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  • Malada. El Sahara y nada más

    Texto y foto: Mohamidi Fakala, escritor y periodista que escribe desde los campamentos de refugiados saharauis en el sur de Argelia.

    Malada nunca se paró frente a una administración pública para tramitar papel alguno. No los necesitaba, porque le bastaba con ser una saharaui, motivo que esgrimía para residir en un palmo de tierra liberada.

    Cuando se recrudecieron los enfrentamientos entre los saharauis y los marroquíes allá por los años ochenta a sus padres casi les alcanzaban los obuses en el interior de la jaima. Por tal motivo, se vieron obligados a refugiarse en las cercanías de la ciudad argelina de Tinduf. Sin embargo, Malada se encargó del cuidado de los rebaños de cabras en la parte oriental del Sahara, a pesar del peligro que suponía su permanencia a solas en el desierto. Por tanto, la destreza de esta mujer no se limitaba únicamente a la manera con qué regía el pastoreo de los animales que llevaban la marca de fuego del longevo padre, Ali Salem Hmad, que le había encargado responsabilizarse de ellos, antes de partir hacia otras tierras lejanas. En la zona de Zemur, hoy en día, Malada es conocida como una mujer estoica, valiente y entregada.

    La vivienda saharaui en la que residía desde hace ya más de tres decenios miraba, como es tradicional, hacia el sur y los rayos del sol incidían en el interior de una jaima que albergaría no más de cuatro personas. Un hogar reducido, ligero y de pocos utensilios, los necesarios. Pero todo se ajustaba a un orden milimétrico, bajo el caballete de madera del que se colgaba un odre rellenado con agua fresca. Un cuadro que dejaba al visitante inmerso en la obstinada calma del desierto. La señora salía y entraba, faenando incansable, y el cayado dorado en la mano hasta que el sol se perdiese en las tinieblas de los mares. El asno, el perro y las cabras representaban para ella la mejor compañía, tanto en tiempo de fertilidad como de sequía. El olor del arsa, estiércol, de la majada era bien notable en las cercanías.

    La jornada no llegaba a su fin hasta que regresaban los rebaños, a toda prisa, de los parajes donde apacentaban. Malada, una beduina de carne y hueso escueta en el habla, al tomar la palabra hacía énfasis en todo aquello que le gustaba al son de un indetenible ademán de manos. No renunciaba a la serenidad del desierto con facilidad, una elección de vida o muerte. Esa era la promesa hasta que todo tocase fondo definitivo. Hablaba, sin tapujos ni miramientos. Y de niña a mujer había aprendido con el ensueño de un hada solitaria los difíciles entresijos de un mundo implacable. Es cierto que Malada no poseía alas para volar. Sin embargo, tenía puestos los ojos en el cielo, persiguiendo en qué horizonte caerían las últimas gotas de las nubes. La tierra, el cielo y los animales se reunían con esmero bajo la senda nómada de Malada.

    Mujer ya de edad avanzada, no mostraría atisbo alguno de desilusión en el rostro a pesar de la difícil tarea que se le había encomendado. En cambio, las huellas de los años eran más que evidentes en el enjuto cuerpo tostado por el sol y las soledades. El tiempo le había enseñado que los infortunios de la vida en el desierto solo se podrían superar con la constante movilidad de un lugar a otro, excepto en días cálidos, cuando la sombra y el agua se convirtiesen en un vergel desconocido. Malada beatifica el alma con tranquilidad para poder superar las inclemencias que imponía, a veces, la naturaleza del desierto. Una mujer descomunal. Se llamaba Malada.

    Fuente

    Tags : Sahara Occidental, Marruecos, literatura, cultura, tradición,

  • ‘La luz de cuatro velas en el Sahara’ – reciente obra del escritor saharaui Ali Salem Iselmu Abderrahaman

    LIBROS Y LECTORES

    La editora Ediciones Wanafica en su pagiana web, destaca comentarios de lectores que hayan disfrutado de libros de autores saharauis.

    –– Comentario de Cristina Orwell � (IG: @cristinaorwell)

    « Lo que a nuestro ojos parece igual y estéril, guarda muchas diferencias. Dicho de otra manera, en la sabiduría popular saharaui, « un viejo sentado muchas veces ve lo que no puede ver un joven de pie ». Antes de hablar hay que observar y aprender a escuchar el silencio, de allí nace buena parte de nuestra sabiduría ».

    Marta es una niña saharaui con muchas dudas respecto a su origen, el por qué de su nombre tan diferente al de sus amigas y de por qué siempre ha sido criada también en español. Aprovechando el amor de la niña por viajar y conocer la variedad étnica de nuestro planeta, su abuelo Sidati toma este precedente para hacer viajar a Marta por sus orígenes.

    El anciano traslada a la niña y al lector a tres extremos de la tierra para así explicarle su origen y las distintas culturas y costumbres que coexisten en el mundo, todas ellas con pilares fundamentales en común.

    Dentro de cada una de las estas « velas », que no son más que divisiones, se nos cuentan numerosos relatos breves que nos acercan a las distintas culturas tales como es el caso de la joven Alia en el desierto del Sahara, los paseos de Taleb por los malecones de La Habana o el hogar de Antonio en una región española.

    Entre los relatos hay historias realmente conmovedoras que más allá de nuestro lugar de procedencia, sea España, el Sahara, Cuba, Jordania o Japón, todos somos iguales y compartimos muchísimas semejanzas, la constante mezcla de culturas, religiones, creencias y costumbres son los que nos dotan de gran riqueza. Considero este mensaje de una relevancia vital, más aún en la realidad en la que vivimos donde parece que hemos olvidado los tesoros que aporta la diversidad y que en algún momento todos hemos tenido un antepasado común.

    Generación de la amistad, 18 ago 2019

    Tags: Sahara Occidental, cultura, literatura, tradición, patrimonio cultural,

  • La cultura saharaui. Una cultura milenaria en un contexto conflictivo

    El Sáhara Occidental se corresponde con la antigua colonia española del mismo nombre y está situado en el reborde atlántico del gran desierto del Sáhara. Se extiende entre el río Uad Draa, al norte, en relación a Marruecos; la península de Ras Nouadhibou (antiguo cabo Blanco), al sur, en relación a Mauritania; y el desierto del Sáhara, por el este, en los límites fronterizos de Argelia, en su mitad norte, y Mauritania, en la sur.

    El desierto del Sáhara es un vasto territorio que cruza de este a oeste casi toda la franja septentrional del continente africano, con una extensión de unos diez millones de km2, lo que le convierte en el mayor del mundo. Dado su carácter cálido, es un medio inhóspito para la vida en general. Su escasa vegetación tiene como excepción la que se concentra en los limitados oasis existentes. Este hábitat tan adverso ha condicionado que los grupos humanos que llevan viviendo durante al menos tres milenios hayan adquirido unas formas de vida predominantemente nómadas y una organización social tribal, con una fuerte presencia de los lazos consanguíneos.

    La situación política surgida desde la década de los 70

    El Sáhara Occidental es un territorio incluido dentro del Comité de Descolonización de la ONU, sin que hasta la fecha se haya solucionado el contencioso internacional surgido en noviembre de 1975, tras la firma de unos acuerdos secretos entre los gobiernos de España, Marruecos y Mauritania; y la ocupación militar de Marruecos y Mauritania desde 1976, mantenida sólo por Marruecos desde 1979.

    Marruecos denomina al territorio ocupado con el nombre de provincias meridionales, aunque en la práctica sólo tiene controladas las dos terceras partes del mismo, delimitadas mediante un muro o berma de unos dos mil kilómetros de longitud, cuya franja oriental se encuentra controlada por la República Árabe Saharaui Democrática, fundada en 1976. A lo largo de estos años ha organizado una explotación de los recursos naturales, administradas por empresas en su mayoría francesas y españolas, que operan preferentemente en la minería (fosfatos) y la pesca. A la vez el gobierno ha fomentado el asentamiento de población procedente del propio Marruecos. Resulta difícil ofrecer una cuantificación del conjunto de la población existente y su reparto según la procedencia, pero se estima que está en torno a unas 270.000 personas, la mayoría saharaui.

    En 1976 se fundó la RASD, actualmente reconocida por alrededor de 70 países. Aunque su Constitución contempla como territorios propios los ocupados por Marruecos, su asentamiento real se encuentra en el territorio cedido temporalmente por Argelia en la zona de la Hamada de Draa o Tindouf, donde habita parte de la población que se refugió en 1976 al inicio de la guerra contra Marruecos y Mauritania. En la actualidad esta población exiliada está cuantificada en unas 200.000 personas.

    Toda esta situación ha hecho que resulte complejo hacer una delimitación política y poblacional clara del territorio.

    Los orígenes del pueblo saharaui

    Parece extendida la idea que el pueblo sanhaja es el antecesor de los distintos grupos bereberes que acabaron asentados en la mitad oeste del norte de África hace unos 3.000 años. Distintos avatares históricos en los siglos siguientes fueron dando cierta personalidad a uno de los grupos que acabaron conformándose en la parte occidental del desierto del Sáhara. Entre dichos avatares se encuentra la relación con otros pueblos, como el soninke (situado más hacia el sur y de piel negra) e incluso un grupo beduino árabe procedente del Yemen, éste en el siglo XIII; o la islamización religiosa y cultural, iniciada entre los siglos VII y VIII, paralela a la de los pueblos de la parte más septentrional del continente, y consolidada con la expansión almorávide, en el siglo XI, y la presencia del grupo árabe yemení, en el siglo XV. Los grupos tribales sahararuis occidentales en su mayoría tenían un carácter nómada, influidos en distinto grado por las poblaciones sedentarias asentadas en sus extremos más septentrional y meridional.

    La población resultante de las fusiones de las distintas etnias, con predominio del elemento árabe-bereber, era fundamentalmente nómada, dedicándose al pastoreo; en menor medida, al comercio a través del desierto, en ruras que iban en las direcciones este-oeste y norte-sur; y a la pesca, en las zonas próximas a la costa atlántica.

    El contacto con el mundo europeo occidental data del siglo XV, en el momento en que varios estados de esta parte del continente iniciaron una expansión territorial hacia el sur de África, en busca de rutas, recursos y mano de obra esclava. Pero fue el colonialismo del siglo XIX, concretado con la ocupación progresiva por parte de España desde finales de siglo, lo que alteró en parte la situación de las tribus del desierto, no tanto por lo que supuso de ruptura con las formas tradicionales de subsistencia como por la pérdida de la soberanía que los distintos grupos tribales ejercían libremente y sin injerencias externas. Fue una situación que no estuvo exenta de conflictos hasta los años 30 del siglo XX, bien en forma de enfrentamientos, más o menos abiertos, como de resistencias.

    El proceso descolonizador de las antiguas colonias en todo el mundo, auspiciado finalmente por la ONU, tuvo como culminación la demanda por este organismo a España en 1965 del inicio del proceso correspondiente. Pese a ello, las demandas territoriales por parte de Marruecos y Mauritania acabaron con la firma en noviembre entre los gobiernos de los tres estados de los llamados acuerdos tripartitos, mediante los cuales de facto los dos primeros estados acabaron repartiéndose el Sáhara Occidental y España se desentendió de su responsabilidad como antigua potencia colonial. Pese al dictamen del Tribunal Internacional de Justicia de La Haya en 1975, y las reiteradas resoluciones de la ONU, la OUA y la UA, Marruecos las ha incumplido, aprovechándose del apoyo que tiene de potencias como Francia y EEUU, y la política ambigua mantenida por los gobiernos españoles, que, sin negar el derecho a la autodeterminación que le asiste y le reconoce la ONU, se niega a aplicar una política de apoyo efectivo hacia el pueblo saharaui, prefiriendo una situación de statu quo con su vecino del sur y sus aliados occidentales.

    Una cultura milenaria

    La cultura saharaui occidental, milenaria en sus orígenes y desarrollo, se inscribe en un ámbito territorial muy limitado para el desenvolvimiento de los grupos humanos, a la vez que corresponde a una población muy reducida en número. A esto hay que unir las interferencias políticas que está sufriendo especialmente desde 1975, momento en que se inició la ocupación militar por Marruecos. Todo ello no impide que se pueda hablar de una cultura específica, con lazos de diversas índole con nuestro país, derivados de la presencia colonial durante aproximadamente un siglo y también de las relaciones que numerosas personas, organizadas en grupos de apoyo a su causa, mantienen.

    Se trata de una cultura viva que mantiene elementos tradicionales, muy ricos en sus formas y contenidos, y que ha aportado nuevos elementos, en unos casos producto de una reinterpretación de los tradicionales en un contexto nuevo y en otros casos surgidos en la misma realidad actual.

    Los componentes principales de la cultura saharaui

    La cultura saharaui se ha ido conformando a lo largo de un proceso histórico, que le ha permitido dotarse de una personalidad propia, creada entre por la confluencia de sus propias tradiciones y las que sucesivamente han ido aportando otras cultura. En este sentido se han destacado cuatro grandes componentes de la cultura saharaui actual, originados en épocas históricas más antiguas, a los que habría que unir un quinto componente más reciente en el tiempo: la tradición ideológica que representa el Islam; las prácticas económicas en el marco de división de tareas entre varones y mujeres; la organización familiar tradicional; el equilibrio poblacional entre varones y mujeres; y la situación socio-política creada desde 1975 (Niño y Marvena).

    En todos estos componentes se ha destacado como un elemento clave, que ayuda a integrarlos y darles una coherencia de conjunto, el papel que juegan las mujeres, algo que resulta relevante en sí mismo y en relación a las culturas más cercanas y de una manera especial la cultura marroquí, que desde las últimas décadas ha entrado en conflicto con la saharaui.

    La tradición islámica

    Se trata de un componente que resulta común a todos los pueblos situados en el norte de África, desde la costa mediterránea hasta las zonas situadas al sur del desierto, y que incluye además a Marruecos. Pese a ello, el pueblo saharaui ha ido creando desde siglos atrás una serie de rasgos propios, desde el mantenimiento de algunos hasta el mestizaje con otros, que le han ido confiriendo su propia personalidad. Uno de ellos es el papel que ha jugado la mujer, siempre desde una mayor libertad de acción, que con frecuencia se ha interpretado como prácticas contrarias al Islam. Así se explica la costumbre de la cara destapada, los juegos eróticos entre jóvenes en algunas tribus, etc.

    Partiendo de la consideración del Islam no sólo como una religión, sino como una forma de vida, la interrelación del pueblo saharaui con el medio donde viven ha hecho que se haya hecho una adaptación de los rituales propios de la religión al propio entorno. Así, por ejemplo, la purificación con agua antes del rezo en las mezquitas se hace en el desierto con arenas y piedras.

    La misma literatura se circunscribió en otras épocas dentro de la tradición islámica, con predominio de las formas orales de transmisión, pero sin olvidar también las escritas. Entre las primeras se encuentra la lejtá, en la que se improvisaban poemas como una forma de sublimación de las rivalidades tribales. Y entre las segundas, la lejna. Hoy se mantiene viva una gran creatividad literaria, donde la poesía cobra un valor importante.

    Las prácticas económicas

    Partiendo del carácter predominantemente nómada de la cultura saharaui, el papel que juegan las mujeres resulta más relevante, con una menor presencia de los elementos patriarcales. Esto se ha traducido en una importante presencia de las mujeres en la vida económica, algo que ha contrastado con la que han tenido en las culturas vecinas del norte. Si la vida nómada ha exigido una permanente movilización de todo el grupo familiar, la división de tareas en relación al sexo-género ha conllevado que las mujeres hayan tenido una posición importante en las que le correspondían, independientemente de las responsabilidades asignadas en el marco de la organización del núcleo familiar.

    En la actualidad el nomadismo sigue existiendo y, aunque no es un elemento residual, sí va adquiriendo menor importancia en relación a las distintas actividades económicas realizadas tanto en los territorios ocupados como en la Hamada del Draa. Su mantenimiento refleja no sólo formas económicas y sociales que en el pasado fueron preponderantes, sino también otras formas que reproducen simbólicamente elementos propios de su identidad colectiva.

    Organización socio-familiar

    La sociedades nómadas tienen en los lazos de consanguinidad uno de sus rasgos sociales más característicos. La relación entre la familia y la tribu se convierte en la forma como se imbrican las personas en el conjunto social. Los jefes de familia suelen conformar estructuras de control y gestión mediante asambleas de tribales, que en la cultura saharaui se ha denominado yemáa. Fue utilizada desde 1934 por España como institución intermediaria entre la población saharaui y la metrópoli colonial, y llegó a ser utilizada por Marruecos entre 1975 y 1976, el momento en que se estaba dilucidando el futuro del Sáhara. La organización política de la RASD, sin embargo, ha eliminado esa institución por su naturaleza elitista, al dotar a una minoría de la toma de decisiones, sustituyéndola por un parlamento, órgano del poder legislativo, al que denominan Consejo Nacional saharaui.

    Resulta propio de las sociedades menos evolucionadas el mayor componente matriarcal en la organización familiar y, como consecuencia, en la social, en la medida que ésta tiene un importante componente de lazos consanguíneos. Es el caso de las sociedades nómadas, uno de los rasgos del pueblo saharaui. A lo largo de los últimos siglos, en parte por influencias de los pueblo vecinos, se fue dando una progresiva erosión de las viejas formas matriarcales hacia otras patriarcales, con el consiguiente predomino del varón en general y del patriarca en particular. Pese a ello se han ido manteniendo elementos de la tradición matriarcal, como son la práctica del noviazgo sin obligación de casarse, la autonomía para elegir al marido, el mantenimiento de su apellido familiar, el derecho al divorcio, la obligación por el marido/padre de contribuir económicamente al manteniendo de los hijos e hijas, etc.

    En este modelo de relaciones son frecuentes las fiestas que por distintos motivos se realizan, incluidas las relacionadas con los divorcios de las mujeres, una muestra de que no son percibidas como un trauma. Las noches son los momentos donde se manifiesta la libertad de acción de las propias mujeres, dentro de unas formas donde a la costumbre antigua del uso de la henna para pintarse las manos y los pies, se une la representación de dibujos geométricos y simbólicos, algunos presentes en restos de cerámica de hace cuatro mil años.

    El equilibrio poblacional entre varones y mujeres

    El equilibrio poblacional entre el número de varones y mujeres en la mayor parte de las sociedades y de las épocas ha sido precario, debido a causas diversas, pero donde el factor biológico (mayor resistencia del organismo de las mujeres) y diversas prácticas socio-culturales, como la guerra, han resultado favorables a las mujeres. En el caso de las sociedades del desierto ha ocurrido lo mismo, lo que ha permitido explicar la práctica de la poligamia. Entre las tribus saharauis, sin embargo, el número de varones ha tendido a ser superior. En la actualidad este reparto resulta diferente según el espacio al que nos refiramos. Así, en los campamentos de refugio en la Hamada hay un mayor número de mujeres, mientras que en las zonas ocupadas hay más varones. Esto en parte se explica por el hecho de que en la población que huyó desde 1975 había más mujeres, o que las secuelas de la guerra y la resistencia contra Marruecos haya afectado de una forma más directa a los varones, con muertes o encarcelamientos en prisiones.

    La situación socio-política creada desde 1975

    Este componente es el más reciente, producto de la confrontación con Marruecos, en mayor medida, y Mauritania, hasta 1980. De esta manera la lucha política que este pueblo viene desarrollando en lo territorios ocupados y en la zona de la Hamada desde la década de los 70 se ha complementado con el desarrollo de distintas prácticas, bien tradicionales o bien nuevas, que no han hecho más que consolidar su identidad, pese a la aparición de nuevos elementos, que han sido producto del contacto con determinados países y la dimensión más intensa que tienen las relaciones entre países y culturas en el contexto de una sociedad globalizada y altamente tecnificada.

    Es así como se entiende la relevancia que las mujeres han ido manteniendo y en algunos aspectos también aumentado, donde han ido confluyendo elementos tradicionales, las necesidades de la nueva situación y una mayor conciencia del papel que deben jugar en la época actual. Las mujeres saharauis muestran una imagen de personas con un gran grado de autonomía, una gran responsabilidad social, al margen de la tradicional familiar, y una importante presencia en algunos ámbitos de la vida pública, a veces abrumadora. Esto no quita para que se pueda hablar de una equidad entre los géneros y especialmente en los principales ámbitos de decisión.

    Esta realidad explica en parte que en los campamentos de refugio de la Hamada del Draa en las mujeres recaiga la mayoría de las tareas (Niño y Mervena), como la administración de recursos, la producción de manufacturas, la educación, la sanidad…; o que ocupen de una forma abrumadora los cargos municipales (95%), y de los comités de barrio (100%) y locales (80%). Lo que contrasta, no obstante, con que esta responsabilidad sea menor en los comités regionales (45%), el parlamento (11%) o el gobierno (sólo hay una ministra, que representa el 4%). Quizás también explique el papel que muchas mujeres de las zonas ocupadas están jugando en la resistencia contra Marruecos, como es el caso de Aminatu Haidar, de una larga trayectoria en su lucha, y otras tantas mujeres que salieron en parte a la luz cuando protagonizó su huelga de hambre a finales de 2009.

    Las relaciones con algunos países, entre los que destacan Argelia, Libia, España y Cuba, están permitiendo ampliar los horizontes incluso hacia otros continentes. Si con Argelia y Libia existe una mayor proximidad cultural, con España y Cuba se da el contacto con realidades muy distintas, a la vez que variadas. A esos países acuden jóvenes de los dos sexos a formarse en estudios secundarios y universitarios. En el caso de España existe la práctica muy extendida del acogimiento temporal en familias de niños y niñas, o las continuas visitas que se hacen a los campamentos del desierto, lo que pone a la luz la enorme solidaridad existente entre amplios sectores de la población española con el pueblo saharaui. Se ha destacado que en esos países “no pierden los elementos constitutivos de su cultura, mantienen su religión, la ceremonia del té, lo cual hace menos traumático su regreso a la realidad del exilio en la Hamada”, una vez que han finalizado sus estudios (Niño y Mervena).

    El mundo de la educación es un ámbito donde las relaciones con otras culturas están presentes. Así, el sistema escolar tiene establecido a partir del cuarto curso la enseñanza de la lengua castellana, de manera que con la árabe, en su dialecto hassaní, es una de las dos lenguas oficiales y de relación con el mundo.

    Para acabar

    Hay un proverbio saharaui que dice: « los momentos difíciles se superan con calma ». Quizás esa paciencia es la que está permitiendo a este pueblo que, al menos, pueda seguir sobreviviendo en un contexto tan conflictivo.

    En Barbate, a 14 de abril de 2009

    Documentación de referencia

    Bibliografía sobre la cultura saharaui

    CAHEN, C. (1989). El Islam. I. Desde los orígenes hasta el comienzo del Imperio otomano. Madrid, Siglo XXI.

    CALDERÓN, C. (2000). Sáhara: la esperanza de un pueblo. Cádiz.

    GARGALLO, F. (2006). Un acercamiento a la cultura saharaui, en Encuentro de Cultura Saharaui, en 1 de octubre de 2006. Coyoacán, DF México, Casa de Cultura Benemérito de las Américas, http://www.nodo50.org/labarored/interpueblos/ Sahara/noticias/octubre06.htm#mex011006 (consultado el 28-03-2010).

    GAUDIO, A. (1952). Apuntes para un estudio sobre los aspectos etnológicos del Sáhara occidental. Su constitución básica, en Cuadernos de Estudios Africanos, n. 19. Madrid, Instituto de Estudios Políticos, http://sahara-news.webcindario.com/ apuntesparaunestudio.htm (consultado el 12-04-2010).

    MONTERO, J.-M. (2006). Viaje de interés y valor humano al Sáhara. Salamanca, artículo inédito.

    NIÑO, J. y MARVENA, E. (2008). Identidad cultural y de género en el Pueblo Saharawi. Sankofa Asociación Cultural, www.myspace.com, http:// sankofacultura.blosgspt.com, http://www.assatashaku.org/forum/foro-abierto/357 (consultado el 29-03-2010)

    REINA, J. L. (fecha desconocida). El Sáhara Occidental, texto extraído del catálogo de la exposición Sahara Occidental, etnografía y tradición, http://www.mgar.net/ africa/sahara.htm (consultado el 29-03-2010).

    RUIZ, C. (1994). El Sáhara Occidental y España: historia, política y derecho. Análisis crítico de la política exterior española. Madrid, Dykinson.

    VON GRINEBAUN, G. E. (1984). El Islam. II. Desde la caída de Constantinopla hasta nuestros días. Madrid, Siglo XXI.

    Publicaciones sobre el problema del Sáhara Occidental

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    PENNELL, C.R. (2009). Breve historia de Marruecos. Madrid, Alianza Editorial.

    RODINSON, Maxime: Los árabes. Madrid, Siglo XXI, 1981.

    Literatura

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    PRADA, F. J. (2002). Las jaimas de Ardelgamar. Saharauis encadenados. Ponferrada, Cornatelius.

    PRADA, F. J. (2006). Sembrando metecos y recogiendo sirocos. Ponferrada, Cornatelius.

    PRADA, F. J. (2006). Si me quieres escribir. (El papel lo aguanta todo). Ponferrada, Cornatelius.

    Vídeos

    El cielo contra el Sáhara. Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui de Salamanca / TeLévisión Salamanca, fecha desconocida.

    OCIO, J. J., GARCÍA, M. y LASO, J. (2005). Espejismo. Ilusiones de un niño del desierto. Madrid, Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui de Salamanca / Producciones Cine de Guerrilla.

    Fuente : Entre el mar y la meseta, 6 marzo 2011

    Tags : Sahara Occidental, Marruecos, Frente Polisario, España, descolonización, cultura, tradición,

  • Amargo como la vida, dulce como el amor, suave como la muerte

    Los saharauis no tienen casi nada. Expulsados por Marruecos, olvidados por España, viven en campos de refugiados en terreno argelino -la declarada República Árabe Saharaui Democrática, RASD- con pocas posibilidades de producir y con ninguna oportunidad para el desarrollo. Pero tienen algo que nadie les puede quitar.

    Una tradición que conservan con el paso de los años: invitar a té cuando reciben visitas. Puede que no tengan agua, puede que no tengan luz o puede que ese día no sea posible comer cabra o camello, pero nunca les falta té para ofrecer. ¿Por qué? Porque el té es algo más que una simple bebida.

    VIDA, AMOR Y MUERTE

    Para los saharauis, ofrecer té es un gesto de generosidad y aceptarlo es de cortesía. Sentados sobre el suelo en círculo, en sus pequeñas casas de adobe, anfitriones y huéspedes disfrutan de conversaciones lentas aderezadas con sorbos de un té caliente que inexplicablemente quita la sed del desierto. Pero las visitas no sólo aceptan tomar un té, sino tres. Son tres los que deben tomarse durante la estancia en casa ajena, cada uno con un sabor ligeramente diferente. El primero es más amargo (tiene menos azúcar), el segundo más dulce y el tercero más ligero. Los tres tes tienen su explicación poética que los propios saharauis te explican: “El primero es amargo como la vida, el segundo es dulce como el amor y el tercero es suave como la muerte”. Vida, amor y muerte. Por eso el té saharaui define tan bien la esencia de su pueblo.

    Se trata de té verde importado de China, cuya originalidad radica en la forma en que lo preparan y sirven. Es toda una ceremonia en la que se deben cumplir los pasos para que el sabor del té sea el que caracteriza a este pueblo del desierto.

    Echan agua en una tetera (berred) que calientan con brasas de carbón vegetal. En ella vierten medio vaso de té, aunque la primera ración será desechada por ser demasiado amarga. Vuelven a verter agua en la tetera con té y esta vez echan bastante azúcar. Cuando hierve, el té será escanciado en unos pequeños vasos (kisan). Desde el primer vaso se escanciará en el segundo y así, varias veces hasta conseguir la espuma deseada y el sabor idóneo. Su color dorado, su espuma blanca, su abrasante calor, sus virutas de hierbas al final del vaso, su dulzura extrema, su adicción, el té saharaui lo tiene todo para enamorarte del momento.

    Sus vecinos de Marruecos también sienten una pasión por el té, en especial por el de menta, si bien su ceremonia de preparación no es tan romántica como la saharaui. También en las casas marroquíes el té es símbolo de hospitalidad, siempre acompañado de ricas pastas o dulces árabes. Servido generalmente en cuberterías más lujosas -plateadas- que las saharauis, la cortesía marroquí en torno al té es similar. Beber té en el Sáhara no es sólo disfrutar de una bebida dulce; es vivir un auténtico momento de placer que deseas que no termine nunca, ya sea en una casa de adobe en mitad del desierto saharaui, como al atardecer en una terraza de Jemaa el-Fnaa (Marrakesh) con los rezos de la mezquita de fondo.

    Fuente : Comidas Magazine, 21 mayo 2014

    Tags : Sahara Occidental, Marruecos, té saharaui, menta, tradición, hospitalidad,

  • Sahara Occidental : La ceremonia del té y su caracter sagrado

    El té saharaui no es una simple bebida. Es mucho más. Es la expresión de la generosidad saharaui, y una muestra de cordialidad y hospitalidad. Por eso se le consacra todo un ritual y tiene toda una serie de requisitos.

    El primero es el origen y naturaleza del producto que se consume. Tiene que ser té verde de China y no tiene que ser Gunpowder que tiene forma de cartuchos de pólvora de un fusil de caza. Tiene que ser Chun Mee, de forma alargada, en hasanía se dice que tiene la forma de un pelo. La mejor calidad de esta marca de té se le llamaba « 71 » porque se vendía en un carton de madera y llevaba la referencia 4071.

    El segundo ingrediente es el agua. Tiene que ser agua natural y exenta de cualquier tipo de sales. El agua de la lluvia es la preferida. A veces, cuando tiene algo de barro se le pone un hueso bien seco al cual irá a pegarse todo el barro que el agua contiene.

    El té, la tetera y los vasos son los principales elementos para la ceremonia de bienvenida organizada cuando llega un visitante o un pariente. El consumo de té no se limitará à una sola taza, en este caso se trata de un vaso. El que se encarga de preparar el té velará por que la ceremonia se prolongue porque el objetivo no es tomar té sino hallar un medio para preservar el grupo y crear las condiciones propicias para garantizar un ambiente de cordialidad y un pasatiempos para estrechar los lazos entre las personas.

    La preparación del té para los saharauis se basa en tres componentes: la persona encargada de prepararlo, que lo elabora con cuidado y sin apresuramiento. El segundo requisito es un buen fuego de brasas (actualmente se utiliza también parrilla eléctrica) y el tercero es el grupo humano, la ceremonia del té no tiene sentido si no agrupa alrededor de él un conjunto de personas.

    Se ofrece en tres rondas. Alguien, sediento de exotismo y deseo de buscarle una explicación a la ceremonia del té, inventó una fórmula que, en realidad, no tiene mucho sentido: « El primer vaso amargo como la vida. El segundo dulce como el amor. El tercero suave como la muerte ».

    En realidad, la diferencia de sabor en cada té se debe al grado de concentración de té. El primer es amargo porque toda la fuerza del té se ha disuelto en el agua. En el segundo té, sólo se añade agua, lo cual dará un sabor más ligero al té. En cambio, en el tercer té, se debe añadir un poco del producto bruto porque las hojas que se encuentran en la tetera ya perdieron todo su sabor.

    Si cuando llegas a una familia saharaui y se pone a hacer el té, está muy mal visto que te vayas antes de que termine la ceremonia de los 3 tés. 

    A menudo, se señala al que prepara el té que ha hecho un buen trabajo. Un buen té no debe pasar desapercibido. Es una muestra de respeto hacia la sacralidad del té y hacia la persona que lo prepara.

    La mayoría de los saharauis cuando no toman un té en las 24 horas, sienten un dolor de cabeza que sólo se calmará cuando se haya consumado dicho producto. A veces, cuando las circunstancias impiden la preparación del té, para evitar dolores de cabeza, algunas personas suelen comer directamente las hojas de té sin pasarlas por la tetera ni por el fuego.

    Tags : Sahara occidental, tradición, té, ceremonia, hospitalidad,

  • Antropología: Verano en la cultura del pueblo del Sahara Occidental

    La cultura del verano y sus ingredientes antropológicos, un factor más de identidad que define y diferencia el pueblo del Sahara Occidental de su entorno geográfico-cultural.

    Vídeo: Ali Salem Iselmu.

    La abuela sin agua en el desierto. Extractos del libro « La maestra que me enseñó en una tabla de madera », de Bahia Mahmuh Awah. Editorial Sepha-Última Línea.

    (…) Mi abuela Nisha fue una mujer que desde muy joven se curtió en los azotes e inclemencias de la naturaleza de la badia[1] y conocía perfectamente la geografía del territorio, su fauna y flora. Era el centro sobre el que giraba toda la familia, al quedarse viuda siendo aún joven y fuerte. Contaba mi tío Moulud que una vez la familia tenía su acampada en la región de Eselb, cerca de la localidad de Bir Enzaran, debía ser hacia el año 1971, y era un verano muy caluroso y fuerte en Tiris Central.

    Los hijos mayores de Nisha, Alati y Mohamed, prepararon sus dromedarios para traer agua desde muy lejos, lo que llaman los beduinos errualla[2]. El viaje en busca de agua a veces dura un día si los pozos no están lejos y a veces se complica la búsqueda y tardan más de lo previsto.

    Nisha se quedó con el resto de la familia y los dos nietos pequeños, mi primo Ehmoidilat y Muhamiyu, mi hermano, que fue criado de pequeño por la abuela. Pasados varios días no llegaba errualla y el agua que tenía la abuela se había ido agotando, a pesar de la severa racionalización que ella llevaba, intentando ganar tiempo mientras regresaban sus hijos con el agua.

    Pero el calor y su irifi[3] de smayem[4] podían con los más intrépidos y cautos, especialmente durante esa estación del verano, deshidratando los animales y poniendo en riesgo a sus amos. Los dos niños no cesaban de llorar para que les diera de beber y ella intentaba calmarlos con sorbitos en un vaso de los pequeños con los que preparamos el té para que no se deshidrataran. Finalmente decidió enterrar a los dos pequeños debajo de su amsakab[5] porque allí no llegaba tanto sol y siempre guardaba un poco de humedad. (…)


    [1] Campos verdes con pastos y agua en el desierto del Sahara Occidental y Mauritania.

    [2] En la cultura saharaui, errualla es la misión de búsqueda de agua para la familia que realiza uno o varios hombres a lomos de camellos.

    [3] Vientos que soplan con aire caliente en los veranos desde julio a agosto.

    [4] Aparición en el cielo de unas constelaciones en el verano, donde el calor alcanza sus máximas temperaturas dejando inevitables víctimas entre los animales y las personas.

    [5] Montura femenina del camello. Cuando se acampa sirve de armario en la jaima para guardar comida y enseres.

    Fuente: Generación de la Amistad Saharaui, 15/04/2019

    Tags : Sahara Occidental, escuela coránica, costumbres, hábitos, cultura, tradición, desierto, agua, sequía,