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  • Sahara Occidental : La magia de las estrellas

    LAS ESTRELLAS

    Por Benda Lehbib Lebsir

    Esa gente que sabe cómo, cuándo y dónde hacerse presente con un abrazo, una palabra, o un me quedo. Esa, es imprescindible.

    Dicen que creer que algo es posible, es el primer paso para hacerlo cierto, dicen. También dicen que, cuando piensas en positivo automáticamente, el cerebro empieza a mandar mensajes positivos y todo lo que te rodea pasa a ser positivo. Que es un poco cuestión de cómo vemos las cosas, como concebimos lo que nos rodea, pero sobre todo; como nos tomamos las situaciones.

    Y como siempre digo, hay momentos en los que nos tomamos un café con la suerte, y otras, la suerte se toma el café con nosotros. Pero entre una y otra ronda, siempre cabe un poquito la imaginación.

    Microcuento:

    El cielo azul ejercía una influencia sobrenatural en ella. La atraía como un imán que no ofrece posibilidad ninguna de resistirte. Implacable, fuerte y potente. Una fuerza que te absorbe, que te emboba y te cautiva, sin tregua y sin remedio.

    Bajo él, se sentía como un pequeño punto perdido en la inmensidad. Sin comas ni signos que lo acompañen.

    Sin tener esa costumbre, le encantaba salir de paseo por el barrio, de la Daira donde se alojaba. Aquel que conocía como la palma de su mano y donde se sentía libre como un pajarillo. Eran esas noches en las que acababa tumbada en algún lugar del amplio desierto, más allá del límite que marca las cuerdas de las jaimas y de aquella tenue luz que iluminaba aquel pintoresco poblado.

    Y así solía perder la noción del tiempo, mientras contemplaba el cielo en las noches claras. El silencio de la noche, solo era interrumpido por algún que otro vehículo que pasaba por ahí. Sentía la fría arena acariciándole la piel, la brisa traía sonidos aislados y singulares, pero extrañamente, nunca la inquietaban.

    Ahí se quedaba ella. Ajena a lo que pasara más allá de sus ojos y absorta en su propio mundo. Se dejaba perder en aquel manto de llanuras desérticas, cuya oscuridad se diluía en el fulgor de infinitas estrellas. Algunas de ellas, tímidas y tenues, se ocultaban entre las más resueltas y enérgicas. Y supongo, que de ahí nació el dicho que aquel lugar, era el hotel de las mil estrellas. ¡y que verdad!.

    Le gustaba aquello de pedir deseos a las estrellas fugaces. Pensaba que cerrando los ojos hacía más fuerza para que se cumplieran. Que si lo deseaba con todas sus fuerzas se realizarían. Soñadora despierta y empedernida. Cualquier momento era bueno para dejar volar la imaginación, pero cuando las luces se encendían tras caer el sol, era el más especial.

    La cuestión era no dejar de creer.

    Creía en la magia de las constelaciones y en la fuerza del universo. Ese que dicen que puede conspirar a tu favor para ayudarte a conseguir todo aquello que te propongas. Quizá no sea cierto, pero a todos nos gusta creer en ello.

    Creía en la ilusión que mueve a la gente, en la magia de los atardeceres y en el desconocido futuro. En ella misma y en los demás. En el hechizo de la luna y en los deseos por cumplir que prometen las estrellas.

    Creía en el valor de la sencillez, por ver tanta vida en aquel lejano lugar y tan pobre de recursos y tan rico en valores, ¡qué curioso, verdad!.

    Creía que casi todo es posible, pero sólo si se intenta. Que de nada sirve correr, si no miras lo que pasa delante de tus ojos; mejor caminar y no perderte detalle. Quedarte hasta con lo más pequeño, aquello que pasa desapercibido totalmente, es lo que contarás el día de mañana.

    Su imaginación la llevaba a recorrer el universo, de principio a fin, sin dejarse nada, yendo allá donde quisiera en cada momento. Como hacía el Principito, ese cuento que desde que leyó pasó a ocupar un lugar privilegiado en su estantería.

    En su viaje conocería a historias y extraños personajes, a cada cual más loco. Hablaría con desconocidos y se engancharía aquel lugar, y cuando volviera a su pequeño planeta, podría escribir muchos cuentos sobre todo, de ellos.

    “Hay almas a las que uno tiene ganas de asomarse, como a una ventana llena de sol” (Federico García Lorca)

    Benda Lehbib Lebsir.

    Fuente: 1saharaui

    Tags : Sahara Occidental, campamentos, refugiados saharauis, Tinduf, desierto, magia, estrellas, cielo azul,

  • ¡Emaús Estocolmo apoya la lucha por la libertad del Sáhara Occidental!

    Muchas cosas han pasado últimamente en el Sahara Occidental. La UE ha aprobado dos acuerdos ilegales con Marruecos que incluyen la parte ocupada del Sáhara Occidental, que se verá enfrentado a nuevos procedimientos legales. La frustración entre la generación más joven en los campos de refugiados está creciendo. Al mismo tiempo, las primeras conversaciones de paz en seis años se iniciaron bajo el liderazgo de la ONU. La organización de solidaridad Emaús Estocolmo sigue apoyando el derecho a la libre determinación del Sáhara Occidental.

    Al Sáhara Occidental, que es la última colonia de África, se le conoce comúnmente como un conflicto estancado. Pero últimamente, los faros se han dirigido a los conflictos de más de 40 años. La ONU ha tomado nuevas medidas para encontrar una solución justa, duradera y mutuamente aceptable que permita la autodeterminación al pueblo saharaui. Para nosotros en Emaús Estocolmo, que hemos apoyado al Sáhara Occidental desde los años 70, es gratificante que se hayan reanudado las conversaciones de paz y esperamos con cautela el resultado de las conversaciones.

    El apoyo de Emaús Estocolmo al Sáhara Occidental comenzó con los envíos de ropa y luego continuó con el apoyo en forma de conservas de caballa, ya que se informó de la deficiencia de proteínas en los campos de refugiados. Hoy trabajamos principalmente para apoyar y fortalecer las organizaciones de la sociedad civil del Sáhara Occidental en los campos de refugiados del Sáhara Occidental, en la parte ocupada del Sáhara Occidental y en la diáspora. Llevamos a cabo una labor activa de promoción para informar más sobre la situación, pero también para influir en los políticos suecos a nivel del Parlamento y de la UE para que actúen.

    Nuestro apoyo se distribuye en varios proyectos diferentes. El apoyo se utiliza, entre otras cosas, para el desarrollo organizativo, el desarrollo sostenible, el fortalecimiento de la libertad de expresión, el periodismo independiente y la vigilancia de los derechos humanos. Todos los proyectos son administrados por personal local, ya que son los que tienen el mayor conocimiento del área y sus propias necesidades.

    Nuestro objetivo es proporcionar apoyo para que las personas sean autónomas en sus vidas. Entre otras cosas, apoyamos a las organizaciones que, por ejemplo, trabajan para brindar asesoramiento legal a las familias que han sufrido violaciones de derechos humanos. O quién mapea y documenta a familiares desaparecidos y presos políticos. Otras organizaciones vigilan las violaciones de los derechos humanos y hacen campaña por el derecho a la autodeterminación, mientras que otras realizan esfuerzos incansables para romper el bloqueo de los medios de comunicación y decirle al mundo exterior lo que está sucediendo detrás de la ocupación.

    Ahora que la UE se ha opuesto a su propio tribunal y ha firmado acuerdos con Marruecos, legitimando así la ocupación, es más importante que nunca que los políticos suecos actúen y que la sociedad civil muestre su apoyo. También es fundamental que el mundo exterior apoye las conversaciones de paz de la ONU y no las socave al violar las recomendaciones de la ONU y el derecho internacional. Continuamos nuestro trabajo por la libertad del Sáhara Occidental con los saharauis.

    La última colonia de África debe ser liberada!

    Síganos en las redes sociales para obtener más actualizaciones sobre el trabajo por la libertad del Sáhara Occidental:
    Facebook: Emaús Estocolmo, Twitter: @emmausstockholm, web: emmausstockholm.se

    Caroline Nord, Emaús Estocolmo

    Fuente: Vast Sahara, 12/05/2019

    Tags : Sahara Occidental, Front Polisario, Marruecos, refugiados saharauis, Emaus Bjorka, Suède,

  • Sahara Occidental : La esencia del Vacaciones en Paz

    “Todas las cosas aparecen y desaparecen por la concurrencia de causas y condiciones. Nada existe completamente solo; todo está en relación con todo lo demás » (Buda Gautama).

    Hace un tiempo, alguien me dijo eso de que las casualidades no existen.

    Que nada ni nadie llega a tu vida por cuestión del tan socorrido azar, o por haber sido bendecido por la tan deseada suerte. O por cualquier otra excusa que se quieran inventar. Ni por tener un destino escrito o saber jugar bien sus cartas. Ni por haber tentado y haber ganado la partida, sea la que sea. Ni siquiera por haber sido tocado por alguna varita mágica o creer en su existencia.

    Aparecen. Así, sin hacer ruido, sin ser conscientes a veces que se pueden convertir en absolutamente todo. Y aparecen.

    Algunos dirán que de la nada. Y como si nada. Como si fuera incluso posible. Llegan de sorpresa, como si hubieran aguardado el momento perfecto detrás de alguna esquina. Mirando de reojo, decidiendo cuándo sí y cuándo mejor no. Como si hubieran andado de puntillas hasta haber llegado a tu lado. Para elegir. Para saludar. Para entrar sin avisar. Y sin resistencias. Para quedarse.

    Dicen que todo lo que se nos presenta en la vida, lo hace con un motivo. Absolutamente todo, y todas y cada una de las personas que conocemos, lo creamos o no. Vienen con un propósito auténtico y único. Real y sólido. Un porqué con respuesta, aunque no lo parezca, al menos de entrada. Un para qué más que preciso. Una intención bien definida que nos lleve a una finalidad muy clara. Una razón que no siempre es fácil entrever y a veces es hasta difícil de digerir.

    Que no imposible, ojo.

    Pero esa es otra historia.

    Los niños saharauis, llegan a tu casa, llegan a ti con una enseñanza debajo del brazo. Como el pan que dicen traer los niños al nacer. Algunos lo llaman suerte, otros fortuna. Algo que quizá nadie más te podrá dar o enseñar. O al menos, no de la misma manera. Quizá en otro momento y sobre otro escenario. Pero ya no será lo mismo, será otra la enseñanza.

    Llegan para ayudarte, con algo o con alguien. Porque estás atascado, o por todo lo contrario. Por ser hora de mover ficha o de cambiar de zapatos. Nada del otro mundo. En tiempo presente o con aires de pasado, por aquello de avanzar, de dar más de ti, por aprender… La cuestión es saber verlo, estar dispuesto a oírlo, a interpretarlo, a llevarlo a nuestro terreno. Y sobre todo, querer actuar. Querer dar, pero sobre todo: recibir.

    Llegan para hacerte cambiar. De golpe o poco a poco. A tu ritmo. Por ti mismo, por tu propia voluntad y deseo, nadie habla aquí de fuerza. Quizá sólo te hacen cambiar el modo en que coloques tus prioridades. O puede que sólo lo necesario para notar un “algo” distinto. O puede que des tal giro, que ni tú mismo te reconozcas al mirarte en el espejo.

    Llegan para hacer un regalo, uno muy especial. Siempre. Uno de esos regalos que lleva el nombre del “querer, aunque no sea de la misma sangre” en letras grandes y se esconde bajo un enorme lazo rojo, que no puedes esperar a deshacer. Quizá camuflado debajo del brazo, hasta imperceptible en un principio. O puede que seas de esas personas a las que les cuesta trabajo aceptarlo, por no mostrar tu debilidad, por no creer merecerlo, por no atreverse a cogerlo. Pero ahí está, esperando. Esperándote.

    Dicen que los regalos hablan por nosotros.

    Llegan… porque es su-vuestro momento. Porque tienen que llegar. Sí o sí. Porque quieren llegar. No tanto por ser lo que toca, sino por conocer, compartir y querer(os) a partes iguales. Aquí y ahora. Ni antes ni después. Porque llegó su soplo de aire fresco, su minuto de oro, su verano y el tuyo.

    Y puede que llevaras tiempo esperando. Esperando a algo o alguien. Alguna señal. Alguna pista que despejara tus dudas o aclarara tus ideas. O puede que realmente no lo esperaras para nada. O ambos. Puede que te cansaras de esperar y decidieras no volver a hacerlo. El orden de los factores no altera el resultado.

    Lo que ha de ser será. Y no por casualidad.

    Pero llegar, llega.

    Siempre, siempre, por causalidad. Hay regalos con nombres propios, experiencias que enganchan, corazones que se tocan, y de eso no se habla en los libros ni en las películas.

    Y, como me decía mi amiga María, el otro día haciendo nuestras “valoraciones” del vacaciones en paz, “esta experiencia me ha dado la hermana que nunca he podido tener, y sólo por eso lo repetiría mil veces”. María, lleva acogiendo 20 años, y este año está más nerviosa si cabe porque acogerán por primera vez al hijo de la que fue su primera niña del vacaciones en paz. Que os digo yo una cosa: ¡un Goya a tod@s los que año tras año os sumáis a esta aventura por casualidad o por destino, jugáis un papel INCREIBLE!

    Benda Lehbib Lebsir.

    Fuente:1saharaui, 03/02/2019

    Tags : Sahara Occidental, Vacaciones en Paz, niños saharauis, refugiados saharauis,

  • Vacaciones en Paz, el proyecto

    “Millones de niños y niñas en todo el mundo quedan marcados desde muy temprana edad por la guerra, el hambre o el éxodo; palabras que no distinguen a inocentes de culpables y que siempre que se imponen lo hacen para negar el futuro, la solidaridad y la libertad a quienes más lo necesitan”.

    El Sahara Occidental formó parte durante más de cien años del territorio español, siendo provincia española desde 1958. En noviembre de 1975, Marruecos invadió por la fuerza esta antigua colonia española. “La Marcha verde”, en la que participaron alrededor de 350.000 hombres, mujeres y menores saharauis, además de un contingente militar de 25.000 soldados.

    Debido esta ocupación ilegal, una gran parte de la población saharaui, sobre todo mujeres, ancianos/as, y niños/as, huyó de su país para refugiarse en una zona desértica al suroeste de Argelia denominada “La hamada”, el desierto más duro e inhóspito del mundo, alrededor de la población de Tindouf. Después de 43 años ahí permanecen lo que conocemos como los campamentos de personas saharauis refugiadas.

    Los campamentos están formados por cinco asentamientos denominados “Wilayas” (provincias) que recibieron el nombre de las ciudades más importantes del Sáhara Occidental: Smara, Dajla, El Aiun, Auserd y el 27 de Febrero (actualmente Bojador), y un centro neurálgico donde se encuentran diferentes administraciones públicas, los Ministerios y el hospital general.

    Tras varios intentos de convocar referéndums de autodeterminación y de continuas negociaciones auspiciadas por la ONU, el Pueblo saharaui sigue atrapado en una situación complicada y dolorosa. Un pueblo dividido y separado por 2.700km de muro, el de la vergüenza. De una parte la población refugiada en los campamentos de Tinduf, viviendo de la ayuda internacional y solidaria, con unas condiciones geográficas y climáticas que hacen que los aspectos más elementales de la vida cotidiana represente un reto. Del otro lado, la población que sigue en los territorios ocupados ilegalmente por Marruecos, cuya vida está marcada por la persecución política, la represión, la tortura, las desapariciones forzadas y las continuas violaciones de DDHH.

    Desde el inicio del conflicto armado saharaui-marroquí, se concreta la puesta en marcha durante los meses estivales de unas colonias infantiles en la costa de Argelia con el fin de que los niños y niñas saharauis en el exilio puedan distanciarse, de la realidad de los campamentos de refugiados/as, y de las carencias (alimenticias, educativas, sanitarias) que soportan y sufren, el programa se inicia en el verano de 1976, con grupos reducidos de niñas y niños.

    Es en el verano de 1979, gracias a la colaboración entre en Frente Polisario y el PCE, cuando llegan a España los primeros/as 100 niños y niñas saharauis, que se reparten entre tres comunidades: Madrid, Valencia y Cataluña. Esta iniciativa surge con el objetivo de apartar a estas/os pequeñas/os de la guerra y de las duras condiciones del desierto argelino que durante los meses de verano puede alcanzar los 50 grados a la sombra.

    La experiencia resulta tan beneficiosa, que a mediados de los años 80, se pone en marcha el programa “Vacaciones en Paz”, sin duda el proyecto estrella de todos los que llevamos a cabo las diferentes Asociaciones de Amigos del Pueblo Saharaui del estado español.

    Los niños y niñas saharauis son los verdaderos embajadores de la causa, ellas y ellos son las/os que cada verano, nos empujan a seguir pidiendo justicia para su pueblo.

    “Vacaciones en Paz”, es un programa de sensibilización política y social, organizado por CEAS-Sáhara y otras Asociaciones y ONGs solidarias con el pueblo saharaui, el Ministerio de Juventud de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), la Delegación saharaui para España, y las Delegaciones del Frente Polisario en las distintas comunidades autónomas.

    El programa hace posible que durante dos meses, miles de niños y niñas saharauis de los campamentos de refugiados de Tinduf (Argelia) sean acogidos temporalmente por familias españolas cada verano. A su vez y gracias a “Vacaciones en Paz” miles de personas han visitado a lo largo de todos estos años los campamentos viviendo en primera persona la realidad de este pueblo.

    Se enmarca en la línea de educación para el desarrollo y sensibilización siendo un proyecto prioritario de cooperación con el pueblo saharaui.

    Consiste en la acogida de niñas/os, entre 8 y 12 años aproximadamente por familias españolas en cada comunidad autónoma, durante dos meses en verano, lo que nos permite dar mayor visibilidad a la causa saharaui.

    El objetivo general de Vacaciones en Paz es transmitir a la ciudadanía y a los poderes públicos la urgencia de resolver de forma justa y definitiva la situación que atraviesa el Sáhara Occidental, posibilitando al pueblo saharaui el ejercicio de su legítimo derecho a la autodeterminación y con ello el regreso a su país.

    Otros objetivos del programa son:

    Posibilitar a la población infantil saharaui de los campamentos de refugiados/as salir de las duras condiciones en las que viven, y alejarles de las altas temperaturas del desierto Argelino, que en verano pueden alcanzar los 50º

    Realizarles reconocimientos médicos y tratamientos especiales que resultan imposibles en los campamentos.

    Proporcionar un equilibrio alimenticio que les permita recuperar los niveles necesarios de nutrientes.

    Fomentar el aprendizaje del castellano, segundo idioma oficial de la RASD.

    Potenciar los lazos históricos que unen el pueblo saharaui con el pueblo español, concienciando a la población española sobre el problema que sufren desde hace 43 años.

    Crear vínculos familiares durante la acogida que perdurarán una vez que regresan a los campamentos (envío de alimentos, medicinas, visitas a las familias, etc.)

    A su vez el programa ofrece a las familias acogedoras:

    Conocer las realidades de las niñas y niños saharauis y sus familias.

    Desarrollar un intercambio sociocultural que beneficia no sólo a la familia acogedora sino a su entorno más cercano.

    Ser parte del movimiento solidario español.

    Participar en acciones en pro del Sahara Occidental y la defensa de los Derechos Humanos.

    Fuente: CEAS-SAHARA

    Tags: Sahara Occidental, Vacaciones en Paz, niños saharauis, solidaridad, refugiados saharauis,

  • Profesor Néstor Suleiman habla del Sáhara Occidental en su libro « Panarabismo »

    Presentarán “Paranabismo”, un libro que recoge experiencias en el Mundo Árabe

    El trabajo realizado por el profesor de Ciencias Sagradas y Filosofía, Néstor Suleiman, se nutre de reportajes a referentes políticos palestinos y saharauis, entre otros, y de las vivencias del autor en sus recorridas desde el Magreb hasta la Mesopotamia iraquí.

    El libro “Paranabismo e identidades religiosas y étnicas” será presentado este sábado 11 de mayo a las 18.30 en el Complejo Cultural Atlas.

    La publicación recoge las experiencias vividas por su autor, el profesor en Ciencias Sagradas y Filosofía, Néstor Suleiman, en distintas regiones del Mundo Árabe.

    Según Suleiman, el resultado de la obra es producto de sus recorridas por el Magreb hasta la Mesopotamia iraquí, donde pudo compartir “experiencias, acontecimientos y crónicas, que abarcan desde la guerra civil libanesa en 1975, la dramática existencia de la población cautiva en el Sahara Occidental, hasta los nutridos diálogos con los saharauis en las regiones liberadas de La Güera y Bir Lehlu”.

    “De la mixtura de toda la información recogida y del aporte de los últimos trabajos de investigación sobre el tema, aflora Panarabismo e identidades religiosas y étnicas, mixturado con testimonios y análisis de distintos Movimientos Nacionales de Liberación, emergentes en la cartografía que abarca desde el extremo poniente en el noroeste africano hasta el Golfo Árabe”, anuncia el autor.

    En tal sentido, Suleiman explica: “Más de cuatro décadas en mis estadías en las zonas liberadas, en los campamentos de refugiados”, espacios en los que reforzó su “tarea militante en favor de las causas justas”.

    Fuente: Conclusión, 09/05/2019

    Tags : Sahara Occidental, Palestina, Panarabismo, Nésort Suleimán, libros, refugiados saharauis,

  • El tiempo se congela en los campos de refugiados de Tindouf

    por Marta Trejo Luzón

    Los campos de refugiados eternos del Sáhara se encuentran al sur de Argelia en el territorio de Tindouf. Estos campos provisionales se erigieron hace más de cuarenta años para acoger a la población saharaui que huía de la guerra contra Marruecos. Lo llamativo es que todavía hoy siguen en pie, albergando una población que espera una resolución pacífica para volver a su tierra.

    Viajar a Tindouf no es lo que uno se imagina cuando le dicen que visitará un “campo de refugiados”. La emergencia humanitaria se ha disipado y, tras un par de horas atravesando el desierto en jeep, bus o camión, una se encuentra andando entre casas de adobe, arena roja y jaimas. Muy pocas viviendas mantienen las lonas donadas por ACNUR, la mayoría son de telas saharauis y lucen una estructura cuadrada y puntiaguda que las

    caracteriza.

    Wilaya de Auserd, Tindouf (Argelia). Febrero 2017 (Marta Trejo Luzón)
    El panorama transmite una calma que ahoga y desespera. Las mujeres bajo sus melfas controlan la administración de las wilayas, los niños corren de un lado a otro sin aparente cansancio. Y si te quedas en silencio puedes escuchar alguna cabra o el motor de un jeep alejándose en la arena. La idea de estar dentro de un campo de refugiados no cuadra con las imágenes de emergencia que nos llegan desde Lesbos, Bangladesh, Turquía, Nigeria o Uganda.

    Estos campos de refugiados guardan la historia de un Estado que se ha creado en el exilio.

    Una historia única e irrepetible. La República Árabe Saharaui Democrática (RASD) se creó en Tindouf, tierra argelina, y cada campo de refugiados representa una de las regiones del país, ahora ocupado por Marruecos.

    Celebración del cuadragésimo primer aniversario de la creación de la RASD en Auserd, febrero 2017 (Marta Trejo Luzón)

    Lo inaudito es que ha pasado tanto tiempo que cada wilaya se gestiona de manera independiente a través de la

    administración central de la RASD: la distribución de alimentos, la educación, la seguridad y la sanidad están controladas por el Frente Polisario y los ayuntamientos de cada wilaya.

    Pero no es inteligente restar gravedad al asunto por mucha tranquilidad que se respire. Los campos saharauis de

    Tindouf se encuentran en una zona del Sahel con alta amenaza e influencia de contrabando y terroristas. Es por ello que todas las noches hay toque de queda para circular en vehículos y no se puede entrar o salir del campo

    cuando cae el sol.

    Al salir de la wilaya por la tarde, si te sales del camino de arena (indicado simplemente por el surco de la huella de otros coches) puedes observar que hay rastros de neumáticos por todas partes apuntando en todas direcciones. Es como un laberinto de líneas que hace pensar acerca de cuántas personas cruzan el desierto sin utilizar los caminos ‘oficiales’.

    Hace dos años sucedió algo increíble.

    Algo que cambiaría por completo la vida de los refugiados saharauis. El gobierno de Argelia desarrolló un sistema de red eléctrica que llegó para revolucionar 180º el panorama de la vida económica y social de los campos saharauis. Dentro de una modesta jaima podemos encontrar ahora una tele que sintoniza France 24, aparatos de Wifi que funcionan por tarjeta SIM, aire acondicionado, hornos eléctricos ¡y luz! ¡Luz eléctrica en medio del desierto del Sáhara!

    Esta nueva oportunidad lleva a los refugiados a invertir en sus sueños, Fatimehtu tiene un hammam por el que

    cobra entrada a otros refugiados. Con dos cubos de agua y unos banquitos se ha creado un baño árabe de lo más

    humilde. Al entrar hay unas perchas para dejar la melfa y la toalla. Dentro del hammam el suelo es de azulejos y

    encontramos dos agujeros, ahí debajo hay un motor eléctrico que calienta el agua y la evapora.

    El momento en el que, desnuda en el hammam más pequeño e ingenioso del mundo, te paras a pensar que estás en un campo de refugiados tu mente hace un crash. ¿Cómo es posible que un panorama tan desolador como un campo de refugiados pueda albergar historias, negocios y tanto desarrollo junto?

    A dos manzanas y un descampado al este de la casa de Fatimehtu hay una pizzería donde se reúnen los jóvenes de la tichla 3 para ver el fútbol. ¡El fútbol! ¡Con pizza! El proyecto ha sido apoyado por ACNUR y unas chicas saharauis de la wilaya llevan el negocio con orgullo y alegría.

    Pero a pesar de la nueva electricidad, las condiciones de vida en la hammada (desierto pedregoso) argelina son muy duras. Según el censo del Frente Polisario en 2017, los campos de refugiados están formados por 200.000 personas. La pequeña economía de esta población tiene tres fuentes de ingreso: las donaciones internacionales y ayuda humanitaria, las remesas familiares procedentes del extranjero o los negocios locales.

    Las organizaciones humanitarias más importantes que trabajan en la zona a parte de ACNUR son Médicos del Mundo y la Media Luna Roja Saharaui (MLRS). La MLRS está protegida por más de mil contenedores que rodean y determinan el recinto de manera colosal.

    Dentro de las inmediaciones de la Media Luna Roja se encuentra una planta de distribución de fruta y alimentos. Cada familia, según la época del año, recibe tres hortalizas o frutas distintas. ACNUR, además, se encarga de ofrecer un servicio de transporte de agua y reparte enseres básicos para la higiene a 90.000 refugiados en situación de riesgo.

    La situación de estos refugiados parece abocada al statu quo permanente

    Cientos de miles de saharauis siguen esperando una resolución internacional para volver al territorio de la antigua colonia española. Pero el bloqueo marroquí impide el avance de las negociaciones y los jóvenes de los campos se impacientan. Lo que antes eran rumores ya son afirmaciones en voz alta: “La vuelta a las armas” es un escenario que podría estallar en un futuro próximo.

    El día del cuadragésimo primer aniversario de la creación de la RASD conocí a varias mujeres policías. La figura de una mujer policía en una sociedad musulmana resulta impactante en medio de un Magreb tradicional. Pero es una realidad de la que los saharauis están muy orgullosos.

    Dentro de los campos de refugiados saharauis las mujeres forman parte de la administración y las fuerzas de seguridad. La RASD se ‘autoconsidera’ uno de los Estados árabes más tolerantes con las mujeres aunque siguen siendo una sociedad muy patriarcal.

    Antes de volver al aeropuerto de Tindouf, visitando el campo de Bohador encontré este cartel en un muro blanco de la plaza alertando sobre minas antipersona. La cercanía de los campos de refugiados al ‘Muro de la vergüenza’, frontera ilegal construida por Marruecos para frenar al Frente Polisario durante la guerra, provoca accidentes, lesiones e incluso muertes a día de hoy.

    El mayor riesgo de las minas antipersona es que están enterradas en la arena y, con el tiempo, son arrastradas por el movimiento de las dunas hasta los campos. La arena todavía guarda recuerdos del conflicto sucedido hace 28 años. En diciembre de 2016 una niña saharaui de 10 años falleció al estallar un resquicio de bomba de racimo que había en una duna.

    Mientras el desierto guarda recuerdos de guerra, el pueblo saharaui se asienta en un campo de refugiados que (se supone) iba a ser temporal. La vida se desarrolla mientras el conflicto no llega a ningún acuerdo. Generaciones de niños nacen y mueren en los campos mientras la comunidad internacional disminuye la ayuda humanitaria a estos seres humanos olvidados en el desierto.

    “Muchos ya no se quieren ir -comentaba Eide Mohamed-Ali (estudiante saharaui de la Universidad Complutense de Madrid)-. Ya no hay marcha atrás, la población se ha acostumbrado a este nivel de vida y poco a poco irán desarrollándose más »

    Y una se pregunta: ¿en qué momento un campo de refugiado pasa a convertirse en un asentamiento permanente?

    ¿Quién es el responsable final de estas personas? Argelia parece haber tomado el compromiso de mantener a los saharauis a salvo, pero Bouteflika acaba de retirarse del Gobierno, unas elecciones están por venir en el país y el destino del Sáhara Occidental sigue en manos de las Naciones Unidas.

    Probablemente estemos hablando de uno de los conflictos coloniales más longevos que arrastra nuestro país desde el siglo pasado. La guerra del silencio contra esta crisis está ganando. Pocos españoles y ciudadanos del mundo árabe conocen la historia del Frente Polisario, mientras que Marruecos administra el Sáhara Occidental como si fuese suyo.

    Después de nueve años sumergiéndome en la historia del Sáhara, estableciendo lazos con la población y estudiando el complejo embrollo diplomático internacional, me atrevo a decir que tarde o temprano escucharemos hablar de los saharauis. Alzarán su voz por encima de todas y nos señalarán con insistencia.

    Algunos no querrán irse de Tindouf, pero muchos otros han sacrificado su tiempo por una espera pacífica, tal y como aconsejaba la Comunidad Internacional. Si esta espera no termina pronto, los saharauis más jóvenes tomarán la política del Frente Polisario y, como dice el refrán saharaui, “estamos dispuestos a tragarnos el polvo antes de olvidar nuestra tierra”.

    UNA CRÓNICA DE MARTA TREJO LUZÓN

    Periodista freelance y profesora de música

    @martatrejoluzon

    Fuente : Be Wild Be Proud, 06/05/2019

    Tags : Sahara Occidental, Marruecos, Frente Polisario, campamentos de refugiados, refugiados saharauis, Marta Trejo Luzón,

  • ‘Las acacias del éxodo’, un viaje literario para conocer al pueblo saharaui

    Conchi Moya

    Si me preguntan cómo se gestó mi libro Las acacias del éxodo debo referirme a dos momentos relevantes. Uno fue noviembre de 2010, cuando las fuerzas de represión marroquíes arrasaron el campamento saharaui de Gdeim Izik llevándose por delante de manera brutal las miles de jaimas que componían el llamado Campamento de la Dignidad saharaui.

    Lo sucedido en aquel mes desde que la población saharaui de la ciudad ocupada de El Aaiun levantó el campamento hasta su destrucción me dejó hondamente impresionada y fue probablemente el momento más decisivo y lleno de fervor que he vivido en estos casi veinte años de caminar al lado de los saharauis. El otro momento fue la visita a Madrid en 2012 de Ahmed Mohamed Fadel “Rubio”, un histórico de la causa desde el frente cultural, joven yeyé en su Villa Cisneros natal, combatiente con el Ejército saharaui durante la guerra de liberación y hombre del libro que hoy en día vive refugiado en los campamentos del sur de Argelia, en espera del ansiado regreso a la tierra que lo vio nacer.

    Las charlas con Rubio sucedidas durante aquellos días calaron hondo en mi memoria, porque cuando Rubio habla de su boca salen flores. Es un hombre de palabra pausada y profunda, con hondas convicciones e integridad irrevocable. Sus reflexiones siempre llevan el perfume de la poesía de su pueblo y es una fuente inagotable de memoria y recuerdos. Aquellas historias prendieron en mí y poco a poco se fueron convirtiendo en relatos y en personajes. Como el combatiente que pinta la señal de la paz en un proyectil, el revolucionario Salama o el soldado que recuerda la visita de Felipe González a los campamentos. Todos llevan su inconfundible voz.

    A los saharauis les llaman “los hijos de la nube”, siempre en busca de la lluvia que traiga pasto y respiro en el inclemente desierto. También son un pueblo que derrama poesía. Pocos enclaves en el territorio saharaui pueden ser más venerados que los pozos y pocos tesoros más apreciados que la memoria. Rubio dice que quienes escribimos sobre el Sáhara Occidental construimos “pozos culturales” para saciar la sed del pueblo y cada vez que terminamos de construir uno de esos pozos lo entregamos al pueblo “para que recupere su cultura y no pierda su identidad”. Efectivamente, “Las acacias del éxodo” es un libro del pueblo saharaui y al mismo que espera acercar a la causa a muchas personas que no la conocen.

    Los saharauis me convirtieron en escritora. La adolescente que fui escribía cartas a sus amigos contando las historias que les sucedían como forma de atesorarlas y guardarlas para siempre. El viaje que realicé a los campamentos de refugiados saharauis me llevó a emprender una tarea más ardua: narrar aquella increíble experiencia que metió al pueblo saharaui y su causa en mi corazón. Mi encuentro con Bahia Awah y los poetas saharauis que más tarde se unieron en torno a la Generación de la Amistad me animaron a escribir y a convertir aquel taco de folios grapados en mi primer libro autoeditado, “Los otros príncipes”. Las historias que escuchaba a mi familia y amigos saharauis se convirtieron poco después en un segundo libro, también autoeditado, “Delicias saharauis”.

    Pero cuando vives el Sahara todos los días, nunca hay bastante escritura para contar todo lo que aprendes, escuchas, vives y descubres. Gdeim Izik y Rubio fueron el detonante de los primeros relatos. Pronto vinieron más, inspirados en las palabras, la vida y el ejemplo de mujeres y hombres saharauis. Como la militante Nueina Djil, protagonista de la mítica imagen de la fotorreportera Christine Spengler con un fusil al hombro y su bebé en brazos; Moina Chejatu, la joven saharaui que acompañó a Felipe González en su visita a los recién creados campamentos de refugiados saharauis; los activistas saharauis de derechos humanos Brahim Dahan y Hmad Hamad, cuyas historias de lucha y sacrificio por el Sahara son constante fuente de inspiración para mí; el escritor y diplomático Ahmed Muley Ali o el poeta nacional Bachir Ali, quien me descubrió la existencia de Graret Lantilagha, las acacias del éxodo, lugar que da nombre al libro. Sus testimonios y los de familiares y amigos fueron conformando esta colección de relatos donde pretendo huir de orientalismos para reflejar una visión realista de los saharauis. Porque creo firmemente en la literatura comprometida como una de las mejores vías para difundir ideas y causas. “Las acacias del éxodo” pasa a formar parte de la bibliografía de poemarios, novelas, libros de relatos y ensayos que acompañan al pueblo saharaui en su camino hacia la libertad.

    Espero que los lectores viajéis al Sáhara a través de sus páginas, conozcáis a su gente y entendáis su realidad.

    Sahara Libre.

    Fuente: Mugalari Kultura, 06/05/2019

    Tags : Sahara Occidental, Frente Polisario, refugiados saharauis, Conchi Moya, Las acacias del éxodo,

  • Un viaje a los campamentos de refugiados de Tindouf

    Fuente: Saharauisi.com,

    La primera impresión al visitar los campamentos de refugiados saharauis es la de una profunda sorpresa. Y admiración. Cuesta creer que sus más de 150.000 habitantes hayan podido sobrevivir aquí casi 40 años. En medio de un desierto estéril, donde unos pocos rebaños de cabras tienen que competir por los casi inexistentes residuos en las bolsas de basura y donde los camellos dibujan sus famélicas siluetas en el horizonte. Pero como a todas las primeras apariencias, le faltan los matices que cargan de sentido la vida diaria de sus habitantes, repartidos entre haimas y casas de ladrillos de barro. Las mujeres y hombres saharauis han sido capaces de construir pilares básicos de un Estado en medio de la nada: colegios, hospitales, pozos, electricidad… Infraestructuras mínimas, precarias, pero que permiten habitar uno de los territorios más inhóspitos del mundo –las temperaturas en verano alcanzan los 54 grados-. Lo han hecho cargados de una paciencia y perseverancia ejemplares, y apoyados por el Estado de Argelia que les cedió este territorio mientras podían volver a su tierra y por la cooperación internacional.

    Sin embargo, los recortes de las ayudas de cooperación al desarrollo a causa de la crisis -España es el principal donante y ha recortado sus fondos en un 70% en los últimos años- han tenido un severo impacto en las condiciones de vida de la población.

    2015 es un año fundamental para el futuro del pueblo saharaui. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha fijado en abril una nueva fecha límite. Una más de las que lleva fijando desde 1991, cuando el Frente Polisario y el régimen marroquí acordaron la paz tras quince años de guerra. Si no ve cambios significativos, advirtió el secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, tendrán que “hacer un examen amplio del marco para el proceso de negociación”.

    Cronología de un fracaso internacional

    España declaró el Sahara Occidental su colonia africana en 1952. Sus habitantes eran ciudadanos y ciudadanas con nacionalidad española. En 1972, la Asamblea General de las Naciones Unidas declara que los habitantes de este Territorio No Autónomo sometido a la descolonización tienen “el derecho inalienable a la libre determinación y a la independencia”.

    Por ello, impele al Estado Español a que celebre un Referéndum de Autodeterminación en el Sáhara Occidental, debiendo estar constituido el cuerpo de votantes por la población saharaui. El 16 de octubre de 1975, el rey de Marruecos, Hassan II, ordena la “Marcha Verde”, integrada por 350.000 hombres, mujeres y niños marroquíes que se desplazaron por el desierto para colonizar el Sáhara Occidental mientras 25.000 soldados acorralaban y masacraban a la población saharaui.

    Un mes más tarde, el Gobierno español alcanza los llamados “Acuerdos Tripartitos de Madrid”, por los cuales cedía la administración del territorio a Marruecos y Mauritania. Una negociación nula ya que España no tenía legitimidad para alcanzar un tratado que afectaba a un Territorio No Autónomo. La retirada de España dejó campo libre al Ejército marroquí, que inició una táctica de tierra arrasada contra la población saharaui: bombardeos con fósforo blanco y napalm, masacres colectivas, desapariciones en fosas comunes, saqueos de sus hogares, envenenamiento de los pozos de los que se abastecían las personas y los animales… 40.000 mujeres, hombres y niños tuvieron que huir a través del desierto y refugiarse en Argelia.

    Ése fue el caso de Nidal, una de las protagonistas de Saharaui sí, y por aquel entonces, un bebé de un año. Su madre se puso de parto de su hermano menor durante la huida. Murió en medio del desierto. Nidal, como cientos de menores saharauis tuvo después la oportunidad de ir a estudiar a Cuba, adonde se marchó cuando tenía 12 años. Estudió enfermería “para ser útil a mi país”. Ahora, gracias a su trabajo, al de sus compañeras/os y a ONG como Médicos del Mundo, las mujeres saharauis tienen un lugar seguro donde dar a luz en los campamentos de refugiados de Tindouf.

    Los que se quedaron en los Territorios Ocupados por Marruecos llevan desde 1976 sufriendo encarcelamiento en cárceles secretas y centros de tortura, desapariciones forzosas, represión policial sistemática, discriminación en el acceso a la salud, educación y puestos de trabajo… Aunque en 1991 el Frente Polisario, compuesto por milicias saharauis, y el reino de Marruecos firmaron la paz, y la ONU mandó la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental (MINURSO) -previsto para un año después- la situación lejos de mejorar sólo ha hecho degradarse. El reino alauí ha torpedeado sistemáticamente los esfuerzos y acuerdos alcanzados para la celebración del Referéndum a lo largo de todos estos años y ha logrado un hecho sin precedentes entre las misiones de las Naciones Unidas: que la MINURSO no pueda supervisar el cumplimiento de los derechos humanos en los Territorios Ocupados, violados cotidianamente según informes de la propia ONU. En la actualidad, 50 saharauis permanecen presos por razones políticas en cárceles marroquíes, donde han sufrido tortura, desnutrición, violaciones…

    Pese a todo ello, las y los activistas y defensores de derechos humanos saharauis siguen manifestándose pacíficamente para reclamar su independencia y libertad. Una de estas personas que han sufrido la virulencia de la represión policial es Maimuna. En 2007, después de que le rompieran un brazo y destrozaran el tórax y los senos, desarrolló un cáncer en su mama derecha que achaca a la paliza. En 2003, volvió a ser detenida, apaleada y torturada al obligarle a beber la orina de sus agresores. El cáncer, que había empezado a remitir tras ser tratada en Argelia -Marruecos también restringe el acceso a la salud a los y las saharauis-, se ha reproducido en su mama izquierda. Sigue siendo activista pese a los fuertes dolores que sufre por los tumores porque “lo que pedimos son derechos internacionalmente reconocidos”. La encontramos en los campamentos de refugiados, donde se ha trasladado para poder recibir atención médica.

    La situación en los campamentos de refugiados de Tindouf
    Salima es una de las jóvenes que ha nacido y crecido siendo refugiada. Después de que su padre muriera, tuvo que dejar de estudiar en la universidad argelina para sacar a sus hermanas adelante. “No queremos vivir de las ayudas, queremos vivir de lo que hay en nuestra tierra. Aquí no hay bombardeos, pero Marruecos nos está matando a fuego lento porque la vida como refugiados es muy difícil”, nos cuenta. Pese a ello, su capacidad de superación de los obstáculos es inagotable. Trabajando como traductora para una ONG, coincidió con una documentalista que le enseñó a grabar y montar vídeos. Desde entonces ha realizado varios cortos, ha sido ayudante de dirección de la película Wilaya y profesora en la Escuela de Cine de los campamentos. “El cine es mi forma de comunicar mi mensaje: No queremos esperar más, queremos volver ya a nuestra tierra”.

    La paciencia empieza a agotarse en los campamentos, especialmente entre los más jóvenes. La falta de horizonte es asfixiante: la gran mayoría tienen estudios secundarios, algunos incluso han completado carreras superiores en Argelia, España o Cuba. Pero en Tindouf muy pocos pueden poner en práctica sus conocimientos. El tiempo aquí mayoritariamente transcurre dedicado a la espera. La espera del reparto de los alimentos del Programa Mundial de Alimentos, que sólo alcanza para la mitad del tiempo previsto. La espera para recibir las remesas de los familiares que han emigrado y que les permite cubrir las necesidades básicas alimentarias… Porque la economía en los campamentos de refugiados -de la que no hay registros oficiales- depende de la ayuda de la cooperación internacional casi en su totalidad. El resto se completa con lo que envían los que emigraron, las familias que han acogido a menores en los programas de Veranos en paz -en los últimos años las familias españolas acogedoras se han reducido en un 35% por la crisis-, así como pequeñas iniciativas empresariales compuestas principalmente por tiendas de alimentación y unas cuantas cooperativas emprendidas con el apoyo de ONG.

    Los sueldos en los campamentos entre la escasa población empleada son apenas un estímulo: un maestro cobra unos 25 euros al mes, una comadrona 50 y un militar 40 aproximadamente. Esta precariedad provoca que un 30% de los menores sufra malnutrición o que la mayoría de las mujeres embarazadas tengan anemia por la falta de una dieta variada con productos básicos.

    Por ello, el programa de Médicos del Mundo apoyado por la Agencia Española de Cooperación al Desarrollo, se ha enfocado en el fortalecimiento de la salud materno-infantil. Con un enfoque de derechos humanos y de fortalecimiento de las instituciones, Médicos del Mundo trabaja con el Ministerio de Sanidad del Frente Polisario para mejorar el acceso a la salud de estos colectivos mediante la formación y el estímulo del personal sanitario, la mejora de la estructura y el equipamiento de los centros sanitarios, la puesta en marcha de actividades preventivas y de educación, así como la mejora de la condición nutricional relacionada seguridad del embarazo, el puerperio y la crianza.

    La mejora de la salud de estos colectivos ha mejorado de manera parpable a lo largo de los últimos años.

    Mientras, los y las refugiadas saharauis siguen librando diariamente una batalla para cubrir sus necesidades básicas, para conservar la paciencia, para alimentar la esperanza de que la comunidad internacional cumpla con su deber y obligue a Marruecos a aceptar la celebración de un referéndum que abra la vía para el retorno y la independencia.

    Tags : Sahara Occidental, Frente Polisario, campamentos de refugiados, refugiados saharauis, vacaciones en paz, Tinduf, Argelia,