tal cual lo decía, tal cual lo escribía yo. Aunque lo guardo ahora aquel dictado! (Río). Sin embargo, acabé la ESO. Mi familia de acogida confiaba en mí y les agradeceré toda la vida. Pero no es lo mismo en el instituto. La gente no confía en ti, te ven extranjera y que acabas de llegar y te empiezan a decir que tú no podrás hacer Bachillerato ni una carrera, que es muy difícil. Y te hacen sentir que no vales para esto. Pero yo soy muy terca y mi familia aquí aún más. No pasé por el aula de acogida. Tenía refuerzo cada tarde en casa. Y aprobé cuarto de ESO en la primera. Y hice Bachillerato científico en tres años.

    No está mal Bachillerato científico por haber llegado sin diferenciar física ni química, no?

    Sí! Yo tenía la idea de hacer medicina. Hice en tres años el Bachillerato porque no es sólo el tema académico, sino también la adaptación. Llegas aquí y hay todo de grupitos hechos, no conoces a nadie. Y además, con la barrera del idioma … Es durísimo a nivel personal. Se necesita mucho amor y mucho cariño. Yo lo tuve. Además que añoro. Sobre todo de la madre, los hermanos, que yo tengo muchos y estaba acostumbrada a estar siempre con ellos, de mis amigas … Yo estaba en Argelia estudiante y estaba todo el día con ellas conviviendo. Pero poco a poco fui haciendo. Intenté no agobiarse, por eso hice el Bachillerato en tres años para coger base y poder hacer la selectividad. Conforme iba avanzando, cambiaba de idea; quise hacer biomedicina, después, enfermería y por dos décimas no entré. Me supo muy mal, pero entré en un ciclo formativo de laboratorio y ahora agradezco mucho no haber entrado en la universidad. Me gustó muchísimo y estuve trabajando.

    A partir de los 18 años pedí el estatuto de apátrida. De este modo, podía tener un NIE para estudiar, trabajar o viajar. A partir de aquí, ya no iba a veranos hacia los campamentos y pude encontrar trabajo, que es lo que yo quiero. Y este año, me ha pasado algo que me ha cambiado la vida. En el laboratorio donde estaba, me ofrecieron pedir una beca para poder continuar. Durante la tramitación, yo no quería dejar de trabajar para poder enviar dinero a mi familia. Primero, estuve de camarera y después, una amiga que trabaja con MENA me ofreció trabajar de mediadora porque necesitaban gente que hablara árabe. Yo no me había formado en este ámbito, pero mi amiga me insistió tanto que lo probé. Ahora estoy en San Juan de Dios en Almacelles y me encanta. Trabajo con chicos marroquíes. Al fin y al cabo, han pasado por lo mismo que nosotros; han tenido que irse de su casa por culpa de su gobierno. Esto me enriquece mucho a nivel personal para ayudarles. Me siento muy bien y he dicho que no al trabajo del laboratorio porque quiero estudiar mediación por internet y dedicarme a este ámbito más social. Los fines de semana a trabajar a San Juan de Dios y durante la semana haciendo una sustitución en el laboratorio. En las tardes, estudiaré.

    Y algo más que puedas meter en tu apretado tiempo?

    Dormir! (Ríe)

    Algo que no he explicado y que también me ha marcado es la muerte de mi madre de acogida, la Leo Pedrico. Gracias a ella estoy aquí. (Se detiene para secarse una lágrima)

    Recuerdo que llevaba marcapasos y no podía hacer muchos esfuerzos. Cuando empecé a leer, mi primer libro aquí fue ‘Crónica de una muerte anunciada’ de Gabriel García Márquez, lo leí con ella. Después de cenar, que estaba muy cansada, leíamos juntas. Cuando se murió, yo estaba haciendo primero de Bachillerato. Fue muy duro. Fui a vivir con mi tía de acogida. Tengo dos madres de acogida.

    Debe de ser muy raro sufrir el duelo de una madre de acogida

    Y tanto. Yo lo diré siempre. Tengo dos madres. La Leo no me parió, pero casi.

    Como asume la identidad apátrida una persona que reclama el reconocimiento internacional para su pueblo, el saharaui?

    Yo no asumo que soy apátrida. El otro día, comenzó a trabajar en San Juan de Dios una chica que tenía un tatuaje que ponía « apátrida ». Yo soy saharaui. He nacido saharaui, lo sigo siendo y lo seré toda la vida hasta que me muera. Yo los documentos no pongo apátrida, pongo saharaui. Administrativamente ser apátrida es lo que me permite estar aquí y trabajar. Nada más. A esta chica le dije lo que significa para mí ser apátrida: es ser nada. No te reconocen. Yo tengo a la documentación « apátrida », pero soy saharaui.

    Y como piensas ayudar a chicos marroquíes?

    Son adolescentes y me lo tomo como si fueran mis hermanos pequeños. Son personas que lo han pasado igual o peor que nosotros. Se han tenido que jugar la vida por venir hasta aquí. Nosotros, los campamentos, sí tenemos una mierda de vida, pero no nos la hemos jugado por venir. La mayoría de estos chicos se han ido de casa sin decirles nada a sus padres para no hacerles sufrir. Es muy duro. En los libros de la escuela, les han explicado que el Sahara pertenece a Marruecos. Y cuando me preguntan si soy marroquí, les intento explicar. Como son adolescentes, siempre te intentan fastidiar y yo los trato desde el amor, tratándolos como a mis hermanos. Les planteo porque están ellos aquí. Es por culpa de su gobierno, en eso estamos igual.

    ¿Cómo es la vida a caballo entre los campamentos de refugiados y los veranos en Lleida?

    Los niños somos muy felices en los campamentos; somos libres. Jugando en la arena, marchando sin pedir permiso, sin volver a casa hasta que no te llama la madre, sin móviles … todo el día en la calle. Mirándolo desde otro punto de vista, podemos estar enfermos sin saberlo, no hay una buena educación, las condiciones de higiene y de alimentación no son buenas. Y al mismo tiempo, la infancia es feliz. Es cierto que vivos en la ignorancia, al margen de todo. Lo que comparo mucho es que aquí las familias separan los bebés para dormir. Pero si yo incluso de gran dormía con la madre! La unión de la familia es sagrada. Los padres nunca se quedarán solos. Y aquí es diferente. Los valores son diferentes.

    Cuando oíste hablar de Lleida por primera vez?

    Cuando llegué aquí. Yo no sabía dónde iba. Tenía 6 años. Llegas desubicada, muy pequeña. Y tienes un papelito con el número de los hermanos. Recuerdo perfectamente el teléfono fijo de casa llamando a mi hermano que estaba en Andalucía. Cuando le dije que estaba en Cataluña. Mi familia respiró tranquila al comprobar que sabía dónde estaba.

    Qué recuerdos tienes de aquella primera estancia?

    Subir en el ascensor. Nunca había visto! También la lluvia. En los campamentos es muy escasa y cuando llueve, hace muy mal. Aquí puedes disfrutar. Si llueve y me engancha en plena calle yo no me refugio, me mojo y punto. Y recuerdo el primer día que vi llover aquí, estábamos en el piso, que es un noveno. Ya me resultaba muy extraño un piso tan alto, porque estoy acostumbrada a las casas de los campamentos que son bajas. Y desde el balcón, sacaba la mano para tocar las gotas que caían. Me emocionaba. Todo era extraño para mí. La comida, las piscinas, el mar! Todo era diferente.

    Y ahora todavía te sientes extraña?

    No. Me siento bastante integrada. Pero siempre me faltará algo.

    ¿Qué crees que has aprendido aquí?

    Sobre todo los valores de defensa de los derechos humanos y del feminismo. Y esto es gracias a la Leo, mi madre de acogida. Las mujeres en el Sahara tienen un papel muy importante y bastante poder. Pero sé que todavía queda mucho por hacer en la lucha por los derechos de las mujeres. Y estar aquí me ha ayudado a avanzar en esta perspectiva.

    Cómo se vive el feminismo desde tu situación?

    Me considero feminista. Por mucho que digan que los árabes son más machistas que los españoles, en el Sáhara Occidental nunca hemos oído que un hombre mate a una mujer o que la maltrate o la insulte. Nunca. Mi lucha feminista en este sentido. Hay gente que todavía me dice que cómo es que mis padres me han dejado venir siendo una chica. Esto no me lo preguntaron nunca a los campamentos.

    Lo que no llevo nada bien es no poder caminar tranquila por la calle. No quiero ni un piropo ni nada, que me dejen tranquila. Si pasa por mi lado un chico guapo, puedo pensar que es muy guapo, pero no le intimida. Estoy tan harta, que ahora contesto. Mi hermana pequeña, que está estudiando aquí, me dice que no vendrá nunca más conmigo por miedo cuando planto cara.

    Si fueras una superheroína, qué superpoder te pedirías?

    Cambiar las personas. Que todos seamos más humanos, que no seamos tan egoístas. Vivimos en un mundo en el que nos engañan. Yo me incluyo. Si tenemos una casa con aire acondicionado, un coche y un móvil en la mano, nos olvidamos que hay personas que lo están pasando fatal. Hay que pensar más en los demás, no dejarnos llevar por este sistema.cont

    Como crees que habría que resolverlo?

    Que se prioricen las personas por delante de la economía. Es lo que hablamos a veces con los chicos del centro. Cuando critican su gobierno como culpable de su situación, les digo que la solución de todo pasaría porque el pueblo marroquí se rebela contra la monarquía. Entonces habría un cambio y en un contexto diferente se podría hablar de los saharauis. Pero ahora, prefieren explotar los recursos naturales y los otros países tienen demasiado intereses en Marruecos, como lugar estratégico en el Mediterráneo. Ahora mismo, lo tenemos muy complicado. Ahora, mucha gente de los campamentos dice que no es bueno que nos vamos a otros lugares, porque allí se quedarán sin nadie. Pero yo creo que no pasará. Yo no me olvido de mi identidad y sueño con que habrá un día en que podremos volver a nuestra tierra.

    En que eres especialista en la vida?

    Soy valiente, muy exigente y luchadora.

    Consigues lo que te propones
    Sí, por el momento sí. Me han ayudado mucho y he tenido mucha suerte.

    También lo has luchado. ¿Cuál es ahora el reto?

    Tener mi familia aquí. (Se emociona). Quiero tener un trabajo estable y poder estar con mis. Ojalá encontrara un trabajo que combinara la labor social con la medicina.

    Has estado alguna vez en el Sahara Occidental?

    Nunca. Y no puedo ir porque para entrar debería decir que soy marroquí. No quiero ir ni de turista. Lo relaciono con violencia. Hace unas semanas mataron a una chica. La gente no puede vivir tranquila.

    Te consideras una activista?

    No. Yo priorizo ​​ayudar a mi familia. Antes hacía muchas mas charlas, pero ahora no tengo mucha disponibilidad.

    Si algún día se hace un referéndum y el Sahara Occidental consigue ser un estado independiente y reconocido internacionalmente, irás a vivir?

    Y tanto. Sin lugar a dudas. Es nuestro objetivo. Continuaré siendo una leridana saharaui, pero allí. Yo confío, pero desde un punto de vista realista, me cuesta mucho ver.

    Como te despides?

    Que la paz esté contigo. Es nuestra manera de saludar y despedirnos. Pero también quisiera terminar diciendo que podemos cambiar el mundo.

    Fuente : Lleida.com, 1 ago 2019

    Tags : Sahara Occidental, Frente Polisario, refugiados saharauis, vacaciones en paz, niños saharauis,

  • Los hilos cortados de la memoria

    LOS HILOS CORTADOS DE LA MEMORIA

    El pueblo saharaui es hijo de la palabra. Hijo de los versos, de las leyendas, de los cuentos. Allá donde iban con sus jaimas, auténticas casas veleras, esa palabra les proporcionaba una historia común, una relación mágica con el paisaje y sus nubes, con sus dromedarios, con sus estrellas, sus ángeles y sus djunn, los genios del desierto.

    Cuando hace ya 43 años tuvieron que abandonar su tierra ancestral, cuando los djunn de la traición, el olvido, la codicia y la geopolítica les condenaron a vivir en el exilio, en una tierra extraña y ajena, la odiosa y terrible hamada argelina, solo la palabra les mantuvo unidos. Unidos a sí mismos y a su esencia. En las improvisadas jaimas abuelas y abuelos contaban, madres y padres repetían, e hijas e hijos aprendían. Así ha sido siempre, y así seguirá siendo, se decían. Pero la ola de la modernidad llegó también a la hamada, y aunque la enseñanza ha sido una obsesión para ellos, aunque niñas y niños están escolarizados, no había capacidad para ofrecerles bibliotecas y libros que los incorporaran a la cultura global, y la narración oral comenzaba a ralear en las jaimas, algo a lo que no ayudó la larga ausencia de los que optaban por irse a estudiar a Cuba y otros países lejanos.

    Así nació el Bubisher, para tratar de suturar ese corte del hilo invisible que ligaba a los primeros poetas que dijeron en verso “somos habitantes del desierto, somos saharauis” con toda la cultura moderna. Es sabido (y si no lo repetimos con mucho orgullo), que aunque la idea de ofrecerles acceso a esa cultura ya anidaba en nuestras mentes, fue un niño de un colegio gallego el que le dio forma a aquellas vagas intenciones: “¿Y si llevamos un bibliobús a los campamentos?”. Y lo llevamos, hace ya casi once años. Una biblioteca rodante con 1.600 libros en castellano, con el propósito de recorrer la cincuentena larga de centros escolares de los cinco campamentos, las jaimas, los barrios más alejados. Al principio fuimos voluntarios españoles, ingenuos e incansables, pero a todas luces insuficientes para calmar la sed de historias de aquel mar de niños curiosos e inquietos.

    Estos largos diez años son toda una historia de ensayos y errores, en los que poco a poco se fueron incorporando voluntarias saharauis, a las que pronto dimos formación bibliotecaria y de animación lectora, y un sueldo digno que valorara su entrega y que las responsabilizara en los cumplimientos de horarios y obligaciones. Y en ese proceso nació primero la biblioteca fija de Smara, como “nido” del bibliobús Bubisher (que debe su nombre al pájaro de la buena suerte del desierto), y más tarde otros tres “nidos”, otras tres bibliotecas fijas, y una flotilla de cuatro bibliobuses en total. Cuando se consiga levantar la quinta biblioteca y adquirir el quinto bibliobús, el Bubisher habrá completado sus objetivos: que el cien por cien de los refugiados saharauis tengan a su alcance la cultura escrita, en castellano y en árabe, con más de diez mil ejemplares debidamente informatizados.

    Y es que para el Bubisher es imprescindible preservar la gran herencia oral saharaui, pero también acceder a la cultura global, e impulsar la creación de una narrativa y una poesía modernas, capaces de incorporar al Sáhara a la modernidad. Cada día escolar, los cuatro bibliobuses visitan cada uno una escuela o dos, para hacer lecturas o recoger los cuentos y leyendas que, poco a poco, iban siendo enterrados por la arena, por la duna del olvido.

    Un día paseaba por el cementerio de Smara. Es inmenso, una explanada erizada de piedras. Y debajo de cada una yacía mucho más que un libro, todo un cordón umbilical repleto de historias, de poesías, de leyendas. Me senté a calcular, pedí ayuda, y llegué a una conclusión desoladora: hay más muertos en los cementerios de los cinco campamentos que vivos en sus jaimas. Una tragedia terrible, porque todos ellos murieron en el exilio, lejos de su verdadera tierra, en una hamada prestada de la que se corre el riesgo de que no nazca nada nuevo.

    Por eso el Bubisher tiene que retomar ese hilo, sí, pero sobre todo tiene que empezar a tejer una nueva cultura, hija del desierto, pero también madre del futuro.

    Ese es el papel que se les asigna a las veinte bibliotecarias y bibliotecarios que trabajan en el proyecto. Ir a las escuelas, sembrar en todos los escolares las viejas y las nuevas historias, e invitarles a acercarse a la biblioteca por la tarde (o ir a recogerles con el bibiobús si viven lejos), para trabajar en ellas en clubes de lectura y escritura, poesía, teatro, fotografía, cine. Cuando llueve en el desierto fértil (la badía), nace la hierba. Los campamentos son eso, semillas esperando el riego de la cultura para volver florecer.

    Por todo eso, el Bubisher ha completado su filosofía (hasta hoy, quién sabe qué hallazgo nos espera) con la edición de libros. Libros propios, claro, libros escritos por ellos mismos. De momento con nuestra ayuda, la de los escritores españoles y las bibliotecarias saharauis. El niño de luz de plata, escrito por Gonzalo Moure, sí, pero ideado por los niños (sobre todo las niñas) del club de lectura de Farsía. Y muy pronto Agua y Arena, redactado por Mónica Rodríguez, pero también ideado por las niñas y niños de otro club de lectura de la biblioteca de Smara. Y, antes, Ritos de Jaima, del poeta saharaui Limam Boisha. Y pronto también un libro que recoge leyendas tradicionales. La idea es que estos libros sean como cerezas en la cesta enorme de la imaginación de los niños saharauis, que de esos cuatro libros se prendan otros diez, veinte, cien. Escribir no es fácil, requiere conocimientos que ellos aún no tienen. Darles las herramientas, sí, pero sobre todo hacer crecer en ellos el deseo de saber manejarlas. Que lean y quieran aprender para llegar a escribir, a crear.

    Estos libros son, además, el fruto de una idea: que su edición y venta haga posible seguir manteniendo el proyecto: la construcción de bibliotecas fijas, la creación de bibliotecas escolares para las escuelas y los barrios más alejados, los sueldos de las bibliotecarias y bibliotecarios saharauis, el mantenimiento o reposición de los bibliobuses. Y lo estamos consiguiendo. La última biblioteca, en Dajla, el campamento más alejado y castigado de los cinco, fue posible por las manos de muchos, sí, pero en especial por la venta de El niño de luz de plata.

    Ahora nos lees, y seguramente piensas que todo lo que te hemos contado es hermoso. Y lo es porque es de muchos, porque sin cada uno de ellos, de nosotros, de ti que nos lees, no sería posible. Muchas personas trabajan en España todos los días en sintonía con las muchas que trabajan en los campamentos. Aquí hacemos posible que el motor de arranque del bibliobús funcione, pero de nada serviría sin Gajmula, Brahim, Alghailani, Medje, Suadu, Gigi, Hassana, Marmada, Ebnu, y un largo etcétera, cada día más largo. Y al revés. Y ni unos ni otros estaríamos unidos en el mismo proyecto sin la mano de aquel niño gallego que reclamó un bibliobús para los campamentos, ni sin las manos generosas y solidarias de los niños de decenas de colegios e institutos españoles organizando mercadillos, teatros, carreras o almuerzos populares. Sí, mano con mano. Hilos restañados. Hilos nuevos. Un tejido limpio y luminoso.

    Gonzalo Moure, vicepresidente de la Asociación Escritores por el Sáhara Bubisher.

    Más información en www.bubisher.org y www.bubisher.com

    Pedidos de libros en pseguratorres@hotmail.com

    Voluntariado en voluntariosbubisher@gmail.com

    Exposiciones y actividades en taquete_12@hotmail.com

    julio 18, 2019 in Proyecto Bubisher

    Fuente: Bubisher

    Tags : Sahara Occidental, Marruecos, refugiados saharauis, Tindouf, Bubisher, 

  • Hamada (2018), de Eloy Domínguez Serén – Crítica

    Por Jaime Fa de Lucas.

    Lo primero que hace Eloy Domínguez Serén es explicarnos que “hamada” significa “vacío” o “tierra en la que no hay nada”, y a continuación nos muestra unas imágenes muy hermosas del desierto. Alguien lanza una pregunta: “¿qué día es hoy?” y alguien contesta: “el mismo que ayer… ¿por qué lo preguntas, tienes algo que hacer?”. Con esta sutileza define el director el espacio-tiempo de su documental, sumergiéndonos instantáneamente en la atmósfera de un lugar remoto, alejado de todas partes, en el que el tiempo ni existe porque no hay nada que hacer.

    Hamada se centra principalmente en la vida que llevan un joven y su hermana en los campamentos de refugiados del Sáhara Occidental. La región se divide en dos zonas, una “libre” y otra ocupada por Marruecos. Los individuos pasan por delante de la cámara de forma errática, algunos con el sueño de encontrar trabajo, otros con la esperanza de poder ir a España donde han oído que se vive mejor.

    Lo que propone Domínguez Serén es interesante por la cantidad de empatía que genera por esa región desconocida y por mostrar cómo vive la gente en un lugar tan inhóspito y desalentador, sin ningún futuro por delante y cuya única vía de escape es emigrar. Además, el director acierta al incluir algo de historia del país, con esa lucha contra Marruecos para independizarse y tener un gobierno propio.

    Por desgracia, es una película que por momentos se hace repetitiva y que poco a poco va perdiendo fuerza –algo que quizá sea inevitable, dado el tema que se trata y la localización–. Asimismo, falta un poco de amplitud en el contexto. Me habría gustado saber si la vida de estos refugiados es muy diferente a la de los que viven en otras zonas del país, algo que expandiría mucho la perspectiva de la propuesta y permitiría entender cómo ejerce Marruecos el control del país. Tampoco se profundiza en el tema de las minas de fosfato y cómo su gestión afecta a estos individuos.

    En general, Hamada es una experiencia ligeramente irregular. Satisfactoria a nivel emocional y empático, insatisfactoria en términos contextuales y didácticos.

    Fuente: Culturamas

    Tags : Sahara Occidental, juventud, saharauis, Hamada, campamentos, refugiados saharauis, Tinduf,

  • Los niños saharauis « son máquinas de aprender, les encanta el agua »

    El padre de acogida de Sumaia: « Son máquinas de aprender, les encanta ver el agua »

    Hablamos con uno de los participantes del programa ‘Vacaciones en Paz’

    Por tercer verano consecutivo, Carlos y su pareja acogen a Sumaia, una niña saharaui que ya tiene 11 años y que encuentra en el norte de Madrid todo aquello que no tiene en su tierra natal.

    Aquí no tendrán que soportar los 50 grados que, por ejemplo, se han alcanzado en esta zona de África donde su familia les estará esperando todas estas semanas.

    Sí que dispondrán del que es todo un regalo para ellos, el agua. Así nos lo contaba en estos micrófonos.

    Sobre si recomendaría la participación en este programa no tiene dudas: “La experiencia es gratificante para ambas partes”.

    Fuente : Cadena SER, 12 jul 2019

    Tags : Sahara Occidental, vacaciones en paz, niños saharauis, refugiados saharauis, Tinduf,

  • « La crisis ha reducido el número de familias acogedoras de niños saharauis en verano »

    Así lo ha señalado Vicente José Morán, de la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui de Alcobendas y San Sebastián de los Reyes tras la recepción del Ayuntamiento alcobendense realizada esta mañana a niños participantes este año en el programa « Vacaciones en Paz », que posibilita el acogimiento veraniego de los pequeños.

    Hace diez años, 10.000 niños y niñas de los campamentos de refugiados saharauis en Argelia pasaban el verano en España acogidos por familias dentro del programa « Vacaciones en paz », mientras que en estos momentos son unos 4.000. De estos, 300 están en la región de Madrid, y 11 en Alcobendas y Sanse.

    La principal causa es la crisis económica, según miembros de la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui de Alcobendas y Sanse que, sin embargo, señalan que « el acogimiento temporal veraniego es una experiencia muy recomendable », ya que ayuda a « relativizar » los problemas de los que nos solemos quejar en los países ricos y que no tienen « ni comparación » a los que se enfrentan los saharauis en los campamentos en el día a día.

    Macarena e Isa acogen a niños saharauis desde hace años, y señalan que es un placer ofrecer tranquilidad y unas vacaciones tranquilas a estos chiquillos « lejos del calor, unos 50º grados en estos días, que suele hacer en verano en el Sáhara Occidental ». La convivencia provoca anécdotas que ilustran la sorpresa de los niños ante las « comodidades » en España:  » Hacen una fiesta de cualquier cosa a la que no están acostumbrados en los campamentos: se pueden pasar horas dentro de la piscina, les llama la atención abrir el grifo y que salga agua, o encender las luces », dice Macarena.

    Tras la recepción, el vicealcalde de Alcobendas, Miguel Ángel Arranz, ha señalado que el ayuntamiento seguirá apoyando este proyecto de la mano de la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui, y ha añadido que el ayuntamiento ofrece a las familias acogedoras el uso de las instalaciones deportivas municipales durante el tiempo que pasan en la ciudad.

    Fuente: Madrid Norte 24 Horas

    Tags: Sahara Occidental, Vacaciones en Paz, niños saharauis, refugiados saharauis, Tindouf,

  • Buñol se suma un año más al programa «Vacaciones en Paz»

    Este programa tiene como objetivo que las niñas y niños saharauis convivan durante julio y agosto en la localidad

    Redacción.- Buñol se suma un año más al programa «Vacaciones en Paz», gracias al apoyo de la Concejalía de Bienestar Social y a la asociación Ajuda als Pobles, que se dedica a dar voz a los refugiados saharauis y coopera en la zona, mediante proyectos de sensibilización, educación y cooperación.

    El programa tiene como objetivo la acogida de niños y niñas saharauis por familias españolas. La comarca de la Hoya de Buñol, siempre ha sido solidaria con la justicia del pueblo saharaui, y en numerosas ocasiones ha realizado el Encuentro de niños saharauis, el último celebrado fue en 2017.

    El Ayuntamiento de Buñol, está hermanado con una daira de los campamentos: Farsía (Smara) y realiza proyectos de cooperación en la wilaya de Dajla, concretamente se ha hecho un centro cultural-lúdico y una clínica dental.

    En Buñol hay muchas familias que acogieron en su día un niño/a. Este año una familia buñolense acogerá a una niña, para los dos meses de verano: julio y agosto. Laura Carrascosa y Javier García, son veteranos en la acogida y han decidido repetir experiencia con una niña de 10 años llamada Jaula Husein.

    Los niños y niñas saharauis recorren muchos kilometros para reivindicar que la causa saharaui solo tiene un camino, que es La Libertad. Son muchos años ya los que llevan entre polvo y arena. En un desierto argelino que cada día es peor que otro. Con muchas generaciones que solo han visto ese trozo de tierra prestado. Mientras su verdadero Sahara Occidental, se encuentra bañado por el océano Atlantico, con una riqueza pesquera que no es explotada por sus habitantes saharauis.

    Fuente

    Tags : Sahara Occidental, niños saharauis, vacaciones en paz, Buñol, refugiados saharauis, Tinduf,